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Pequeños deslices sin importancia

Nick Carter (se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo) y otras novelas


Mario Levrero


Debols!llo, 2012

ISBN: 978-84-9989-944-2


334 páginas


12,95 €


Prólogo de Ignacio Echevarría


Sara Mesa

Soy levreriana. No sé si alguien más ha usado esta denominación para hablar de los admiradores de la obra de Levrero, ese gran escritor imperfecto. Me rindo ante la extravagancia y la profundidad de El discurso vacío, ante la torrencialidad desordenada -y un poco mística- de La novela luminosa, ante el onirismo y el humor negro de la “trilogía involuntaria” (La ciudad, París, El lugar), incluso ante el delicioso divertimento que constituyen los microrrelatos de Caza de conejos. Sin embargo, este libro -un conjunto de tres obras menores del uruguayo- me ha decepcionado, y muy a mi pesar. En realidad, ya había leído previamente la tercera de estas novelas, Dejen todo en mis manos, que publicó hace unos años Caballo de Troya, y que es, con diferencia, la única que merece salvarse del lote. Las otras dos –Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo y La Banda del Ciempiés– son, en mi opinión, perfectamente prescindibles. Pueden leerse, claro que sí, pero desde luego no son un buen inicio para entrar en el universo de Levrero. Si yo hubiese empezado por ahí… no hubiera continuado después.

El motivo de reunir las tres novelas en un solo volumen es, según el sello editorial, que todas ellas suponen un guiño a la novela negra y que su hilo conductor son “las peripecias de tres protagonistas metidos a detectives improvisados”. Esto de los guiños a la novela negra tiene su lógica. Levrero las leía compulsivamente -de hecho, constituían el grueso de sus lecturas-, y su tendencia a la parodia y el humor hacen el resto. Pero eso no garantiza su éxito. Es frecuente en la narrativa de Levrero la aparición de personajes que de pronto se ven inmersos en mundos desconocidos, extraños, con reglas herméticas que los determinan sin que consigan averiguar por qué. En este sentido, la figura del “detective improvisado” es, de algún modo, una constante en su obra. La diferencia estriba en que Levrero se maneja mucho mejor con el material onírico (surrealista, en un sentido amplio del término) que con los tópicos de la novela policíaca. Es curioso comprobar que estas novelas fueron escritas entremezcladas con las de la “trilogía involuntaria”: La ciudad es de 1970, Nick Carter… de 1975, París y El lugar de 1980 y 1984 respectivamente, La Banda del Ciempiés de 1989…  Me arriesgo a lanzar una hipótesis para explicar por qué unas son tan buenas y otras tan… fallidas: Levrero -personaje disperso, neurótico, obsesivo, atormentado pero con un excelente sentido del humor, tendente al autobiografismo casi siempre- se involucró mucho más en la “trilogía involuntaria” (donde pueden rastrearse obsesiones y miedos personales) que en estas narraciones inmaduras, que más bien parecen una vía de escape (“freudiana”, he leído por ahí) para unos impulsos aventureros que él mismo no pudo vivir. Pero también puede haber más razones. Una de ellas es, sin duda, los lastres de la escritura por encargo (y en el caso de La Banda del Ciempiés, por entregas), algo que casi siempre resiente la calidad de cualquier escritor.

Con todo, cada novelita tiene su particularidad y merecen analizarse por separado. Nick Carter… es más alocada, a ratos realmente entretenida (es memorable el papel de Tinker, el ayudante del detective, que duerme en su maletín y tiene la costumbre de doblar cada papel cientos de veces). Sin embargo la historia resulta en exceso disparatada, casi un ejercicio adolescente de improvisación. Sin estructura ni sentido, parece haber sido escrita por pura diversión y sin más pretensión que hacer pasar el rato (más al autor que al lector). Los símbolos sobre espejos y dualidades están forzados: dan juego, pero poco más. La novela no está tan mal si se toma de manera aislada, pero sí en el conjunto de la obra de Levrero, que ya había demostrado años antes que podía escribir mucho mejor. Por su parte, La Banda del Ciempiés es la más insuficiente del conjunto: se hace pesada y aburrida, los chistes no siempre tienen gracia, la chispa levreriana no se encuentra por ningún lado. Además, la estructura seriada la hace repetitiva y lenta, con un estilo en el que no se reconoce en absoluto al autor. Rasgos curiosos como la violencia extrema y el erotismo desenfrenado no resultan aquí llamativos. En suma, muy menor. Por último, como dije al principio, Dejen todo en mis manos es la mejor de las tres: aquí vuelve a despuntar el talento del escritor, su capacidad de abocar a los personajes a situaciones absurdas, la gracia del lenguaje, la estructura en apariencia caótica pero en realidad bien medida. Novela menor pero digna, divertida, levreriana por derecho propio.

La conclusión es clara: a Levrero hay que leerlo, pero no merece la pena empezar por aquí. Los curiosos podrán hacerlo, eso sí, por un precio muy razonable -las tres novelas juntas cuestan prácticamente lo mismo que la edición aislada de Dejen todo en mis manos-. ¿No es un gran libro? No, no lo es. Pero a Levrero se le perdonan estos pequeños deslices sin importancia. Al fin y al cabo, los levrerianos somos incondicionales.

admin

10 Comments

  1. Vaya. Yo que hubiera estado a punto de comprar este libro sólo por la portada…

  2. Señorcete mío, el libro puede comprarlo por la portada y por la tercera novela. Pero si no ha leído aún a Levrero, compre mejor “El discurso vacío”. No hay señoritas en la portada, pero podrá usted imaginárselas, sin duda.

  3. Seis unos sinvergüenzas los dos.
    Si queréis carnaza, comprad el Interviú, por el amor de dios!

  4. Estimado señorcete:

    No intente usted desfacer entuertos, es inútil.

    Hay gente muy zafia por estos lares
    (y yo misma no me encuentro muy bien…)

  5. Hola Sara:

    Dejen todo en mis manos (Caballo de Troya) fue el primer libro de Levrero que leí, y me agradó. Es verdad que no es una obra maestra, pero es un lujo de novela menor. Tiene ligeros detalles surrealistas en una trama realista muy buenos.

    Luego leí la Trilogía involuntaria y La ciudad me gustó, París no me convenció (aunque me pareció demasiado pastiche kafkiano); y Lugar sí que me pareció una obra maestra.

    Luego leí El discurso vacío, que me resulto muy cercana e interesante. Dio la casualidad que, como el personaje, al leer el libro yo también estaba inmerso en una mudanza, y la conexión fue inmediata.

    Y lo que ya me conquistó del todo fue La novela luminosa. Libro al que creo que hay que llegar después de conocer algo de la obra de Levrero, y haberle cogido cariño.

    Como el de Nick Carter y el de La banda del Ciempiés no se editaban en España se los encargué a un amigo de Chile, y me llegaron en las ediciones buenas de Mondadori. Como tú dices, no están a la altura de las otras, pero su aire gamberro me gustó (todo muy César Aira, que ha bebido claramente de Levrero). Y me agradó leerlas. Pero, efectivamente no es un buen camino para empezar.

    Hace poco he leído El alma de Gardel, editado en Argentina, comprado en librería Iberoamericana. El libro que escribió justo antes de El discurso vacío: el libro de transición entre la etapa más surrealista y la más intimista. Es una pena que no se pueda comprar con facilidad en España, merece mucho la pena.

    Aún tengo en casa sin leer dos libros importados de Levrero: Todo el tiempo, formado por 3 novelas cortas, y los cuentos de La máquina de pensar en Gladys. Este año los leo.

    Me intrigó lo que escribiste sobre los microrrelatos de los conejos. Lo compraré cuando lea los dos que tengo.

    En breve cuelgo en mi blog la reseña de El alma de Gardel.

    Un escritor que tiene que ver con Levrero, y que quizás te interese es el argentino Elvio E. Gandolfo. La pena es que no es fácil encontrar sus libros en España salvo Dos mujeres.

    Siempre es un placer encontrarse con una levreriana.

    saludos

  6. Quisiera reconocer aquí el buen olfato que tuvo Mané García Gil y la colección Calembé, que se adelantaron a toda la ola levreriana por venir con la edición de ‘Algo pegajoso’ en 2007, bajo los auspicios del Ayuntamiento de Cádiz. ¿Veis como no todo el dinero público ha sido malgastado?

  7. Hola, David. Qué completo repaso a la obra de Levrero. Coincido contigo en casi todo… en especial en considerar como cumbre “La novela luminosa”, libro que sé que a muchos resulta tedioso, en exceso largo, pero que a mí sí me conquistó. “El alma de Gardel” y todos esos que nombras después no los conozco. Ya me dirás si merecen la pena.
    Y sí, Alejandro, algo he oído sobre esa edición de Calembé. De hecho recuerdo que un amigo me dijo una vez que me regalaría un ejemplar de “Algo pegajoso”, aunque después se olvidó de hacerlo, je je.
    Saludos a los dos, al Señorcete, al Papelote y a las demás marionetas del guiñol levreriano.

  8. Sara, quería anotar que los libros de la Trilogía involuntaria fueron escritos entre 1966 y 1969. El orden es La ciudad, El lugar, París. Las fechas de publicación confunden. En cambio Nick Carter sí que es de los 70, y la Banda de fines de los 80.

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