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Por el camino de Sedano

EDUARDO CRUZ ACILLONA | Con motivo de cumplirse el centenario de su nacimiento, 2020 celebra el Año Delibes, un cuidado programa de actividades y homenajes diversos secundados por diferentes instituciones como la Junta de Castilla y León, el Ayuntamiento de Valladolid (su ciudad natal), la Biblioteca Nacional, el Instituto Cervantes y, claro, la Fundación que lleva su nombre. Al frente de la coordinación de todos estos eventos se encuentra Jesús Marchamalo, periodista, escritor y gran conocedor de la figura y de la obra de Delibes.

Marchamalo venía publicando con la editorial Nórdica desde hace años una suerte de retratos literarios de diferentes autores y personajes literarios como Stefan Zweig, Karen Blixen, Frank Kafka o Virginia Woolf, todos ellos cuidadosamente ilustrados por Antonio Santos. Se juntaban, por tanto, todos los elementos posibles para que el autor retratado de este año no fuera otro que Miguel Delibes.

Y arranca Marchamalo esta semblanza en la infancia del autor, en el patio de su casa, cuando está a punto de comenzar su brusco aprendizaje de montar en bicicleta y la incertidumbre, como en la vida misma, de lo que está por llegar, sobre todo si no te han dado indicaciones claras acerca de esa maniobra siempre necesaria como es el frenar. Esa incertidumbre por el futuro la llevó Delibes hasta tal extremo que sus primeras colaboraciones como ilustrador en el diario El Norte de Castilla (del que acabaría siendo director) las firmaba como MAX: M de Miguel, A de Ángeles, su pareja, y X del desconocido futuro que podría esperarles juntos.

Tras la bicicleta llegó otro clásico del verano: aprender a nadar. En su caso, también de la mano de su padre y con una soga atada a la cintura para poder tirar hacia arriba en el caso de que lo de flotar no fuera algo tan sencillo como podría parecer. Luego vinieron el fútbol, los estudios de oposiciones…  Luego vinieron los paseos por el campo, la caza, el premio Nadal… Y Ángeles, su novia, su esposa después y su vida siempre hasta que, demasiado pronto, lo dejó solo.

Huele a verano este libro, a hierba húmeda y recién cortada, a tardes de silencio en el pueblo a la hora de la siesta, cuando su padre aprovechaba para leer el Quijote y sus carcajadas se escuchaban a través de la ventana.

Marchamalo escribe desde el respeto y desde el cariño, que son dos folios a los que nunca te enfrentas en blanco. Marchamalo ha recorrido, cotilleado, acariciado las bibliotecas de los grandes autores contemporáneos de este país y lo ha reflejado en un buen número de publicaciones (Bibliotecas de escritores, Tocar los libros, Donde se guardan los libros, etc…) Dice Arturo Pérez Reverte que él no tiene “ideología, yo tengo biblioteca”. Marchamalo habla con las bibliotecas como si se tratara de un hijo más del autor en cuestión, siete en el caso de Delibes. Son ellos, los libros y los hijos, los que cuentan, y él a nosotros, la cara oculta del folio del escritor.

Esta pequeña colección de semblanzas editadas por Nórdica, enriquecidas con sencillas y precisas ilustraciones, y dirigida a todos los públicos, es la forma más amable, más amistosa y más emotiva de acercarse a un autor y de empezar a conocerlo. En el mejor de los casos, si el lector y el autor ya son viejos conocidos, este breve texto de Marchamalo no deja de descubrir sencillas y tiernas intimidades, valga la redundancia, y convierten a la exquisita y mínima edición del libro en una pequeña joya, digna de figurar con pleno derecho junto a El camino, La sombra del ciprés es alargada, El disputado voto del señor Cayo, Un mundo que agoniza y tantas otras obras que nos dejó ese maestro del lenguaje que siempre será Miguel Delibes.

Ir en bicicleta, es lo que tiene, asegura que todo va a ir sobre ruedas.

Delibes en bicicleta (Nórdica Ilustrados, 2020) | Jesús Marchamalo | 64 págs. | 9,95€

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