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Por el camino, yo me entretengo…

Cronica JondaEDUARDO CRUZ ACILLONA | Antes de entrar en faena, vaya por delante que los conocimientos que un servidor tiene del flamenco se limitan a haber comido unas cuantas veces en la Venta de Vargas, en San Fernando (Cádiz) y a tener a La leyenda del tiempo como el mejor disco de heavy rock de su colección. Qué ricas, por cierto, las tortillitas de camarones de la Venta (soy consciente de que esto no es una reseña gastronómica, pero es plato que no puede dejar de mencionarse cuando se habla de la susodicha Venta). Y qué cara la de la pareja de japoneses, fruto de la indiscreción de uno de los camareros, cuando se enteraron de que en mi mesa había reservada una silla para Montero Glez… Y qué cara la mía cuando, ante la ausencia de última hora de Roberto por cuestiones médicas, la espalda en aquel momento, los japoneses me pidieron que fuera yo quien les firmara su Manteca colorá… Pero eso es otra historia.

Para un servidor, añado, sus conocimientos de flamenco llegan hasta afirmar que las alegrías no son tanto uno de los palos equiparables a las seguiriyas o a las soleás como unos pimientos rojos riojanos más picantes que la media…

No obstante, y en su defensa, también un servidor quiere dejar constancia de que ha sido testigo emocionado de una actuación en directo de José Tomás. No del torero en la Maestranza, plaza de toros de Sevilla, sino del guitarrista cordobés en el Maestranza, teatro de Sevilla al que apenas separan unos cien metros de la anterior y en lo que a intensidad y profundidad de los silencios puede competir con la homónima de igual a igual.

Con este curriculum me dispongo a leer Crónica jonda, el libro que firma Silvia Cruz Lapeña, que no es mi prima, y que se presenta en la contraportada como una road movie, que no lo es, y que tiene como ilustración de portada algo que bien podría haber pasado por carátula de un disco de Martirio que se llamara no Crónica Jonda sino Coplas Cachondas. Sólo tras haber leído el libro, y en concreto uno de sus más íntimos capítulos, uno reconoce que no podía existir mejor portada que ésta.

Silvia Cruz Lapeña es periodista y autónoma, por lo que no sería de extrañar que su palo flamenco preferido fuera el quejío. Y sin embargo ella presume de oficio y de situación. Capaz de expresarse en Sevilla por malagueñas y de combatir al miedo a la incertidumbre disparando saetas, reivindica el periodismo, sobre todo el pagado justamente, esa especie en extinción, y la cultura, sobre todo pagando un IVA decente. Pero ante tantas y tantas injusticias, en vez de colgarse el hashtag #JeSuisCharlie, ella prefiere escuchar a Pericón de Cádiz:

Están puestos en balanza
Dos corazones a un tiempo
Uno pidiendo justicia
Otro pidiendo venganza.

Podría tildarse a Crónica jonda de libro de crónicas, obvio, pero también de diario íntimo mezclado con una ilustrada y bien documentada recopilación de artículos sobre el flamenco. O con la excusa del flamenco. En todo caso, una sucesión de capítulos, cuyo arranque es un magistral homenaje a Paco de Lucía, que le llevan al lector a ciudades tan dispares y flamencas como Barcelona, Madrid, Sevilla, Ámsterdam, La Unión o Jerez. Ciudades en las que, con la excusa del flamenco, la autora canta su visión del mundo. Arriesgada y locuaz, no duda en tirarse a la piscina de los tejemanejes de los concursos, de los malos tratos, de la discriminación, de la política, de la educación intergeneracional (su abuela, ay su abuela…) y de todo aquello que pueda suponer una onda expansiva a partir de un taconeo sobre el tablao de la actualidad. De la crónica denuncia a la crónica sentimental sólo cabe el camino de la crónica jonda, un estilo periodístico en el que la autora ha demostrado que se mueve con especial soltura. Llámalo duende, llámalo oficio.

Seguro que hubo mucha gente que se interesó por el mundo de los toros leyendo las crónicas de Joaquín Vidal. Seguro también que hubo mucha gente que dejó de ir al cine leyendo las críticas de Carlos Boyero. Y aplicando una sencilla regla de tres, seguro que habrá gente que, tras leer este libro, vaya a Spotify y busque sin miedo y con curiosidad el cante de Curro de Utrera, de Rancapino o de Agujetas. O trate de localizar en YouTube aquella actuación de Tomasito en la que, al salir al escenario y ver a todo el mundo sentado, serio, expectante y formal, se puso a cantar… números (“El 22, los dos patitos. El 15, la niña bonita”…) como si estuviesen en un bingo.

Precisamente, un servidor echaba de menos leyendo el libro una lista en Spotify con las canciones del mismo. Hasta que descubrió que la autora había colgado en la red no una sino tres listas. No hay, pues, excusa para no disfrutarlo y, ya de paso y por el camino, entretenerse.

Crónica jonda (Libros del K.O., 2017), de Silvia Cruz Lapeña | 216 páginas | 15,90 euros

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