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Qué cara

978191085696ILYA U. TOPPER | La historia podría ser la típica: una muchacha, la narradora, a la que no cuesta imaginar similar a la propia autora, se marcha de su pequeña ciudad de provincias a la gran Londres, encuentra trabajo, piso, una vida cultural interesante… y en algún momento dado se da cuenta de que está solitaria. Se dispone, pues, a ligar, e enamorarse, a echarse novia o novio, según salga. Pero sale fatal, a corto o largo plazo. Porque la muchacha tiene un problema gordo: carece de cara.

Lo digo en sentido literal. Tiene un cuerpo bien formado, algo aniñado, abundante pelo negro, piernas preciosas, pero no tiene cara. Los niños lloran en el metro cuando la ven. Su entorno de amigos y colegas del trabajo está acostumbrado: la llaman Face. Precisamente porque no tiene.

No siempre fue así: la fue perdiendo durante la adolescencia, sin darse cuenta casi. Pero es una putada: ¿cómo te puedes hacer un perfil en las redes sociales si no tienes cara? ¿Pruebas con maquillaje? Experimento arriesgado. Y es en las redes sociales donde se liga hoy día. Doy fe.

Rosario Villajos nos pide que nos tomemos en serio su planteamiento: no tener cara (y las posibles evoluciones y contagios que surgen de ahí: no voy a contarlos: lo tendrán que leer ustedes) aquí no es una metáfora, algo a entender en un sentido figurado. Es un hecho real e incluso un poco banal. Salvo si te importa, claro, porque entonces no paras de sufrir.

No sé si el argumento funcionaría en una novela escrita, pero con el trazo ligero, seguro y fresco de Rosario Villajos funciona. Un trazo y un desarrollo gráfico altamente profesional para una primera novela gráfica. No debería sorprendernos: la autora lleva una década trabajando como dibujante y no ha cometido el error de lanzar una primera obra sin dominar aún la técnica. Y con técnica no digo solo el trazo, la capacidad de dibujar un rostro, los rostros de los demás, sino también el dominio del espacio, la habilidad de jugar con viñetas pequeñas y otras que cubren doble página, el dibujo a rotulador fino, el ocasional brochazo claroscuro y la plancha a todo color. El amor a los detalles: ese gato a punto de llevarse la raspa del pecado, esas bragas tiradas por el suelo, esos carteles de exposiciones al fondo. También esos guiños al estereotipo (la nube rosa, el nombre de la amada convertido en mundo al que darle vueltas, el yo marioneta de una misma). Se le antoja a uno un despliegue artístico más variado, con más ganas de jugar, que incluso lo que encontramos entre las grandes del género, como Marjane Satrapi o la joven maestra Zeina Abirrached. En todo caso, es con ellas con quien hay que comparar.

También funciona el lenguaje, breve, conciso y con el toque justo de tomarse una solo medio en serio. Eso sí, sorprende un poco la autocensura: ¿qué co…. le pasa a Face para decirnos que Peter estaba siempre dispuesto a… eso…, por qué hasta Tinder se emborrona cuando un ligue pregunta si tiene plan de xxxxxxxxx? ¿Demasiada influencia de Facebook en Face?  O quizás demasiado Londres, pienso ahora.

Lo que sí nos gustará es la naturalidad de ciertas cosas: que a una le gusten las chicas -sin que por eso deje de meterse en una historia con un chico- no es parte de la trama, del nudo, del problema. Es simplemente algo normal, como corresponde a nuestro siglo XXI, por fin.

Hay quien le buscará un sentido más profundo a la novela. Se preguntará por ejemplo si eso de perder la cara en la adolescencia será la culpa de Papá Noel, y si aquí tenemos una subliminal referencia a abusos infantiles. Si los perros significan una cosa y los gatos, otra. Yo no iría tan lejos, aunque sí pienso que los vaivenes del extraño fenómeno que padece Face (lástima que no pueda ser más explícito, pero no pienso contar la novela: descúbranla) son una consecuencia de esa necesidad de unos y otros de pegarse a la pareja. De pegarse al concepto de pareja como escudo contra ese vacío amenazante de la soledad.

Porque lo que realmente nos cuenta la Face de FACE, es que si una no tiene cara, le pasan exactamente las mismas cosas terribles (la soledad, la nube rosa, la ruptura, el dolor, más soledad) que a todos los demás. Tanto que ya no sé si lo de no tener cara realmente tiene que ver. Quizás FACE no vaya en absoluto de no tener cara. O quizás todos seamos Face. Esperen un momento, que voy al baño a mirarme en el espejo.

FACE (Ponent Mon, 2017) de Rosario Villajos | 86 páginas | 12 €

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