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Querido diario

raise-high-the-roofbeamJOSÉ MARÍA MORAGA | Querido diario:

21 de octubre de 1955

Como dijo Luis XVI, “Hoy nada” y como dijo Franz Kafka, “por la tarde fui a nadar”.

¡Ah! Casi se me olvida, recibo carta de mi corresponsal en los Estados Unidos de América, el bueno de Raymond Pineapple. El Pineapple es un tipo colosal, en una ocasión le envié por correo una bolsa de pipas y desde entonces no puede pasar sin ellas (si él supiera que la costumbre de devorar semillas de girasol la cogimos los españoles de los rusos que vinieron a ayudar a los rojos durante la Guerra…). Te tengo que hablar más sobre Raymond Pineapple, dice que encuentra gracioso a nuestro Caudillo, tanto que está pensando escribir una novela cómica sobre su figura. ¡La monda este Pineapple! Él suele pasar su tiempo entre afeitarse, beber güisqui y escribir novela detectivesca, como su tocayo Chandler.

La carta de Pineapple no podía ocultar la excitación tras haber leído -en primicia- lo último de J(erome) D(avid) Salinger, autor neoyorquino de obras inquietantes. Al parecer, la fama se la dio su primera novela, The Catcher in the Rye, de hace cuatro años, que trata sobre un adolescente rebelde y que abunda en lenguaje obsceno, constituyendo un verdadero escándalo en los Estados Unidos (dudo mucho que algo así llegue a publicarse aquí, sólo nos faltaba ese ejemplo para la actual juventud española, bastante revuelta ya con Los Xey o Pérez Prado y su orquesta…). Desde entonces, este Salinger viene publicando sus cuentos en revistas como The New Yorker, tan diferente a las que solemos encontrar por estos lares, y que cuenta con una merecida reputación como escaparate de las mejores plumas y máquinas de escribir norteamericanas. Por lo visto, nueve de estos cuentos fueron recopilados en forma de libro y contribuyeron a aupar a Salinger como maestro del género, estatus que revalida -dice Pineapple- en su más reciente entrega. En palabras de mi amigo: “Qué cabrón, Salinger. Se las ha arreglado para meter en un coche a cinco personas durante más de veinte páginas.

1955_11_19-400Yo no sé qué interés o qué mérito puedan tener tantos personajes dentro de un automóvil pero según mi corresponsal el cuento, titulado algo así como “Levantad, carpinteros, la viga del tejado”, verá la luz en el número de The New Yorker del próximo 19 de noviembre y

aclara algunos aspectos de la interesante y tormentosa vida de Seymour Glass, ese personaje que se quitaba la vida en “A Perfect Day for Bananafish”, relato de curioso título que harían bien en estudiar con atención los muchos aspirantes a escritor. No te importe que te desvele estos pormenores porque no creo que esto se publique en España, y es una lástima.

¿Pues no resulta que este tal Seymour (cuyo nombre y la expresión inglesa “ver más” son homófonos al parecer) es una suerte de niño prodigio como nuestro Joselito? En su caso, los talentos que posee no son la actuación y el canto sino que se trata de un erudito infantil, estrella de la radio y apasionado de las filosofías orientales, incluso profesor universitario a muy temprana edad. Pero toda esta inteligencia y sensibilidad no le evitan determinados comportamientos estrafalarios, como dejar plantada a su novia en el altar el día de su boda, acontecimiento crucial de este cuento “Raise High the Roof Beam, Carpenters” que el amigo Pineapple tan encarecidamente alaba. Deja plantada a la novia, lo que desencadena la larga escena del coche y otra en un apartamento, plagadas de la indignación de algunos invitados por parte de la chica, pero al final los novios terminan “fugándose”, porque a su manera él la quería.

El narrador, hermano menor de Seymour, también estrella radiofónica infantil (como toda la familia, que son cómicos) rezuma nostalgia hacia su hermano ya muerto. El cuento se sitúa en 1942, en plena Guerra Mundial, y dice mi amigo americano que pese a todas estas cuestiones aparentemente tristes Salinger despliega un extraño pero efectivo humor, una mirada inteligente capaz de convertir el más insignificante detalle en algo solemne. “Un cuento tan bueno que merecería ser publicado en libro”. Mi amigo añade algunas reflexiones más de su cosecha:

La lectura de este relato me ha hecho reflexionar acerca de la proyección de Salinger, esta estrella ascendente de nuestra literatura cuya carrera -por fuerza- no ha hecho más que comenzar y o mucho me equivoco o su rostro se convertirá en un fijo de nuestro circo literario: portadas, entrevistas, recepciones… como ese Truman Capote de apellido tan taurino, al que no sé si conoces. (…) La figura de Seymour, tan enigmática, tan chocante, a veces inexplicable, daría para muchas novelas o al menos merecería protagonizar un cuento más, algo así como “una introducción” al personaje. A otros miembros de la familia Glass también me gustaría verlos en nuevas obras, ¿por qué no soñar con relatos sobre las vidas de los hermanitos Franny o Zooey?

Recibo noticia entusiasta de un cuento que porque no sé inglés y no se publicará en España probablemente nunca leeré y no consigo evitar que me embarguen la envidia y la impotencia. Me quedan tantas dudas, cosas que preguntaré a Pineapple en mi próxima carta, por ejemplo, ¿de dónde sale el extraño título del relato? Si la literatura de Salinger es tan buena, ¿por qué debo perdérmela? Es posible que con el paso del tiempo, dentro de varias décadas tal vez, este autor siga publicando y algún editor valiente se atreva a sacar sus libros en España. Tal vez sea dentro de varias décadas, cuando aquí hayan variado las circunstancias políticas y dejemos de estar aislados culturalmente (no creo que el Régimen de Franco vaya a durar cuarenta años, ¿no?) y sé que me juego el cuello escribiendo esto pero, ¿qué le queda a un hombre si no puede expresar por escrito sus pensamientos y anhelos más íntimos? Querido diario, permíteme que sueñe con una España nueva, democrática, en la que sin lugar a dudas la educación de la juventud será la cuestión de más importancia para los gobernantes, sobre todo si son de izquierdas.

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