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Ser madre hoy

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¿Dónde está mi tribu?

Carolina del Olmo

Clave intelectual, 2013

ISBN: 978-84-9407-414-1

232 páginas

15 €

 

 

Carolina León

La reciente victoria de la «Marea Blanca» (paralización del plan de privatización de 6 hospitales por parte de la Comunidad de Madrid) me ha traído a la memoria una pancarta que estuvo colgada en el Hospital de La Princesa: “Queremos cuidaros a todos”.

Nuestra sociedad da la espalda a la centralidad de los cuidados, qué se le va a hacer”, escribe Carolina del Olmo. No es habitual pensar o plantear la maternidad desde esa afirmación. La que es madre cuida, como condición anterior o como resultado de la organización social; el que tiene un hijo tiene una obligación, o bien tiene un problema: para intentar continuar haciendo “su vida” con el añadido de otro ser. Pero no está solo, porque dispone de un arsenal de expertos que lo van a guiar, preparados para dar argumentos y teorías, dispersas en miles de libros y, a menudo, contradictorias entre sí.

Este es, ‘grosso modo’, el planteamiento desde el que se escribe ¿Dónde está mi tribu?, una reflexión e investigación en torno a la “maternidad” y la “crianza” situada en este momento y este espacio, nuestras sociedades individualistas y capitalistas del “primer mundo”. ¿Un manual más para las madres? Voy por partes.

En cierta medida sí: este libro es una investigación minuciosa que induce a la cordura (o la sensatez) en la aplicación de los distintos estilos de crianza para nuevos padres. Una confrontación detallada de las tendencias que arrojan esos manuales, por un lado los partidarios de la “crianza con apego” (la corriente que triunfa en últimos años), por otro los afines a oponer desde el principio disciplina y normas, para conseguir por ejemplo que el niño se acostumbre a dormir solo, con pautas parecidas a las del adulto.

Quien ha sido madre, en fechas más o menos recientes, seguramente sabe que no hay aspecto de la fase de gestación, del parto o de los primeros años del desarrollo del crío que no reciba kilómetros de consejos -hemos mencionado los manuales de “autoayuda”, pero abundan también en la “blogosfera” sobre maternidad y crianza, así como en foros donde cada una tiene una “receta” infalible-. Intentar encontrar una senda mínimamente derecha en ese proceloso mar es una tarea casi imposible, y madres y padres terminan abrazando, con convicción o cansancio, algunos de esos consejos. Lo que hace el ensayo de Carolina del Olmo es desmontar buena parte de las “obligaciones” incrustadas en estos, así como la “ilusión” de que muchos están basados en supuestos “estudios científicos”.

Pero hace algo (y más que no llegaré a reseñar aquí, pues su alcance es bastante más ambicioso de lo que aparenta): desbroza el camino para crearnos / creernos que podemos dejar de entender la maternidad / paternidad como una gesta solitaria, aberrantemente individualista, planificada al milímetro para adaptarse como un guante a las necesidades de uno o una mismo.

Hace algo más. Este ensayo, dice del Olmo, “es un intento de comprender los cuidados y la dependencia mutua no sólo como una manifestación de fragilidad, que nos obliga a ayudarnos, sino también como un escenario de realización personal y social” (20). Éste es el verdadero salto cuántico que realiza la autora, que aleja este libro de las estanterías de la sección de “maternidad” y lo acerca a los ensayos de “política”, aunque mucho me temo que no hay en el estado español un librero que se atreva a situarlo al lado del último ensayo de Juan Carlos Monedero (o sí).

Hablar aquí y ahora de la centralidad de los cuidados en nuestras vidas es un acto político tan contundente como “presentarse a unas elecciones”, pero es un guante difícilmente recogible -e incluso entendible- por muchos. Una de esas apuestas que no se encuentra ni con el aplauso ni la expectación de otras (ensayísticas, novelísticas) que se presentan abiertamente políticas. Del Olmo escribe este ensayo desde la maternidad y la crianza a través de reflexiones sosegadas, y argumentadas bastante a conciencia, y tiene un lector “modelo”: el nuevo padre / madre que se enfrenta a la avalancha de literatura sobre la “crianza” que, desde un sitio o desde otro, le deja toda la responsabilidad a ellos dos. Haz esto o lo otro para que tu hijo sea aquello o lo de más allá. Tal cual hace cualquier manual sobre “realización personal” o “emprendimiento” o incluso “ser exitoso en las relaciones”. La pregunta detrás de todo esto es: ¿criar a un hijo es exclusivamente un compilado de decisiones individuales y a nadie más que a mí misma se me pueden pedir responsabilidades?

Más que pedir responsabilidad a “la sociedad”, la apuesta de este libro es sugerirnos a todos que entendamos que no se cría a un hijo para, al cabo de 3 u 8 o 18 años olvidarse para siempre de lo que era cuidar o ser cuidado. Que los “malvivires” que muchas madres experimentamos no son consustanciales a la maternidad, sino un cúmulo de situaciones de intemperie en los que resistimos, merced a la desintegración de las redes de afinidad y familia cercana, al desmantelamiento del saber tradicional, así como de la asistencia social garantizada; merced la individualización del problema de la “crianza”, en último término, tutelada desde lejos por docenas de puericultores, pedagogos y psicólogos. “Es tu decisión, tú te las arreglas”, nos dice la misma sociedad, que dice (por favor que no volvamos atrás) que debemos ser madres en cualquier circunstancia.

Tener un bebé implica, sin duda, una cierta limitación de las opciones vitales” (41), algunos dirán frente a esta afirmación que, mucho más, implica dejar para siempre aspiraciones o sueños. Dar la vuelta a la propia vida. Frente a esto está el otro discurso, el que dice que «tener un hijo te realiza como persona». Pero, más allá de lo personal, reintegremos la palabra “cuidados” en nuestro vocabulario y revisemos si realmente somos tan autónomos e independientes como hemos crecido creyendo. Sería interesante pensar qué sucederá cuando lleguemos a viejos y no tengamos red asistencial de ningún tipo.

La reflexión nace y parte de los niños, porque Del Olmo así lo ha decidido y porque hay pocos terrenos en los que la injerencia experta sea tan total y tan poco cuestionada. Al aportar ejemplos y testimonios de diversas madres a lo largo del libro, a menudo me solivianta lo que parece una crítica a las decisiones que han tomado algunas de éstas, optando por una u otra tendencia, por criar más apegadas o menos. Como experiencia, la maternidad está arrinconada en la amplia esfera de las decisiones individuales, equiparable en todo a broncearse en un solarium o teñirse el pelo de colores.

Mientras que el cúmulo de literatura sobre crianza se refiere casi en exclusiva a las madres, poniendo sobre sus hombros toda la responsabilidad de lo que suceda a continuación, a veces con este ensayo tenía la misma sensación. Sé que Del Olmo apunta en una dirección distinta, señalando no sólo que toda la sociedad debe implicarse por igual en estas tareas, como que todos somos «dependientes» en alguna medida. Pero resulta extremadamente complicado reivindicar la vulnerabilidad e interdependencia de todo ser humano desde la experiencia de la maternidad. Eso es el reto. “La experiencia de la maternidad tiene la capacidad de reconciliarnos con la base misma de las decisiones éticas”, dice (p. 115). Pudiendo afirmar algo muy parecido, es ésta una experiencia complicada de compartir con una buena parte de la humanidad, si partimos de bases biológicas (o experienciales), en nuestras sociedades capitalistas e individualistas.

En mi opinión, hay muy poco de “ser madre” que realmente no sea compartible. Argumentando en grueso, creo que el parto y la lactancia y ya está; existen demasiados ejemplos de maternidades entregadas en los que no existió ni uno ni otra. Existen padres que abrazan su paternidad en soledad. Puede que, en verdad, pocas experiencias haya a disposición del ser humano más transformadoras que la de la maternidad, pero como tal concepto hemos de sacarlo de los hogares burgueses y la familia nuclear, así como del ámbito de las decisiones personales -que tomas sola y apechugas-.

Este ensayo es revolucionario en su contexto, como he venido diciendo, por su apuesta sobre otra forma de pensar los cuidados. Pero al mismo tiempo estoy convencida, como estoy viendo cada día alrededor, que entenderlos (esa declaración “queremos cuidaros a todos” que citaba arriba) no pasa necesariamente por tener seres pequeñitos o viejitos a cargo. Eso es mucho, pero quiero pensar que no imprescindible para esta gesta. El libro de Del Olmo es quizá para ser leído por aquellos que ni en sueños quieren ser padres. Quizá.

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