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Serpientes soviéticas

bulgakov_huevos_cubierta_hdLUIS MANUEL RUIZ | La omnisciente Encyclopedia of Fantasy de Clute y Grant dedica una entrada a la obra de Mijail Bulgákov, lo cual, a pesar de tratarse de un diccionario de ficción fantástica, prospectiva o de terror, no debería sorprender a nadie: si bien el autor soviético tocó todos los palos de la baraja y se dio a conocer mayormente con grandes frescos de costumbres o crisis históricas (ahí está su soberbia La guardia blanca), es recordado sobre todo por haber firmado uno de los títulos clave del siglo XX, El maestro y Margarita, donde nada menos que el mismísimo Belcebú, encarnado en un señor discreto llamado Voland, visita el Moscú bolchevique y arma el mayor lío que se recordaba desde que el Kremlin cambió de color. La adscripción de Bulgákov al género fantástico podría parecer casual: de no ser porque, aparte de su obra maestra (valga la redundancia), produjo otros estimables ejemplos de lo mismo a lo largo de su carrera, según testimonia este Los huevos fatídicos.

Igual que en su obra señera, lo que menos interesa al autor es la verosimilitud o la lógica interna, aun fantástica, de su fábula. En el caso de Margarita, la presencia del diablo en la Rusia post-zarista constituye tan solo un pretexto para una continua sangría de personajes y situaciones diversas, donde se retratan, con una crueldad y un sentido de la observación casi microscópico, las diversas miserias de los distintos estamentos sociales y las instituciones que los alimentan. Algo similar sucede en Los huevos fatídicos. Si bien en este caso la premisa fantástica inicial es de orden científico y no mágico (pero ¿son distintas en el fondo?), el resultado se revela análogo: un recorrido disparatado, agudísimo, descarnado y festivo por los principales subterráneos del sistema soviético y los pobres hijos de vecino, comisarios, verduleras, leguleyos, conserjes que los habitan. El mundo de Bulgákov es un lugar de trazos extremos, de marcados contrastes cromáticos, sostenido por una prosa expresionista y muy visual que recuerda, ineludiblemente, al Eisenstein del postrero Iván el Terrible. La comparación, creo, no es baladí: igual que Eisenstein, Bulgákov gozó de la benevolencia del Padrecito Stalin y vio impulsada y sostenida su carrera por éste hasta que topó con su bigote. El último gran filme del primero nunca llegaría a la pantalla; la novela final del otro vería la luz sólo treinta años después de su muerte.

Los huevos fatídicos nos presenta al profesor de zoología del Instituto Estatal nº 4 de Moscú, Vladímir Ipátievich Pérsikov, una criatura patética enfrascada en sus investigaciones sobre los batracios que un día, por puro azar, descubre un rayo prodigioso que aumenta el vigor y la fecundidad de una población de ranas. Cuando, difundido a los cuatro vientos por una propaganda sin escrúpulos, su invento caiga en las manos del cuerpo político, el embrollo estará garantizado: la cosa acabará con media Unión Soviética invadida por serpientes del tamaño de oleoductos y un ejército movilizado frente a una amenaza casi peor que la que, ay, vendrá a golpearla casi veinte años más tarde (la novela fue escrita en 1924). Si bien la contraportada emparienta el argumento con clásicos de la ciencia ficción soviética como Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, o distopías obligatorias del orden de 1984, de Orwell, creo que su orgía de imaginación desatada, casi folletinesca, unida a la exuberancia del estilo y la excelente mala leche que respira la hacen más afín a los deliciosos desvaríos de Vonnegut o a ese otro pilar del futurismo europeo, menos citado de lo que se debiera, La Guerra de las Salamandras, de Karel Čapek.

En fin: Nevsky vuelve a poner al alcance del lector medio los clásicos y no tan clásicos imprescindibles de la literatura eslava, en una traducción esmerada y un libro, materialmente hablando, que da gusto tener en la mano y enseñar a las visitas. Quede aquí expresa mi admiración por su diseñador de portadas, Zuri Negrín, que en esta ocasión ha vuelto a superarse, y lo tenía difícil.

Los huevos fatídicos (Nevsky Prospects, 2016) de Mijail Bulgákov154 páginas | 16 € | Traducción de Marta Sánchez-Nieves

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