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Set the boy free

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JUAN CARLOS SIERRA | Una vez que terminé de leer las memorias de Johnny Marr, me pregunté por la pregunta –valga la redundancia- que da título al volumen: ¿Cuándo es ahora? Si uno se para a pensarlo, la cuestión en cuestión –valga otra vez la redundancia- podría llegar a tener su miga entre filosófica, metafísica, existencial, cuántica,… En cualquiera de los casos, probablemente debido a mis limitaciones intelectuales, no acertaba a verle el sentido que guarda la interrogación que encabeza la obra con las casi cuatrocientas páginas que me había metido entre pecho y espalda. De modo que me fui a echar un vistazo a las primeras hojas, las que contienen los aspectos legales del volumen, para ver si el título original se correspondía con esta traducción y ¡oh, sorpresa! nada tenían en común. Como tantas películas cuyos títulos en español ni remotamente se asemejan al original, lo reinterpretan libremente o, en los casos más sangrantes, incluso boicotean la trama del film –mi favorita en este sentido es La semilla del diablo, en inglés simplemente Rosemary’s baby-, en el caso del libro que nos ocupa creo que también su encabezado en inglés Set the Boy Free o una traducción más o menos literal nos habrían dejado más que conformes, por aquello de la total sintonía entre esta expresión y lo que el autor quiere explicar.

Porque por encima de otras consideraciones, en su mayoría musicales como es de esperar en uno de los guitarristas más importantes del último tercio del siglo pasado y de lo que llevamos de este; por encima de anécdotas, de noches sin dormir, de viajes de todo tipo, de ciudades, de colaboraciones, de bandas y, por supuesto, de The Smiths, lo que late al fondo del relato de Johnny Marr es la necesidad que siente el personaje desde su más tierna infancia de hacer lo que le dé la gana. Pero este dejar al chaval que sea libre no se refiere a la simple satisfacción de la volubilidad de los caprichos de un niño mal criado, sino a lo que apuntaba Fernando Savater en su libro de 1991 Ética para Amador, es decir, a tomar libremente decisiones acerca de aquello que realmente te apasiona, responsabilizarte de ellas y llevarlas hasta sus últimas consecuencias.

En el caso de Johnny Marr la vocación y la pasión por la música aparecen no se sabe muy bien porqué en forma de guitarra de juguete, según se cuenta en el primer capítulo del libro. Todos los días, el pequeño John pasaba con su madre por Emily’s, la tienda de la esquina, donde se paraba extasiado a contemplar una guitarra que finalmente sus padres decidieron comprársela “… y desde entonces me resulta imposible imaginarme sin una cerca”. A partir de ese momento, cuenta el guitarrista de Manchester, ha tratado de hacer por su cuenta y riesgo la vida que ha soñado, que se desarrolla a su vez en esa parcela de libertad que proporciona considerarse un outsider, como queda claro en el primero de los Apéndices que cierran el libro, una conferencia dictada en la Universidad de Salford titulada “Siempre desde afuera: disidentes, innovadores y cómo construir tu propia arca”. Su obsesión por innovar, por no repetirse, por salirse de los circuitos trillados es sin duda el magma del que surge todo, el leitmotiv de toda la carrera musical de Johnny Marr o, al menos, así se interpreta a sí mismo el autor en sus memorias.

Esa conciencia de artista -de artesano diría más bien- vocacional, autoexigente, inquieto,… habría que buscarla también en su infancia, al igual que esa primera guitarra de la que parte todo. En la página 28 se narra el trato que le propone al pequeño John Martin Maher una de sus maestras, la señorita Cocane, consciente de las inquietudes musicales del chico y de las limitaciones de la institución escolar, pero sobre todo esta profesora le deja claro qué significa ser artista: “Pero no es sencillo. Tienes que trabajar muy duro”. Estas palabras suponen toda una revelación para el futuro Johnny Marr. Hay profesores que sin saberlo marcan con un comentario la vida de un chaval de extracción obrera que tiene todas las papeletas para quedarse sepultado bajo la política despiadadamente neoliberal de Margaret Thatcher. Y aunque no lo diga así de literal Johnny Marr en sus memorias, creo que este es el breve homenaje que le rinde a quien le pudo salvar la vida.

Steven Morrisey, los días de miel y rosas, la conciencia de estar haciendo algo grande, el vértigo de cinco años de éxitos ininterrumpidos y un final que con los años se alargaría más de la cuenta con pleitos, encuentros, desencuentros y todas las disquisiciones periodísticas alrededor de una de las bandas más importantes del pop británico. Ahora bien, aquí tenemos la versión de Johnny Marr, que trata de salvar en su narración compasiva incluso a quienes pusieron, según su versión, más palos en las ruedas. Habría que leer para contrastar, no obstante, la Autobiografía de Morrissey que publicó también la editorial Malpaso.

El asunto ‘smitheano’, todo lo referente a los procesos creativos desarrollados por Johnny Marr a lo largo de su carrera, su compromiso con la música, es decir, consigo mismo y con la realidad, resultado de su actitud libérrima ante la vida –al menos desde su punto de vista- son los aspectos más atractivos de un libro que a ratos se lee con cierta dificultad por la falta de nervio narrativo, de tensión, de pulso en un relato muy lineal; incluso cuando la prosa alza el vuelo y el guitarrista se pone lírico, se transitan lugares comunes que no benefician en nada al pasaje. Se ve que el don de la escritura no se encuentra entre las virtudes de Johnny Marr –bastante tiene con las cuerdas de la guitarra-. ¿O será cosa de la traducción? ¿Cuándo es ahora?

¿Cuándo es ahora? (Malpaso, 2018), de Johnny Marr | 396 páginas | 29,50 euros | Traducción de Ezequiel Martínez Llorente

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