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Tras las novelas

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MANOLO HARO | La realidad es una revelación. Sin un Dios que entregue la palabra para verterla en un libro, sólo nos queda lo de ahí fuera; acallado el aleteo de las musas (hálito artístico para vates y rapsodas), la realidad inmediata se convierte en el caldo de cultivo para la observación y el análisis. Los novelistas acostumbran a transfigurarla en sus ficciones: la heroína tendrá la voz de una conocida, el hirsuto pelo de una prima, los cruzados pasos de una periodista que socavó la paciencia del entrevistado a fuerza de preguntar sobre el futuro de la ficción. Barro que se moldea al antojo del alfarero, pero siempre arcilla tomada del lecho del mundo que nos asiste. ¿Qué ocurre cuando el alfarero no le da vueltas al torno, sino que indaga en las grietas del bloque que sitúa ante sus ojos? La respuesta se podría encontrar en lo que el novelista Martin Amis ha ido creando en los diferentes reportajes que conforman El roce del tiempo, suerte de análisis literario a veces, a veces meramente periodístico, de la realidad que le ha preocupado o simplemente ocupado desde 1986 hasta 2016, años en los que el inglés se ha ido sumergiendo en la vida norteamericana como vecino de New York y ha seguido los pasos de mitos vivos o muertos, personalidades del momento, políticos y literatos. La suerte de recoger estas monedas de oro a las que Amis clava la dentadura (postiza, como narró magistralmente en Experiencia) es la de asistir a un desfile de carnaval. Incisivo, lírico, escéptico, sugerentemente mordaz, el Amis que repasa el mundo de fin de siglo y el comienzo del siguiente es un hombre que va de los 37 a los 67 años, mostrando los frutos de su madurez y magisterio hasta ir puliendo no tanto la prosa como la mirada, una mirada que sube al olimpo canónico de sus admirados Bellow-Roth-Nabokov y baja a las finales de la Champion Ligue, a las calles del Cali más inhumano, a la vida de Dieguito Maradona y al porno gonzo californiano, entre otros muchos diferentes asuntos.

Siempre hay que agradecer estas compilaciones de artículos en provincias: The New York Times Book Review, Vanity Fair, The observer, The New Yorker, The Guardian, The Wall Street Journal, The Independent han ido recogiendo lo que este Amis, de la madurez a la vejez, ha compuesto para las citadas cabeceras. Si luminosos son estos reportajes y artículos, algunos de los post scriptum elaborados años después por el inglés para esta edición añaden a esa mirada un melancólico resuello, como si se tratara de un autoajuste de cuentas con lo escrito que viniera a culminar el trabajo. Aquí no hay pomada; hay disparos descarnados. No hay filtros: el ojo ve, lo transforma estilísticamente y lo muestra con una prosa que saja lo que toca. A Trump únicamente se le puede desnudar desde la ironía aplicada no al personaje sino a su principios. El hombre Trump es tan imbécil que colocarlo bajo la lupa del presente sería más o menos como una conversación de bar. Amis rescata un libro del actual presidente de EE.UU., El arte de la negociación, para dibujar un Donald Trump más estúpido si cabe. Pero el autor de Dinero no puede dejar de tirar al monte por cuestiones de nacimiento, y le dedica unas páginas a Diana de Gales, su muerte y las maniobras orquestales en la oscuridad que hubo de realizar la Corona inglesa para driblar la incómoda sensación de tener que actuar sin levantar susceptibilidades.

Resulta difícil colocar un solo anzuelo que brille por encima de los otros para que el posible lector de este libro pique: el rescate del icono Travolta, el hundimiento del icono Maradona, el doloroso lirismo de la marcha de Iris Murdoch, las infidelidades de mister Nabokov, los homenajes a Bellow y Roth, etc. Todo en el volumen –incluso la crónica del viaje para asistir a la final de la Champion entre el Bayern de Munich y el Manchester United en el Camp Nou– es una fiesta. Amis va más allá del simple acontecimiento, más allá de la personalidad de sus entrevistados, más allá del estilo y la vida de sus escritores favoritos. Ya lo había hecho con su Visitando a Mrs. Nabokov o La guerra contra el cliché. Ahora nos muestra algo que reúne lo que ya latía en esos dos volúmenes anteriores: realidad y literatura revelada.

A El roce del tiempo se le podría colocar como coda un párrafo que su autor le dedica a la prosa de su siempre admirado Nabokov:

“Lo llama fulgor trémulo, un resplandor, un destello, un brillo. La esencia nabokoviana es una inestabilidad milagrosamente fértil en la que, sin aviso alguno, las palabras se despegan de la vida cotidiana y surcan como bengalas el cielo nocturno, iluminando kilómetros y kilómetros ocultas de deseo y terror”.

Dicho queda.

El roce del tiempo (Anagrama, 2019) | Martin Amis | 424 páginas | 24,9 euros | Traducción de Jesús Zulaika

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