2

Un bildungsroman dibujado

JOAQUÍN PÉREZ BLANES | En estos tiempos en los que resulta imprescindible recuperar el pasado para no repetirnos, del mismo modo, parece que hacerlo implica adentrarnos en una tendencia creativa que se suma a una pequeña ola de estrenos y publicaciones. Puede que el punto de partida fuese la aparición de Patria de Fernando Aramburu en 2016 –aunque ya en 2006 había publicado Los peces de la amargura, un doloroso compendio de relatos con el mismo asunto de fondo–. Esta predisposición a tratar un tema desde varias perspectivas y con diversos mimbres permite que se hayan rodado dos series estrenadas en este 2020, La línea invisible dirigida por Mariano Barroso en Movistar+ y la adaptación de Patria que ha creado una gran expectativa desde que se anunció su producción por HBO y que permitan abrir un diálogo necesario.

            Dentro de esta tendencia temática aparece Salto de Mark Bellido, ilustrado por Judith Vanistendael y publicado en Astiberri. El cómic cuenta la historia de un hombre común, Miquel, que reparte chucherías conduciendo una Volkswagen Transporter coronada por un enorme chupachups. Miquel es un buen samaritano, un buen padre, un buen conciudadano, pero un verdadero desastre para mantener un trabajo estable y sacar adelante a su familia. Esa vida dispersa se vuelve insostenible y lo llevará a una situación extrema en la que no le quedará otra que aceptar un trabajo que, en condiciones normales, no aceptaría. Su oficio consistirá en guardar las espaldas de políticos en el País Vasco en los tiempos que llaman de plomo.

            La historia que comienza de una manera anodina y con una viñetas coloristas y alegres van tornándose en dibujos más grises hasta que el negro se apropia de la luz y las sombras dominan la escena acompañando el tono dramático que la historia va adquiriendo. En ese aspecto, la combinación del guion, creado por Bellido, y las ilustraciones de la belga Vanistendael, suponen una buena simbiosis que maneja los sentimientos y sensaciones del lector al antojo de la historia y los dibujos, pasando de la alegría a la intriga, de la intriga a la sorpresa, de la sorpresa a la desazón a medida que la historia avanza.

Sin embargo, genera cierto desconcierto ver el estilo del dibujo, sin ningún menosprecio, faltaría más, porque el trabajo de la belga es muy bueno y el uso de las ceras le da una textura interesante a la parte más oscura; es solo que a este estadista se le antoja más oportuno para una viñeta de periódico que para un cómic, sin que esto deje de ser una apreciación tan particular como obtusa de uno que es una nulidad confesa para el dibujo. De la misma manera, produce cierto desconcierto el sedimento continuo de humor que impregna toda la historia. Hasta en los momentos más intensos, el dibujo y el tono parecen estar impregnados por una mirada inocente, no sabría decir si infantil o tonta. Supongo que será más apropiado hablar de una mirada cándida e ingenua, la misma que Miquel tiene al comienzo de la historia, cuando conduce esa ridícula furgoneta para el reparto de caramelos, la misma mirada simple que despliega cuando decide ser escritor y cuando piensa que tomar las riendas de su vida es mudarse a Pamplona y aceptar un trabajo que deshumaniza a cualquiera.

La historia comienza con un prólogo en 2010, narrado en presente, lo que permite que el resto de la obra sea un largo flashback que comienza en un pueblo de Castellón en 2006 y se cierra en Pamplona en 2010. El personaje evoluciona del Miquel repartidor de caramelos al Mikel escolta para concluir con la decisión final de ser, simplemente, Miguel y ser, decididamente, escritor.

Hay que reconocer que una vez terminado el libro, ese desconcierto inicial que producen el estilo de las ilustraciones y el tono desenfadado de la historia, las ocurrencias y el humor tontorrón que a veces muestra el protagonista, todo ello se asienta con el paso del tiempo y uno se da perfecta cuenta de que está ante una buena obra que produce el mismo desasosiego que el de su protagonista.

En tiempos de complacencia fácil, se agradecen esas historias que dejan su veneno inoculado y va haciendo efecto a medida que se asienta en las venas y en el cerebro, y aunque el tiempo pase, queda ese poso tóxico en la memoria que te conduce a recomendarlo cuando se presta la ocasión.

Salto (Astiberri, 2019) |Mark Bellido y Judith Vanistendael | 368 páginas | 24,00 €

admin

2 comentarios

  1. Muchas gracias por tu análisis. Me ha gustado mucho. Sólo quería precisar que Salto se publicó originalmente en 2016 en Bélgica, Holanda, Francia y Alemania, con un guión escrito en 2013, no estando influenciado por tanto por ninguna tendencia. Solo es una precisión. Tu apreciación me ha encantado y te vuelvo a agradecer que lo recomiendes. Un saludo.

  2. Querido Mark:
    Agradezco la apreciación y tomo nota.
    Gracias a ti por una obra tan notable como esta.
    Mucha suerte en los próximos proyectos.
    Un saludo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *