1

Un buen cuento es difícil de encontrar

9788439731733NURIA MUÑOZ | Termina una de leer lo último de Alberto Olmos y le queda la sensación de no saber si aquello era literatura o manual. Reconcomida por la incertidumbre, dudo entre considerar Guardar las formas un fallido libro de relatos o un prescindible compendio de técnicas narrativas con el que ilustrar a los asistentes a cualquier taller literario. Si me decanto por esta última opción, la aventura elegida me lleva, en última instancia, a las variaciones sobre un tema de Raymond Queneau en sus Ejercicios de estilo, con la previsible victoria por KO del francés y el castigo al rincón del segoviano con una colleja y dos turnos sin jugar.

Asumimos, pues, que esta es una colección de cuentos –diferenciados, sin vinculación– en la que el autor ha buscado conscientemente jugar con las formas, experimentar con la manera en que cuenta la historia de cada uno de los doce relatos que componen este conjunto que quedó finalista del IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero.

Las doce historias de Olmos presentan, pese a su independencia temática, ciertas concomitancias, afinidades que hilvanan el conjunto y que otorgan una cierta unidad al libro. Así, aparecen en más de una ocasión personajes que viven en soledad, o que se dibujan como faltos de energía vital, pasivos, cansados también. Así ocurre con el insípido protagonista de “Por dentro”, encerrado por error en casa de su ligue nocturno –del que desconoce todo excepto su nombre de pila– cuando ella se marcha al día siguiente hacia el trabajo.

Las referencias a la otredad y el desdoblamiento, por su parte, hermanan otros dos relatos del libro: “La botella”, donde una bebedora razona una teoría sobre la separación y extensión de su realidad basada en sus propios desvaríos etílicos, y “La suplantación”, con un también pasivo protagonista que, desde la cama, muestra su temor ante la certeza de que están siendo ocupados.

Cada uno de los cuentos parte de una anécdota que no podría ser calificada a priori como atractiva ni anodina. Sin embargo, es el desarrollo que hace Olmos de ese suceso motor el que lleva al libro cuesta abajo. Tan centrado estaba el autor por las formas, por su incursión en la primera persona autobiográfica, la tercera omnisciente o la extraña segunda persona, que no logra que nos interesemos por personajes que actúan movidos por la inminencia de sus propias muertes, como el padre (y escritor sin obra publicada) que se deshace de sus pertenencias o el personaje que escribe una carta a una niña para que la lea cuando sea adulta.

El estilo es un lastre en este volumen, lo ancla en el terreno de lo puramente formal y no permite la inmersión en la historia, sea esta la del observador de la chica que se ducha frente a una ventana o la de la crítica a la pretenciosidad de ciertos círculos del arte actual con la excusa de una performance de amor (más bien sexo) retroactivo. Aunque sin duda se lleva la palma el relato titulado “VHS”, donde el discurso libre del niño protagonista resulta, cuando menos, crispante (“seguí meando porque no había acabado de mear y tenía la polla entre las manos y mi polla meaba contra una pared de Pedralbes no contra todas ni en todo Pedralbes entero”).

Los cambios en el ritmo, sincopado en unos o tediosamente alargado en otros, no distraen tampoco al lector del retrato facilón y estereotipado de personajes como la pareja jipi (“él tenía dilatadores en ambas orejas y ella una bola plateada en el centro de la lengua y supongo que también algo de metal le colgaba del ombligo, del coño”) de “768.786 euros”.

Suena, en general, todo hueco, impostado. Da la sensación de que no hay en este libro un ápice de verdad, de verdad literaria. Olmos narra con desapego, y su desafección deja a los personajes reducidos a meras figuritas recortables, sin nada detrás que las sostenga. A merced de ser barridas al primer bostezo.

Guardar las formas (Literatura Random House, 2016) de Alberto Olmos | 132 páginas | 16,90 €

admin

Un comentario

  1. Impresionante crítica de Nuria Muñoz de una obra que aún no he leído pero cuyo autor, cuando lo he leído, me ha provocado similares sensaciones e idénticas críticas. ¡Bravo!

Responder a Ignacio Merino Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *