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Un cálido viaje al frío

la guerra de invierno

La Guerra de Invierno

Ariadna G. García

Hiperión, 2013

ISBN: 978-84-9002-017-3

70 páginas

10 €

Premio internacional de poesía “Miguel Hernández-Comunidad Valenciana”

 

 

Juan Carlos Sierra

Quien esté más o menos familiarizado con la trayectoria poética de Ariadna G. García podría llegar a la conclusión de que su último libro confirma una tendencia, una trayectoria o un viaje: de la imaginería personal e intransferible y el requiebro semántico de Napalm (2001) -no sé qué decir de Construyéndome en ti (1997) porque no lo he leído- hacia la narratividad austera y casi unidireccional de Apátrida (2005) y de La Guerra de Invierno (2013).

La autora madrileña con este último libro se decanta, después de los primeros tanteos de juventud, por una línea poética más clara, más limpia, más prosaica -en el mejor sentido de la palabra- que se aviene bien con la narratividad en que se enmarca la mayoría de sus últimos poemas. Probablemente esta trayectoria lírica explique, además, la inclusión por primera vez en su producción poética del poema en prosa, centrado en esta ocasión en el relato de hechos estrictamente históricos, situados en el epicentro estructural del libro y recogidos todos ellos menos uno bajo el título que da nombre al libro. ¿Casualidad o causalidad?

Dejando a un lado las consideraciones sobre el conjunto de la obra de Ariadna G. García publicada hasta el momento, se puede decir que el tópico del viaje es el hilo argumental o la excusa a partir de la cual se monta La Guerra de Invierno. Se trata de un trayecto real, físico, cuyo destino es Finlandia, por lo que la gélida geografía finesa -natural y urbana-, sus costumbres domésticas y sociales, así como su historia reciente cobran un protagonismo relevante. Sin embargo, no estamos ante un poemario limítrofe al catálogo lírico de una agencia de viajes, sino que el entrono geográfico sirve de anécdota o punto de partida para tratar de lo que realmente merece la pena en el viaje al que nos invita Ariadna G. García: las implicaciones emocionales en un personaje poético que tienta al lector a un periplo sentimental e histórico, íntimo y social, privado y público, que, como ha de hacer toda poesía escrita con honestidad, aspira a ensanchar la vida y la experiencia, por muy sedentarias que sean, de quien decida acompañarla en este vieja poético.

De las tres partes en que está estructurada La Guerra de Invierno, dos de ellas se mueven mayoritaria y explícitamente entre el “tú” y el “nosotras”, es decir, en el terreno de las relaciones afectivo-amorosas. A veces, parece decir la autora, es necesario escapar de la geografía cercana y de sus hábitos para emprender un viaje de búsqueda, de formación, de confirmación o de puesta en valor -o de todo esto al mismo tiempo- con respecto a lo estático cotidiano, con sus peligros de anquilosamiento y devaluación. En este sentido, de forma especialmente intensa y efectiva en la primera parte del libro, se insiste en la necesidad de retener el instante, de atrapar el minuto, la secuencia, el momento de máximo esplendor contra el paso inexorable del tiempo y las traiciones de la memoria. Es posible que la única manera de conseguirlo sea fijar negro sobre blanco en verso esos instantes de dicha; muy probablemente, esta sea una de las funciones de la poesía o, al menos, eso parece afirmar y pretender Ariadna G. García con los poemas de La Guerra de Invierno. “Demoro dirigirme hacia la ducha helada/ porque sé que este instante/ no habrá de repetirse.// Un poco más, me digo, mientras dejas/ que mis manos recorran los arcos de tus pechos/ y tu mirada es pura como un lago” (página 16).

La segunda sección del libro, la ocupada por los poemas en prosa, nos habla de la historia reciente de Finlandia. En ella hay que distinguir “La exploración” de “La Guerra de Invierno”. El protagonista de la primera es Adolf Erik Nordenskiöld, geógrafo y explorador finés que logró atravesar por primera vez a bordo del ballenero Vega el Mar del Norte. En la segunda, se habla de los contendientes de la guerra entre soviéticos y finlandeses. A pesar de la diferencia temática evidente, el conjunto indaga en las mismas implicaciones emocionales de las otras dos secciones del libro pero en clave colectiva e íntima a la vez, en la intrahistoria sentimental de quienes fueron llamados a protagonizar los hechos que aparecen superficialmente en los libros de historia finlandesa y europea. El anclaje con el resto del libro es evidente y la emoción que transmite al lector Ariadna G. García con las historias narradas, especialmente la del francotirador finés Simo Häya, apodado por los soviéticos “la muerte blanca”, y la del patinador Birger Wasenius, merecería más espacio que el que aquí es conveniente.

Esta coherencia emocional mantenida a lo largo del libro parece romperse en los últimos poemas de la tercera parte, los dos haikus que cierran la sección titulada “Laponia” y los poemas breves de “Final”. Sin embargo, la transición que suponen estas composiciones hacia la tercera persona, hacia su supuesta objetividad y distanciamiento de la implicación sentimental del “tú” y el “nosotras” antes mencionados no hacen sino insistir en la relación estrecha entre el paisaje y la emoción que este provoca en el personaje poético que lo contempla y lo interioriza.

Sin alzar la voz demasiado, sin estridencias retóricas innecesarias, Ariadna G. García nos pone la brújula rumbo al norte de nosotros mismos. El avión con destino a Helsinki y a nuestras esencias parte desde las páginas de La Guerra de Invierno. Hagan su reserva, porque el viaje promete.

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