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Un cuento real

Celacanto

Jimina Sabadú

Lengua de Trapo, 2010

ISBN: 978-84-8381-088-0

256 páginas

18,60 €

XVI Premio Lengua de Trapo de Novela

Carolina León

Me van a perdonar los lectores más o menos habituales de este blog el estilo de esta reseña: aviso que no me voy a ceñir a la mera crítica y voy a utilizar este medio como plataforma para un excurso, así que ya pueden cambiar de canal.

Dicen que somos muy pocas mujeres haciendo crítica literaria, muy lejos de ser la mitad de los hombres; dicen que son muchos menos los libros escritos por mujeres los que reciben críticas en la prensa cultural (ya saben ustedes que esto no es prensa); y yo solita, basándome en mi observación, les digo que los libros escritos por mujeres, reseñados en los suplementos literarios, no sólo son pocos, sino que se diseccionan con los criterios equivocados; se habla de las autoras con condescendecia, a menudo reseñando lo guapas o feas que son, y mucho más a menudo sacando a colación términos como “escritura femenina”, “narrativa de mujeres” y otras lindezas. Llevo en esto el suficiente tiempo para poder decir: Basta.

Si una de nosotras (aunque seamos pocas) hacemos crítica de uno de vosotros, no señalamos las diferencias que pueden existir en vuestra escritura por el hecho de ser hombres (será porque sois la norma). Si una de nosotras (aunque seamos pocas) contamos vuestro ingreso en el mundo de las letras, lo haremos en términos literarios absolutos y no nos preocuparemos mayormente de si sabéis o no cuántas veces se os cuelan las programaciones de género en vuestros argumentos (esto es, por ejemplo, mujeres ceñidas a papeles de adorno en un alto tanto por ciento). Basta

Ahora me toca hablar del debut literario de Jimina Sabadú. Como hice, hace tantos meses, con el debut literario de Pola Oloxiarac y como seguiré haciendo, pues sólo en la juventud hay cualquier, aunque sea pequeño, atisbo de esperanza. Sabadú decide a sus veintitantos años que tiene una historia que narrar. Y le sale Celacanto. Un cuento real. Bueno, un cuento que podría ser real si las mentalidades dominantes no fuesen las del “gana cuanto puedas y pisa todos los cuellos a tu alcance”. Una historia de infancia, hipersensibilidad, seres extraídos del ‘continuum’ y hermanamientos múltiples, irracionales y contranatura.

Hay un monstruo del agua, un niño tremendamente imaginativo y sensible, muertos que regresan porque tienen cosas que decir, un campamento infantil donde los freaks no se reconocen como hermanos, locas teorías sobre las desapariciones de personas y los dobles que dicen que todos tenemos. Hay personas mayores que, en lugar de estar dando ejemplo, a los niños, son fuente de discordancias y enfermedad, inseguridad y quiebres. No es un libro de echar albricias. Hace muchos meses que no echo albricias con ningún libro, desde luego con ninguno de ficción, pero puedo decir con la boca grande que es uno de esos debuts literarios que no van a tener problemas de comparaciones con ninguno de los volúmenes que andan por ahí a cuenta de grandes editoriales, con segundas novelas de autores que ya se dicen consagrados ni con debuts de otros pares masculinos. En muchos casos, les gana. En Celacanto están ciertas historias de fragilidad, de seres anómalos, de comportamientos extravagantes y posicionamientos fuera-de-la-norma, suficientes para que nos guste a los que no comulgamos con la gran rueda productiva. Suficientemente bien dispuestos para que, dentro de la extravagancia feliz de ver nacer a una narradora, perdonemos algunas faltas (desarrollos de capítulos algo largos y poco, a priori, importantes para la trama), y nos alborocemos con la espontaneidad y solvencia general. Lo más interesante es que lo ha hecho sin preocuparse demasiado por lo que vamos a pensar lectores y críticos.

Celacanto, si consigues meterte en sus texturas, te dejará fangoso, pringado, manchado de la podredumbre del fondo del lago en que nace, respira, crece y se desarrolla la narración. A pesar de algunos tropezones, a mí esta novela me parece un libro magnífico (si sintonizas con algunos de sus temas: los miedos de la infancia, la incongruencia de ser diferente, la torpeza inherente a pertenecer a un mundo que no se deja reducir a lo meramente sensorial/material), y sobre todo un genuino retozar en la alegría de narrar, que Sabadú se toma muy en serio. Y eso, a pesar del material narrativo tan resbaladizo que elige (los miedos infantiles), demuestra saber manejarlo bien, y sólo es su debut.

admin

13 comentarios

  1. Una cuestión interesante es como los medios y, en general, el mercado mediatiza la recepción de un escritor y hace difícil saber cuales son, por así decirlo “las reglas del juego”. Hace unos meses salió en Babelia un texto absolutamente ridículo –no lo voy a llamar reseña- sobre Las teorías salvajes en la que un tal Sabino Méndez se dedicaba a alabar, según recuerdo, el busto y la “grupa” de la autora que me pareció inaudito, incluso para el nivel al que ha llegado la crítica en los suplementos, en especial en el de El País. No creo que en Babelia se haya publicado ninguna loa a los bíceps o al paquete de un escritor varón, aunque tal vez a alguno no le molestaría. Otra cuestión es si no se da pie a esas actitudes ridículas y extraliterarias, además de sexistas, por supuesto. Quiero decir: cuando hace unos años Ray Loriga aparecía en la portada de sus libros en plan “punk”, ¿eso contribuía a que se lo tomaran en serio como escritor (cosa que a mi juicio merecía)? Quiero decir: ¿es bueno o malo para una recepción imparcial de un libro (no me refiero a Jimina) que la autora aparezca en los medios posando como si estuviera en la portada de Vogue y a veces no de Vogue, sino más bien de la revista Man o algo semejante?

  2. Me ha gustado tu reseña, Carolina, pero permíteme que apunte algo si ajeno al libro, al menos relacionado con tu reseña.

    Pareces resentirte del uso de términos excluyentes o parciales como «escritura femenina» pero tú sabes mejor que yo que esas «y otras lindezas», como las llamas, son la creación de gente como Hélène Cixous, Julia Kristeva o Elaine Showalter. ¿Cómo resuelves esa paradoja? (Es una pregunta genuina, sin mala idea).

    En otras palabras… ¿se sigue riendo la Medusa?

  3. Gracias Carolina por la reseña.
    Sobre el tema de las mujeres escritoras, no podría estar más de acuerdo. La semana pasada salió un airado comentarista diciendo que había ganado por tener amigos en el jurado (del que no conocía a nadie) o por tener buen culo (sic). Los comentarios eran una discusión sobre lo petable que estoy. Al final uno decía que no, que soy fea. Pero como si soy guapísima. Es denigrante que a las mujeres que hacen algo (política, música, cine, literatura) se las juzgue casi exclusivamente por su cara-cuerpo. Y lo de Sabino Méndez es para correrle a boinazos. Claro que a lo mejor en el mundo del bourbon y del rock ‘n roll es lo normal. Sobre el tema Pola Olaixarac, yo oí hablar de ella primero en plan «una chiquita que escribe y es guapa», y luego ya, de mano de gente un poco más cabal, de que la novela estaba muy bien. Me la leí y no me estuve acordando de su cara. Por que se trata de eso, de que te quedas a solas con la obra.

    Y sobre lo que comenta José Martínez Ros, no voy a adoptar la pose de una escritora seria para que me tomen en serio. Entiendo tu pregunta, y yo también me la he planteado. Pero quien me juzgue debería de hacerlo solo por el libro. Lo otro es accesorio y se olvidará. Y desde luego no me voy a crear una imagen pública y otra privada solo para evitar esos comentarios. El problema lo tienen ellos. A mi me puede molestar que se pongan a discutir mis piernas como si esto fuese Miss Dunkin’ Donuts, pero más triste tiene que ser para ellos, que son los que emplean tiempo en hacerlo.

  4. José, sobre tu comentario, creo que (aunque yo no hablaba directamente de los medios, sino de los críticos literarios), se produce a todas horas el sexismo en la forma en que se presenta a unos y otras. Ellos son serios, interesantes, bien vestidos, elegantes, dignos de portada en Esquire. Ellas… Bueno, cuando se las quiere vender se usan otros estilemas. (Sabino Méndez es ex batería de Loquillo y crítico musical, lo que comentas es asqueroso y preocupante; de todos modos, la editorial hizo la apuesta en un sentido muy claro; escribí varias veces sobre ese libro y en ninguna parte mencioné atributos extraliterarios, creo que ni siquiera su blog).
    José María, lamentablemente (para mí) no tengo tanta lectura feminista como quisiera. A ciegas, comento: puede que esas autoras hayan puesto el dedo en apuntar una «diferencia», y no sería reprochable desde el punto de vista de visibilizar un camino a diario invisibilizado (a eso apuntan los primeros párrafos). Ahora bien, creo que el camino de la crítica debería ser el de normalizar. No señalar la diferencia: «ei, mira qué cosa rara, una mujer que escribe». No hace mucho, creo que tú mismo publicaste una reseña sobre hacer visibles a las mujeres del 27 (y si fue otro de los contribuyentes del blog, perdona que no lo compruebe). Es importante, siempre, retornar sobre los silencios y los vacíos del pasado. En el presente, tenemos que trabajar con las autoras igual que con los autores, así como con los que no son ni una cosa ni la otra. Seguramente publican menos (decisiones editoriales), pero las mujeres deberían poder ser tratadas como lo mismo. No puedo meterme en la cabeza de un crítico para averiguar cómo decide sus lecturas. En mi caso, ciertamente estoy leyendo ensayos y trabajos provenientes del feminismo; en lo literario, los leo sin enterarme (procurando) qué tiene entre las piernas el autor(a). Mi problema con las categorías es que ellos escriben muchísimo «con las bolas» y eso no lo señala nadie. Y está bien. Nosotras, cuando escribimos desde el útero, por decir, se nos dice «ay, qué diferentes, ay, qué femeninas».
    Jimina, ¿dónde comentaban eso? ¿Leemos que el último premio al sr XXX es porque se acostó con una miembro del jurado? Hay que tener estómago para aguantarlo. La crítica, como bien dices, debería no perder tiempo en tonterías. Otra cosa es que ya no haya crítica.

  5. La primera mitad de esta reseña es ajena al libro, no comprendo bien la intención de meterla aquí si la novela ni siquiera trata ese tema, extraliterario de todas todas. Compruebo no sin cierta gracia que te has mordido la lengua en relación con el libro de Pola, Martínez Ros, hubiera estado bien que lo dijeras aquí. Me encanta Lengua de Trapo.

  6. La primera mitad de esta reseña es ajena al libro, no comprendo bien la intención de meterla aquí si la novela ni siquiera trata ese tema, extraliterario de todas todas. Compruebo no sin cierta gracia que te has mordido la lengua en relación con el libro de Pola, Martínez Ros, hubiera estado bien que lo dijeras aquí. Me encanta Lengua de Trapo.

  7. Lo que no se dice aquí es lo que hay también detrás de toda esa literatura de mujeres, esto es, subvenciones, colecciones ad hoc y antologías ex professo que han dado lugar a tal cantidad de libros olvidables -cuentos de mujeres, poetas femeninas, etc.- que de otra forma no hubieran visto nunca la luz. Escritoras haylas, pero menos que escritores, y de entre las que hay, nos guste o no, no muchas escriben bien, esta es la verdad. Tu «licencia» deja al libro dos parrafitos superficiales, Carolink, es lo que quise decir antes, flaco favor al libro.

  8. No es que la mayoría de las mujeres escritoras que hay no escriba bien, es que la mayoría de la gente que escribe no escribe bien. Porque si escribir bien fuera la norma, no tendría ningún interés. Como no tiene interés que alguien camine erguido.

  9. En ningún momento he pretendido hacer una crítica sobre Las teorías salvajes o Celacanto, eso ya lo ha hecho muy bien Carolina. Sólo quería hacer notar que (desgraciadamente) la recepción de buena parte de la literatura escrita por mujeres está impregnada de sexismo (las ventajas del tipo “colecciones para mujeres” que señalaba el prolijo anónimo son mínimas, en realidad, y bastante contraproducentes) y que aún tienen bastantes desventajas; sólo faltaría que, además, se las exigiera aparecer “divinas” en los medios, cuando el aspecto físico de la mayoría de los escritores varones –lo sé, porque soy uno de ellos y conozco a muchos otros- es por lo general lamentable: calvos, gafotas, con problemas de sobrepeso o calvicie precoz, con una mirada esquinada llena de resentimiento, etc. Por otro parte, me ha venido a la cabeza un dato. Hace poco una de las principales webs literarias de este país realizó una estadística sobre sus seguidores: el 72% eran mujeres. No creo que sea casualidad: la mayoría de las lector@s son mujeres y no cabe duda de que la mayoría de las buenos o malos libros que serán escritos en el futuro serán obra de mujeres.

  10. La novela es enorme. Un debut espectacular.

    La autora, guapa.

    ¿Y qué?

    Y ya.

    Antonio Trashorras

  11. Solo una puntualización. Sabino Méndez no ha tocado la batería en su vida. Era guitarrista y compositor de Loquillo, y autor, entre otras, de «Rock and Roll Star» y «Cadillac solitario», dos de las mejores canciones de la historia de la música popular en este país. No leí lo de Babelia, y no suele estar afortunado en sus artículos de opinión (lógico, hizo campaña a favor de «Ciutadans»), pero al César lo que es del César.
    En cuanto al libro, me lo ha recomendado tanta gente en la que confío que voy a tener que leerlo. MIs reticencias iniciales no se debían a si la autora es guapa o no, sino a su trayectoria previa. Dudaba mucho que alguien que ha escrito el guión de «La máquina de bailar» y se limita a balbucear trivialidades frente a los sólidos argumentos de Jordi Costa en la web de Fotogramas fuera capaz de escribir una novela que valiera la pena. Parece que me equivoqué y, después de todo, tiene talento. Lo comprobaré encantado.

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