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Un laboratorio fascinante

eduardo lago

ALEJANDRO LUQUE | Una vieja ley del periodismo decreta que nunca conviene especializarse demasiado. Uno empieza, dicen, por la querencia hacia las letras francesas, luego pasa a concentrarse en la novela del XIX, se dedica más tiempo de la cuenta a Flaubert y acaba sabiendo apenas de Madame Bovary. Exagerada o no, lo cierto es que esta prevención encuentra un desmentido rotundo en algunos nombres. El de Eduardo Lago es uno de ellos.

Afincado en Nueva York desde hace tres décadas, donde ha ejercido la docencia y dirigido el Instituto Cervantes, el madrileño es un reconocido especialista en literatura norteamericana. Sin embargo, lejos de dejarse reducir a ese perfil ensimismado, Lago ha venido desplegando una mirada aguda, lúcida y de amplio horizonte sobre dicha materia de estudio, lo que queda de manifiesto en esta recopilación de artículos.

Incluso quienes pensamos que la literatura anglosajona en general, y la estadounidense en concreto, ocupa demasiado espacio en las librerías españolas —como si la masa lectora mirara al mundo desde una ventana relativamente estrecha, por muy confortante que sea la luz que la atraviesa—, no podemos dejar de reconocer el portentoso empuje de sus mejores autores. En efecto, aunque un lector en forma debería tener nociones de literatura africana, nórdica y eslava, árabe y asiática, sin olvidar por supuesto las letras sudamericanas, parece también evidente que desconocer nombres como Don DeLillo, Philip Roth o Pynchon entraña el riesgo de comprender un poco peor el mundo en que vivimos.

Lago no solo está familiarizado con estos y otros clásicos de hoy, sino que los ha frecuentado en profundidad y, lo que parece más importante para quienes nos asomemos a estas páginas, sabe explicar muy bien quiénes son, a qué tradiciones se adscriben, qué riesgos acompañan su faena, cómo se engarzan en el gigantesco mercado americano. Ahí el profesor Lago se ve muy bien respaldado por el periodista, de modo que su discurso no cae desde el púlpito, sino que se toma la molestia de hacerse entender por iniciados y por profanos.

Pero también comparece el escritor —quién no recuerda Llámame Brooklyn, Premio Nadal—, con un estilo vivo y rico en matices, sin olvidar al traductor, que es como decir el lector más atento: porque Lago, dicho sea de paso, también es el responsable de hazañas como verter al castellano El plantador de tabaco de John Barth, entre otros muchos empeños. Si a esto le sumamos que el madrileño ha entrevistado a un buen montón de los monstruos de la narrativa yankee actual, entenderemos que es el hombre ideal para esta misión.

De hecho, es una reveladora, jugosísima entrevista con David Foster Wallace la que sirve de pórtico, y otra con Barth la que cierra este volumen. En él predomina el tono divulgativo, pero también hay algunas concesiones más o menos líricas o sentimentales, como el delicioso texto dedicado a Siri Hustvedt. Sin someterse a disciplina cronológica alguna, saltamos de la llamada estirpe de Nabokov a Truman Capote y Sylvia Plath, y de ahí a Tom Wolfe, Junot Díaz, Doctorow

No hace falta llegar al final de las 300 páginas largas para entender que, más allá de las obras que han dejado estos autores para la posteridad, hasta quienes creemos que las letras anglosajonas ocupan demasiado espacio reconocemos que Estados Unidos ha sido el laboratorio literario más fascinante e influyente de nuestra contemporaneidad. Este libro es, a pesar de sus desórdenes, una guía fundamental para moverse por él.

Publicado previamente en la revista Mercurio.

Walt Whitman ya no vive aquí. Ensayos sobre literatura norteamericana (Sexto Piso, 2018), de Eduardo Lago | 324 páginas | 21,90 euros

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