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Un vuelo entre dos tierras

VICTORIA LEÓN | Treinta años han transcurrido desde la publicación de la primera entrega poética de  Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) hasta este, su noveno libro de poemas.  Desde entonces  (Bajo otra luz, 1989) su poesía “se ha ido abriendo, desde el amoroso, a una multitud de temas entrelazados en una obra rica y de gran intensidad”,  nos dice el texto de contracubierta. Y riqueza e intensidad son sin duda las dos cualidades que mejor definen este libro asentado en una madurez que no renuncia a la búsqueda ni a la experimentación y que posee la particularidad de ser dos libros en uno.

           El primero de ellos, titulado “Arúspice y otros poemas”, invita a reencontrarse con un mundo que ya resultará familiar a los lectores del poeta. En ellos, lo mismo entre brumas artúricas que entre melancólicos atardeceres de patio sevillano, de nuevo comparecen y dialogan con él los fantasmas de Tennyson, de Carroll, de Dylan Thomas, de Borges, de Cernuda o de Cirlot. Impresiona allí la fuerza descriptiva y plástica del propio poema “Arúspice”. O este haiku memorable: “Echa a cantar un mirlo. / Un faro junto al mar / de la callada noche”. Pero también esa poesía epigramática del instante eternizado que hallamos en poemas como “Lección”, “Recuerda”, “Leopardo”, o en “Más tarde”, el poema que da título al libro: “Cada vez anochece / más tarde / este invierno. / Pero nosotros, / que también conocemos / en nuestras vidas / las estaciones, / solo avanzamos a la oscuridad”.

           La forma aforística y la honda reflexión sobre el tiempo y la muerte vertebran unos poemas de contrastes, una concordia discors como la que hallamos en “Quince de marzo”, donde el poeta siente el cruce de dos estaciones coincidentes entre el yo y el mundo, entre el dentro y el fuera: “Estos días de final del invierno / cuando tu propio invierno te da alcance”. Y no falta en ellos la reflexión metapoética sobre el sentido de la escritura que encontramos claramente en un poema como “Declaración de principios y fines”, donde el autor nos confiesa: “No escribo poesía para conocer, / lo hago para desconocer, dejar en blanco el pensamiento […] “escribo poesía para ser / no yo sino ese hombre que la escribe”.

           No se repara en vano en esa última reflexión. Pues, como contrapunto a la primera mitad del libro, lo que ART nos propone en la segunda, sumándose así a esa tradición moderna de estirpe pessoana y con seguidores tan ilustres como Antonio Machado, son los poemas de un heterónimo. Con estos “Nuevos poemas de Umberto Fabbro”, que así se titula la segunda parte del libro, reaparece un alter ego del autor que ya nos había presentado en su libro Lo que importa (2015).

           Sus poemas nos plantean un cruce de voces, identidades y ficciones y nos ofrecen una poesía lúdica en el más profundo sentido del término (el del Homo ludens que estudiaba en su famoso ensayo Johan Huizinga).  Abordando  una temática esencialmente erótica y sentimental que no oculta sus referentes en los clásicos grecolatinos y en las vanguardias históricas, ART asume aquí con valentía una arriesgada apuesta estética que da frutos tan inspirados como ese odi et amo del precioso poema de aire decadente “Te insulto, te maldigo, te venero”. Al leer sus poemas, pensamos enseguida en Catulo, en Ovidio y en Horacio. Pero también en la poesía amorosa de Shakespeare, de la que ha el poeta ha sido uno de sus grandes traductores contemporáneos al castellano. O en el Marinetti de Cómo se seduce a las mujeres, el opúsculo recientemente editado en nuestro idioma por el sello sevillano  Caín y Abel. A través del erotismo y del espíritu lúdico, el poeta nos habla de ese desdoblamiento paradójico que supone la experiencia de la unión erótica, como describía Lucrecio en De rerum natura o un famoso soneto de Francisco de Aldana, y reflexionar sobre la naturaleza del deseo y sobre la propia identidad, que lucha inútil, a veces trágicamente, por transformarse en la del ser amado. 

           Experimental y conceptista en forma y fondo, ART nos propone, por ejemplo, el soneto titulado “El tiempo del amor”. O brilla como hábil poeta descriptivo en el poema “Restauración” a propósito de una sonrisa amada y unos brackets. Pero si algo late en cada página de este libro es la audacia de quien busca ir siempre más allá y quien nunca se conforma con lo ya logrado, pues trabaja siempre en un continuo afán de indagación en la realidad y en la escritura. En los tres versos que cierran “El poema”, escribe ART: “El poema es un vuelo entre dos tierras: / una se llama asombro; / otra verdad y reconocimiento”. Bien sabe que esa recurrente e infinita tensión entre dualidades es el principio y el fin de la poesía.

Más tarde (Sloper, 2019) | Antonio Rivero Taravillo | 80 páginas | 12,00 €

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