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Una de miedo

El murmullo 001

 

El murmullo

Milo J. Krmpotić

Pez de Plata, 2014

ISBN: 978-84-938296-9-8

192 páginas

18 €

Ilustraciones de Leticia Vera Seves

 

 

Rebeca García Nieto

No es la primera vez que Milo J. Krmpotić utiliza un punto de vista atípico en una novela. En Historia de una gárgola, Balial, una gárgola, narra en primera persona sus desventuras en clave de humor. En esta ocasión, la historia es contada por diferentes narradores en primera persona y un narrador omnisciente que habla en primera persona del plural. Tampoco es la primera vez que Krmpotić escribe sobre monstruos y niñas: en Tan solo una sombra reinterpreta el cuento de Peter Pan convirtiéndolo en un relato sobre la pederastia. Ahora en El murmullo, Krmpotić le da una vuelta de tuerca, o unas cuantas, a las historias de terror que nos contaban de pequeños. De hecho, se nos dice, esta historia empieza justo en el punto en que nuestros mayores callan.

La trama es la siguiente: una niña, Anabel Prat, desaparece (aparentemente, es secuestrada) y una periodista, Gloria Casavella, es la encargada de cubrir el caso. En el transcurso de la investigación, Gloria intima con Sofía, la hermana mayor de Anabel, e inician una relación que acabará poniendo en jaque “la ya castigada psique” de la periodista, que de por sí es “acosada por sus propios fantasmas”. La novela se sostiene en la ambigüedad de esta palabra: un fantasma puede ser un “ser irreal que se imagina o se sueña” o el “espectro de un muerto”, lo que a priori permite una doble lectura: como thriller psicológico o, como se ha dicho, como “thriller sobrenatural” al estilo de John Connolly. En este sentido, la apuesta de Krmpotić es arriesgada. El propio autor ha dicho en una entrevista que lo primordial era mantener el equilibrio entre ambos niveles y, a decir verdad, no estoy segura de que lo haya conseguido del todo.

La historia me ha parecido demasiado compleja, con muchos recovecos, y a veces me he encontrado perdida, un poco en tierra de nadie, sin saber a qué lado del espejo estaba: en el de la realidad o en el de la fantasía (“por fantasía, ojo, nos referimos a los cuentos de doncellas devoradas de los hermanos Grimm (…) Pensamos en los niños alfabética, macabramente rimados por Edward Gorey”). No obstante, aunque no ha acabado de convencerme, algunos aspectos del libro sí me han interesado. Si dejamos a los fantasmas y la sangre a un lado, El murmullo puede entenderse también como una historia de amor: la de Gloria y Sofía, un ‘affaire’ que levanta pasiones y culpas a partes iguales. El libro aborda también la pérdida de la inocencia. En este sentido, el vínculo entre la niña desaparecida y su hermana mayor parece clave. Krmpotić presenta a Sofía como “Una Anabel Prat ocho años mayor, como augurio de su supervivencia. O, lo que venía a ser lo mismo, su hermana Sofía, a la que la madre acababa de describir como arisca y distante, dueña de su propia órbita, un elemento extraño en la familia desde el día en que su padre se escapara de la foto, cinco años atrás. La oía salir más que entrar (…)”. Y no podían faltar en este cóctel las relaciones familiares. Al fin y al cabo, la familia es la fábrica de traumas por excelencia.

Personalmente, habría preferido que la historia fuera un poco más ‘straight’, no en el sentido de “hetero”, sino en el de The straight story, de David Lynch, “la más lynchiana y cruel” de todas las películas del americano aunque no lo parezca. No obstante, es justo decir que al margen, y por encima, de lo narrado, destaca el estilo de un buen escritor que ha tratado de contar una historia de una forma distinta desde un lugar, o lugares, diferentes.


[1] Según ha dicho el autor en una entrevista, Otra vuelta de tuerca, de Henry James, es uno de los referentes de esta novela.

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