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Usted podría ser un nazi

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JOSE TORRES | Sobre el Holocausto y la barbarie nazi, hay infinidad de ensayos, novelas, documentales, películas. .. En esa ingente cantidad de publicaciones, en los miles de personas que cada día visitan el campo de concentración de Auschwitz- Birkenau, lugar emblemático de la Shoah, subsiste un intento de comprender cómo pudo suceder algo así, pero también cierta fascinación, consciente o inconsciente, por el tema nazi, sus elegantes uniformes de Hugo Boss, su perfecta maquinaria de guerra,  las alambradas y crematorios, convertidos en un producto más de entretenimiento por Hollywood, en un mito más de la cultura popular, con el riesgo, cada vez más evidente, de banalización que eso supone.

Las voces de los supervivientes se apagan, y con ellos mueren los testigos directos del horror; apenas quedan ya jerarcas nazis a los que enjuiciar, y las voces negacionistas, al calor del  auge de la extrema derecha, se alzan cada vez con más brío y desvergüenza sosteniendo que aquello no sucedió, que los judíos se lo merecían, que el horror no fue horror.

El escritor israelí Yishai Sarid, nos presenta El monstruo de la memoria, su quinta novela. Una indagación, nada complaciente, sobre las contradicciones de la memoria histórica. Ese monstruo agazapado y difuso, que todos tratamos de domesticar para que encaje en nuestras convicciones morales, pero que, fiel a su carácter ambivalente, se revuelve inquieto, y a menudo nos pone a los pies de los caballos de nuestra propia conciencia.

He aquí la historia de un historiador israelí, que encuentra una salida a su precaria situación laboral, convirtiéndose en guía de los campos de exterminio polacos. Su público; grupos de escolares israelíes, que a través de un programa del estado judío, visitan los lugares del horror, para, supuestamente, tomar conciencia de lo allí sucedido, y afirmar su identidad nacional.

Escrito en forma de una larga carta, que el protagonista dirige a su superior, asistimos a la narración de las cuitas de nuestro personaje, y a su lenta y dolorosa caída, engullido por ese golem de la memoria. Los grupos de escolares, caminan por los lugares de la Shoah, envueltos en sus banderas nacionales, ataviados con guitarras, entonando cantos religiosos, el himno nacional. Y asistimos al intento del protagonista, por hacerles comprender, la dimensión real del Holocausto, por apartarlos de la banalidad («en la banalidad anida el mal», Hannah Arendt), del folklore nacionalista ideado por los responsables del programa. En este punto, la novela vira y asistimos a la primera señal de colonización del mal. Ante la vista de la maquinaria industrial nazi, del perfecto engranaje mortal, el guía sorprende a unos chavales cuchicheando, “esto es lo que deberíamos hacer con los árabes”.  A partir de ahí la novela narra la caída moral del guía, cada vez más expuesto a los zarpazos de la memoria,  más intolerante hacia la reacción de los demás ante los hechos narrados, más dolorosamente consciente de su propia perversión moral. Y es que, como el protagonista comprende horrorizado, tratando de solventar un episodio de acoso escolar hacia su hijo, y en el que  reprocha veladamente a su vástago no responder a los golpes de los agresores, “para sobrevivir hay que ser un poco nazi y estar dispuesto a matar”.  Hay también una reflexión sobre la conversión del  horror en un objeto de consumo más; la visita a esos lugares como a un centro comercial más incluido en el paquete vacacional, así como un intento de abordar el dilema de la construcción nacional del estado israelí, repleto de contradicciones, en especial en el trato a la población palestina, que provoca en ocasiones, evocaciones del  mal nacionalsocialista. El final, como no podría ser de otra forma, es desasosegante. Nos hace pensar que poco o nada ha cambiado. Que el mal sigue esperando su lugar en la historia. Como nos advirtió Haneke  en La cinta blanca, la serpiente anida en nosotros,  consciente de su poder y esperando su momento.

El monstruo de la memoria es una novela incisiva, malsana en algunos momentos, porque apela a nuestras convicciones más profundas, y aún más, a nuestra honestidad para reconocer que el mal, el horror puro, no es cosa de los demás, que nadie está a salvo, que, si se dan las circunstancias adecuadas, todos podríamos ser “un poco nazis”.

Cuidemos la memoria con rigor, pero también con honestidad. Dejemos que, en ocasiones, no nos trate como a los puros de corazón que creemos ser.  Es el único antídoto que tenemos para que la historia no se repita.

El monstruo de la memoria (Editorial Sigilo, 2019) |  Yishai Sarid | 156 páginas | 17,50 € |Traducción del hebreo de Ana María Bejarano 

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