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Vamos a la playa, calienta el sol

Benidorm

JOSE TORRES | Ahora que el Mar Menor se muere, no está de más recordar cómo empezó todo.

Quizá el emblema de la urbanización desaforada de la costa española sea, a su pesar, Benidorm. Ciudad excesiva, paraíso del jubilado español y extranjero, Benidorm es hoy mirada con desprecio por nosotros, los exclusivos, los que no nos consideramos turistas sino “viajeros”; nosotros que buscamos el destino no hollado por nadie aún, para poner de manifiesto nuestro buen gusto estético y cultural. “¿No te vas de vacaciones?”, pregunto a mi padre. “Sí, a Benidorm con tus tíos”, contesta él, ante mi despreciativa mirada de snob. Y es que, como sigue diciendo mi progenitor, Benidorm es magnífico. La playa, las heladerías por las que ver pasar a las turistas, esas “suecas” que siguen enamorando a nuestros setentones paters, los espectáculos nocturnos en los hoteles, el bingo…

Confieso que me he divertido mucho leyendo este magnífico Ensayo y Error Benidorm. Es este libro de la editorial sevillana Barret, un rompecabezas en el que conviven multitud de voces, y que  recomiendo afrontar, si ello es posible,  libres de prejuicios, y con la mente abierta hacia esta ciudad inclasificable y hortera.

Todo empezó con el sueño de un alcalde franquista, Don Pedro Zaragoza, capaz de enviar una carta a Franco, para pedirle manga ancha con tanta turista en bikini que se comenzaba a pasear alegremente por el pueblo.  Este pasaje, que narra una modista, testigo de cómo cambiaría la vida en este pueblo alicantino, es uno de los más logrados del libro. Un microcosmos de libertad en esa España todavía gris de los setenta.  Salidas nocturnas hasta altas horas de la madrugada, discotecas exclusivas que convivían con la necesidad de acudir al puerto a por agua para surtir a una peluquería.  “Había una que se llamaba Mónica , que un día la cogió un policía y le dijo “no puedes ir en bikini”, y ella contestó: “no, Don Pedro me ha dicho que esta es mi vida y así tengo que ir”.

Porque el despegue de Benidorm, tal y como se narra en el libro, fue una oportunidad de liberación, un empujón para vivir su propia vida para mujeres encasilladas en la misoginia franquista, y hombres que de pronto transmutaron en latin lovers y conocieron las delicias escandinavas. Pero también, Benidorm está ligada a la democratización de las vacaciones, al ocio interclasista, a la diversión sin prejuicios.  Cuando descubrimos que los sesenta son los nuevo cuarenta, hacía décadas que en Benidorm ya lo habían descubierto. En Benidorm convive el jubilado extremeño, y Vladimir Putin, los marines norteamericanos y Manolo Escobar.

Por cierto, el entierro del cantante almeriense es uno de los acontecimientos que definen a la perfección lo que es Benidorm.  Con la presencia de los Reyes de España,  la mayoría de los presentes eran personas mayores; EL Que viva España sonando a todo trapo, y un silencio sepulcral envolviendo ese momento.  Y es que, quizá, el inmortal himno patriótico de Manolo Escobar debería ser, por derecho, el himno oficial de la ciudad. Benidorm es España en estado puro, la España de Alfredo Landa y las suecas, la de las playas masificadas y la de hornadas de viejecitos del Imserso practicando gimnasia en la playa.

Tal vez, querido lector. Después de leer Ensayo y Error Benidorm, convendría  que pasara una temporada en la ciudad alicantina. Quién sabe si no acabaría entonando tostado por el sol y a todo pulmón, está canción:

Benidorm, Benidorm Benidorm,

Tierra de luz y alegría,

quiero correr el rumor,

que si me pierdo algún día,

que me busquen,

en Benidorm.

 

Ensayo y Error Benidorm  (Barret Editores, 2019) | VV.AA. | 199 páginas | 17,90 euros

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