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Verdad

te estan robando el almaMANOLO HARO | El hallazgo de la verdad ha sido la gran obsesión humana desde que razonamos. Los métodos de búsqueda han ido mutando a lo largo de la historia: estrellas, heces, movimientos de animales, comportamiento de las estaciones, etc. Hasta la irrupción de Sócrates en la filosofía occidental y la aparición de los libros sagrados, la humanidad anduvo indagando en la Naturaleza qué sería eso de la verdad. A estas alturas queda más que demostrado que eso que llamamos Verdad hace mucho tiempo que se marchó para Barranquilla y que resulta más probable encontrarla tronchando colillas en el cenicero de una terraza que leyendo la prensa. Pero el buscador es implacable; se retuerce en su colchón por la noche porque espera que la Información (a lo Martin Amis) le asalte en la madrugada. No, no llega. Por eso tal vez haya que sospechar que la verdad hoy día ha de venir por una cauces difusos, escondidos, casi secretos; tal vez con una poética alejada de los formalismos informativos y más cercana al fanzine.
Ian Svenonius sigue esta nueva deriva de exégetas underground que aportan algo de luz al mundo contemporáneo con sus particulares y originales lecturas del mismo. Te están robando el alma se podría tomar como el libro de un majara que no deja de abrazar las teorías conspirativas para explicar nuestra sociedad o, en el peor de los casos, de un provocador al que hay que leer entrelíneas –expurgando humor e ironía– para caer en la cuenta, leídas las algo más de doscientas páginas del volumen, de que nuestro tiempo globalizado es una máquina perfecta para la extracción y jibarización de almas cándidas.
Uno disfruta esta macedonia de intuiciones y ocurrencias deslumbrantes con una sonrisa que oscila entre la carcajada y la mueca. La triada clásica de sexo, droga y rock & roll se aborda aquí en todas sus versiones contemporáneas. Se coloca el centro de la conspiración en el Valle de la Silicona y en las empresas que mayores cotizaciones alcanzan en el parqué mundial. Atando cabos se va perfilando la sombra de una tendencia que, como él aclara, diseñan “los señores de internet”. Lo inmaterial va tomando paulatinamente nuestros hábitos dándoles la razón a los constructores que dibujan apartamentos con habitaciones de cinco metros cuadrados. Apple te ofrece la nube para que guardes lo que quieras; Google, la posibilidad de trabajar en línea; Itunes, la discoteca virtual… Los vestigios de la cultura material, la letra impresa sobre todo, pasan a mejor vida. La cohorte de Ikea completa la doctrina anti-cosa con un “mobiliario nihilista” que planta la semilla de la destrucción del amor (según Svenonius, las instrucciones de montaje de los muebles suecos contribuyen a la disolución de la pareja). Baratijas efímeras sustituyen las posesiones auténticas. Desaparecen los bolígrafos, las teclas, en una anulación silenciosa de la voluntad de los individuos, que ahora se abandonan a lo táctil y a la grabación de audios. A esta línea de análisis se suma el realizado sobre la pareja Wikipedia-Google, que vende una supuesta democratización de la cultura a partir del saqueo de información confeccionada por una plétora de esclavos. Internet es la sublimación de los programas de control mental soviéticos: ahora se tiene una capacidad absoluta de pacificar a la población por medio de sustancias inmateriales igualmente. Tras la Guerra Fría, la educación va abandonando el humanismo; con la ayuda de Wikipedia se alcanza su máxima expresión: se defiende la haraganería, la debilidad, la gratificación inmediata y la falta de profundidad, todos ellos atributos del hombre sin voluntad.
Dejando a un lado el mundo de los señores de internet, también acomete la tarea de exponer cómo la cultura yuppie de los 80 dio la puntilla al vigoroso movimiento musical que en los 60 favoreció la expansión de radios universitarias que apagaban los ecos de la radiofórmula. El college rock (Talking Heads, Violent Femmes, REM) y Jonathan Richman surgieron de ese tronco que la National Public Radio logró gentrificar con el indie, como también se gentrificaron las ciudades. La música es una de las grandes obsesiones del autor como puede comprobarse por su continua presencia en estas páginas. De gran interés resulta su análisis de cómo algunos grupos han desarrollado mecanismos para convertirse en leyenda: dejar un recuerdo histórico para una venta futura, realizar películas y documentales para Netflix y su masivo y pasivo público de pago, y, por último, colocar su música en grandes corporaciones. El caso más flagrante es la Anthology de los Beatles, documental de autobombo y autogestión que buscaba al fan maniaco entre la muchedumbre adormecida. Pero por si fuera poco, también se toca la crisis documental en general. Si durante los 80 y 90 el documental había servido para ofrecer un sesgo de la realidad diferente y poliédrico, el documental testimonial a partir de esa época se iría puerilizando con un pase hipnótico de cabezas pensantes sobre fondos en penumbra. El formato se repetía hasta la saciedad y daba igual si se hablaba de Alejandro Magno, de los Celtics de Boston, de los Apaches o del Ku Klux Klan. Ver para no pensar.
El lector encontrará en Te están robando el alma argumentos bien entretejidos y una invitación para preguntarse al menos si lo que se cuenta aquí es más o menos verdad. Cabe la duda de que no se trate más que de un ingenioso ensayo sobre la clase media mundial y sus hábitos domésticos. No reconocerse en estas páginas sería una prueba fehaciente de que es usted un alienígena.
Te están robando el alma. Contra Ikea, Apple, Wikipedia, el rock corporativo y la depilación púbica (Blackie Books, 2017), de Ian Svenonius | 224 páginas | 18,90 euros  | Traducción de Lucía Barahona

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