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Vivir de glamur

Posadas (1)

ALEJANDRO LUQUE | Cuando uno hunde la mirada en una revista del corazón –cosa que no sucede a menudo, pero que, debo confesarlo, resulta inevitable si cae alguna cerca– se pregunta siempre qué habrá detrás de esas vidas mil veces contadas y fotografiadas. Y no me refiero a qué ocultan esas poses más o menos glamurosas, desafiantes al paso del tiempo; lo que me intriga es su pasado, qué o quiénes fueron esas familias antes de proyectarse públicamente como modelos de elegancia y sentimentalidad, de dónde vienen, cuántas vueltas han dado hasta llegar a cifrar su existencia en exclusivas…

Carmen Posadas ha debido de preguntárselo también alguna vez. Y las respuestas, o al menos las conjeturas que hayan derivado de esas cuestiones, sin duda la han seducido lo suficiente como para inspirarle toda una novela: esta nueva La maestra de títeres, que dedica a una de esas familias, los Calanda. O mejor dicho, las Calanda.

En el centro de la acción se sitúa la protagonista, Beatriz Calanda. Una gran dama de la jet set madrileña cuya peripecia vital, puntualmente registrada en las notarías de papel couché, ha sido una verdadera montaña rusa de enamoramientos, dramas, enredos y maridos, muchos maridos. Siempre que admitamos que cuatro son muchos maridos, claro. En el caso de Beatriz, se desposó sucesivamente de un actor de origen humilde devenido en estrella, un escritor de culto, un aristócrata arruinado y un próspero banquero, de cuyos romances nacieron respectivamente cuatro hijas: María, autoproclamada Tiffany, la romántica; Alma, la bohemia; Herminia, la amante de los números… y la pequeña, Gadea.

El retrato de Beatriz se va dibujando así por reflejo de los personajes que la rodearon a lo largo de los años, maridos, hijas y amistades (sin olvidar aquel novio italiano mucho mayor, Nicolò, que dejó huella indeleble), y al mismo tiempo es ella la que articula y da sentido al clan. No obstante, la escritora nos invita a mirar, como dijimos al principio, qué hay bajo los brillos de lentejuela y las portadas satinadas. Y para ello se remonta en el tiempo, hasta el momento en que la abuela Ina vino de Bolivia con su familia para instalarse en un Madrid de posguerra más animado de lo que suelen mostrarlo las novelas y las películas.

Así, saltando de una época a otra, la autora de Cinco moscas azules y Pequeñas infamias describe cómo ha cambiado la Villa y Corte y sus moradores, desplegando una bien combinada mezcla de elegancia y casticismo. Madrid es aquí mucho más que un simple telón de fondo, y por su geografía cambiante pero siempre entrañable desfilan esas mujeres singulares, condenadas a llevar siempre a más de un hombre desfilando detrás. Incluso vemos alguna celebridad invitada al cameo –esa Lola Flores y esa Paquita Rico– que aportan a la narración tanto color histórico como desenfado.

Claro que no hay familia sin secreto, y el de las Calanda se va desentrañando muy lentamente entre esas idas y venidas en el tiempo, con secundarios convincentes como Perlita y Encho o las hermanas Helena y Teté, las impagables Muñagorri. El nudo de la trama se liberará solo al final, de un modo imprevisible, demostrando una vez más que nada es lo que parece, y acaso menos en el mundo de aquellos que, dándole la vuelta al título de Boris Izaguirre, viven de glamur.

Sí, puede que con La maestra de títeres Carmen Posadas apele al curioso indiscreto que todos llevamos dentro. Pero no lo hace desde la frívola ligereza de los paparazzis, sino desde una literatura exigente y lograda.

Publicado en Mercurio

La maestra de títeres (Espasa, 2018) | Carmen Posadas |  480 pags. | 21,90€

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