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Ya que los muertos viajan deprisa

JOSE TORRES | Confieso que reseñar una novela como Nuestra parte de noche se me antoja complicado, y tengo la sensación de que es imposible constreñir en una breve reseña el universo que Mariana Enriquez despliega en las casi 700 páginas de esta novela sobrecogedora y fascinante.

En principio podríamos calificar la obra de la autora argentina como de una novela de terror. Aquí están, efectivamente, clichés reconocibles del género, con una deuda más que evidente a Stephen King y a las películas ochenteras de terror; la casa encantada, la pandilla de amigos, un oscuro secreto, una secta siniestra, médiums. Pero Mariana Enriquez no ha venido aquí a escribir una novela de terror, o al menos no sólo de terror.

Porque Nuestra parte de noche nos remite no sólo a esa secta siniestra que adora a algo tan genérico  y aterrador como “la Oscuridad”, sino que nos interroga (absténganse pusilánimes incapaces de mirarse al espejo) por nuestra propia oscuridad, aquella que nos hace o nos puede hacer a todos diferentes, que puede desatar esa violencia dormida, esa malignidad que también nos habita, y que preferimos ignorar en nuestro día a día.

También esa oscuridad habita el país donde transcurre la novela. Una Argentina tomada por los milicos, una dictadura militar férrea, que es el escenario perfecto para que la secta de la novela cometa sus tropelías con total impunidad. Porque Nuestra parte de noche también habla de la impunidad del poder, de la sensación de que siempre hay un grupo de intocables que realizan sus tejemanejes sin rendir cuentas más que a ellos mismos. Una parte en particular de la novela resulta sobrecogedora, y nos remite al período más oscuro de las dictaduras latinoamericanas. Se nos muestra la investigación de una periodista, en una fosa común. El dolor de los familiares de los desaparecidos, que navegan como zombies, esperando que la pala de los operarios les devuelva, si no la vida, sí la certeza de que sus desaparecidos se encuentran ahí, y poder despertar al fin de la pesadilla. Pero lo que Enriquez viene a decirnos es que ellos, los familiares, son los verdaderos desaparecidos, espectros cuya alma ya se cobró esa secta que les arrebato a sus seres queridos, y que ninguna excavación podrá hacer que vuelvan a vivir más allá de su locura.

Nuestra parte de noche orbita entre dos personajes poderosos, uno para cada parte de la novela. En la primera parte Juan, el médium a través del que la Secta se comunica con los dioses despiadados de la oscuridad, trata por todos los medios de proteger a su hijo Gaspar, destinado a sucederle, de su destino como medium. En la relación entre padre e hijo, Mariana Enriquez reflexiona también sobre la paternidad, sobre el derecho que tenemos, o no, los padres a dar esa vida si adivinamos un destino doloroso para nuestros vástagos, una herencia  demasiado pesada para sus frágiles hombros. Al auxilio de Juan, despliega Mariana Enriquez una galería de personajes memorables que enriquecen, y de qué manera, la trama; están los miembros de la secta, esas ancianas que nos remiten a Hansel y Gretel, a Blancanieves, a las brujas medievales. En ese sentido es curioso como Enriquez identifica en ellas el deterioro físico con el deterioro moral, como si entregar tu alma a las sombras cobrara un precio de corrupción corporal.

En la segunda parte, la novela se ensombrece paulatinamente. Son estas las páginas de la novela que corresponden a Gaspar, el hijo de Juan, destinado a sucederle en ese trabajo de intermediación con la secta. El mal nunca olvida, y en este desenlace comprobamos angustiados cómo esa máxima se cumple con creces. Pero también, y hablábamos al principio de trascender géneros, Nuestra parte de noche se torna novela de iniciación, novela de formación para un chico al que le queda todo por aprender, y al que, inevitablemente, acompañamos en su descenso a los infiernos.

Nuestra parte de noche es una novela destinada a perdurar, un tratado sobre las sombras del alma humana. Y un recordatorio de que siempre nos acabamos pareciendo a los dioses que adoramos.

Nuestra parte de noche (Anagrama, 2019) | Mariana Enriquez | 667 páginas | 22,90 €

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