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Yo cojo un taxi

Amistad a lo largoEDUARDO CRUZ ACILLONA | “Pasan lentos los días / y muchas veces estuvimos solos. / Pero luego hay momentos felices / para dejarse ser en amistad. // Mirad: / somos nosotros”.

Así comienza el poema de Gil de Biedma que da título a este curioso libro… Acertada elección pues si de hablar de “amistad” y de “nosotros” se trata, nada mejor que nominar la charla con estos cuatro apellidos que tanto bien le han hecho a la poesía en castellano desde las décadas finales del siglo pasado hasta nuestros días y más allá.

Luis y Felipe (permítanme la confianza, pero es que llevo leyendo todo lo que publican desde el siglo pasado) se conocieron hace ya casi cuarenta años y, palabra sobre palabra, como esa bendita antología de poemas de Ángel González, han ido consolidando una amistad a prueba de bombas procedentes en su mayor parte del lado de la sentimentalidad y de la envidia, valga la redundancia.

Cuando en 1980 García Montero (volvamos a las formalidades) publicó su primer libro, el crítico Enrique Molina Campos (Ínsula, Nueva Estafeta, Caracola…) escribió que los dos poetas más interesantes del momento eran el propio García Montero y Felipe Benítez Reyes. En aquel momento, el primero, en vez de seguir los caminos de Góngora y Quevedo y hacer de la poesía un arma cargada en sentido literal, prefirió parecerse a sus maestros del 27 y procurar la amistad de quien podría rivalizar con él en las loas y los titulares de portada de los suplementos culturales del momento. “La poesía nos hizo y nosotros nos juntamos”, confiesa el granadino (García Montero) sobre su relación con el roteño (Benítez Reyes).

Esta amistad se fue consolidando y asentándose sobre tres pilares fundamentales: el respeto, la admiración y la confianza. Ambos compartían con el otro sus escritos, ambos aprovechaban la más mínima oportunidad para elogiar públicamente el trabajo del otro y ambos utilizan con el otro la Literatura a modo de abrazo.

Eso es, ni más ni menos, Amistad a lo largo. García Montero y Benítez Reyes han abierto los cajones y han sacado a la luz textos que se escribieron uno a otro, poemas que se intercambiaron a modo de cartas o que escribieron a cuatro manos, como esa curiosa novela (Impares, fila 13, Planeta, 1996), que empezó como un juego intercambiándose textos a través de disquetes, tal y como lo cuenta, en verso, claro, Benítez Reyes:

En mullido envoltorio va el disquete
con nuevas invenciones y mudanzas
de esta historia cruel de malandanzas
que andamos escribiendo tête-à-tête.

Retratos, divertimentos en verso, aforismos en forma de collage y curiosas fotografías acompañados de buenos amigos: Rafael Alberti, Caballero Bonald, Luis Landero…. Una exaltación de la amistad por encima de todo y de todos. Famoso, y polémico en su momento, es aquel verso de Luis. “Tú me llamas, amor. Yo cojo un taxi”. Ellos han cogido tantos taxis al reclamo del otro que, al final, han considerado mucho más económico que Luis se comprara un chalé en Rota, ciudad natal de Felipe. Allí ha ido creciendo la onda expansiva de la amistad con los nombres de Benjamín Prado, Joaquín Sabina y demás verso libre que da para unos ya tradicionales encuentros veraniegos y literarios en la plaza del pueblo y, seguramente, para otro libro cuando ellos quieran.

Por su singularidad, merece la pena destacar que este libro viene soportado por la Fundación Huerta de San Antonio, una “iniciativa privada sin ánimo de lucro creada en Úbeda” (ciudad natal de Sabina, por ahondar en felices conexiones). Entre sus principales objetivos está la rehabilitación de la iglesia de San Lorenzo, “un templo con más de ochocientos años de historia que, una vez salvado de la ruina, sirve de plataforma de la Fundación para desarrollar múltiples actividades culturales y de carácter social”. Por expreso deseo de los autores, todos los beneficios generados por la venta de este libro irán destinados a la Fundación y a sus proyectos.

Por mi parte, sólo me queda esperar que el lector sepa valorar positivamente el que no haya caído ni una sola vez en toda la reseña en la fácil tentación de utilizar la expresión “tanto monta, monta tanto”.

Amistad a lo largo (Fundación Huerta de San Antonio, 2018), de Luis García Montero y Felipe Benítez Reyes | 160 páginas | 14 euros

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