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¡Aire, aire, aire!

JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ VÁZQUEZ | Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990) es una de las nuevas voces literarias más interesantes en el panorama actual. Se puede considerar esencialmente novelista y tenemos sus novelas No todo el mundo (Sexto Piso, 2023) y Los nombres propios (Sexto Piso, 2021). También ha realizado incursiones en la poesía con un poemario La edad ligera (Rialp, 2021) que fue finalista del premio Adonáis 2020. De igual manera, la podemos encontrar en su faceta articulista y comunicadora siendo una columnista habitual en el suplemento cultural del diario El Mundo y también fue coordinadora de los debates literarios en el programa televisivo Ovejas eléctricas (TVE 2). Además, se dedica a la docencia en talleres literarios y es letrista de canciones destacando su participación en la canción “Décimas para el Guernica” junto a Jorge Drexler. En esta faceta de animadora cultural es la encargada de la sección “Puro cuento” en el programa de radio y podcast independiente Carne cruda. Ha sido profesora de literatura española en Francia en la Universidad de Lorena.

Este año ha lanzado al mercado su última novela Oxígeno en la editorial Alfaguara dejando el mundo de la edición independiente, lo que le ha permitido una distribución más amplia de su obra. Oxígeno podría entrar de lleno en la escritura autobiográfica. La autora narra en este libro un suceso que le ocurrió a ella y a su pareja, Juan. Una tarde de sábado de 2020, 7 de noviembre, cae desmayada en el cuarto de baño por intoxicación por monóxido de carbono debido a la mala combustión de la caldera de su piso alquilado, «la mujer que está tirada en el suelo soy yo». Su novio, Juan, fumador, pudo resistir en un primer momento los efectos del monóxido de carbono y avisar a los servicios de urgencia que los trasladaron a los dos en ambulancia a un hospital donde fueron atendidos y pudieron sobrevivir al accidente.

La trama es inexistente. Es el relato de un accidente que pudo provocar la muerte a dos personas reales, Marta y Juan, que la novelista convierte en personajes de su novela. Es importante destacar esto. Tenemos entre las manos una novela y como tal se somete a las necesidades del género o se desvía cuanto quiere de las imposiciones genéricas. Y sí la trama no existe, la mala combustión de gas, un percance con consecuencias letales en muchas ocasiones, pero no en esta ocasión. Sí los personajes son personas; es  Marta, la mujer y novelista que tuvo secuelas que reparar con la ayuda de un sicólogo, José, y es Juan, su novio en 2020 y suponemos que en la actualidad todavía pareja porque aparece en la dedicatoria del libro. Si los personajes secundarios son una arrendadora americana; los sanitarios Víctor, Ana Belén, Santiago y Pedro que los salvaron y con los que la novelista se entrevistó para rellenar los huecos que no podía recordar, y son personas que podemos encontrar en las instalaciones del SUMA de Madrid; los amigos que se citan en la novela… Son personas y personajes, porque estamos en una novela compleja. Si nos alejamos tanto de la novela, igual no tenemos novela. Pero el libro se encuentra en el anaquel de novedades narrativa… ¿Qué nos queda entonces? Tenemos el relato. La novela es la construcción de ese momento doloroso, es el relato en definitiva lo novelesco pues se construye como una historia de investigación y recuerdo. La novela al fin es el relato.

Y es precisamente en la construcción del relato donde la novela alza su vuelo y nos atrapa, nos engancha en una lectura de la que no queremos salir. Es el modo de contar lo que convierte al texto en una obra intensa. Narrada desde la intimidad, se utiliza la tercera persona para buscar el objetivismo de lo que le cuentan a Marta, persona, personaje, narradora y se intercala la primera persona para contar lo que ella misma recuerda: «Yo no contesté y Juan abrió. Me encontró tendida en el suelo, entre el váter y el arenero del gato».

Pero la novela se utiliza para narrar el momento decisivo de una persona, aquel momento que es el tránsito de la vida a la muerte, un momento fugaz, imprevisible, concluyente. La dificultad de narrar en primera persona lo que hubiera sido la propia muerte se convierte en un relato imposible y por eso te encadena a su lectura porque es un momento que todos viviremos… y por eso es doloroso: «Hoy sé todas las cosas que no habrían ocurrido si me hubiera muerto el 7 de noviembre de 2020. Hay amigos que no hubiera perdido y amigos que nunca habría conocido».

Y al tiempo la novela construye el relato de una generación, la generación millenial. Esta generación se ve caracterizada en los personajes de Juan y Marta. El momento fugaz de la inminente muerte se utiliza para recordar y construir una vida. Así observamos la variedad de parejas, la movilidad tanto en el interior de España como en el extranjero, la precariedad de trabajos y la dificultad de acceder a una vivienda con unas condiciones dignas de vida. Esta dificultad se ve en el desprecio de los arrendatarios hacia sus inquilinos al no vigilar los elementos esenciales de seguridad como una caldera de gas y el largo proceso para poder ganar un pleito.

El tono de la novela discurre en una escala que transcurre entre lo cómico y lo trágico. Así lo luctuoso, «muertes que nos corresponden -nuestra propia muerte- y muerte que no nos tocan» se encadena con lo cómico, «menos mal que me puse unas bragas bonitas anoche, pensé». La muerte y la vida, la muerte y el sexo, «noto como me sube las bragas: el recorrido inverso al habitual». Y así hay que entender el libro como un canto a la vida, ser capaz de construir una nueva persona, de contar una nueva vida, de escribir un nuevo libro, en definitiva, de vivir porque «hay tantas cosas que no puedes hacer si te mueres».

Oxígeno (Alfaguara, Narrativa Hispánica, 2026) | Marta Jiménez Serrano |160 páginas | 18,90 euros.

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