0

Alta literatura (juvenil)

JUAN CARLOS SIERRA | En más de una ocasión le he leído y oído a Care Santos (Mataró, Barcelona, 1970) algo muy revelador que, hasta donde sé, es aplicable al conjunto de su obra, pero especialmente a sus libros juveniles: hay que escribir sobre lo que nadie quiere hablar. La labor de la literatura ha de ser, por tanto, la de poner el foco en esos lugares incómodos que en las conversaciones particulares de sobremesa y en la conversación social general solemos esquivar o, como mucho, tratamos de forma apresurada y superficial.

         Para no faltar a esta premisa, la última novela juvenil de la autora catalana, Laberinto. Lunes, primera de una tetralogía, aborda un tema de esos que consideramos molestos y perturbadores; un asunto que evitaré revelar para no fastidiarle a nadie la lectura, pero sobre todo para no desactivar una de las estrategias narrativas de Care Santos en este libro, la de mantener oculto hasta un punto avanzado del relato el conflicto de fondo, la motivación última del comportamiento de los personajes, la intuición que el lector va construyendo según devora páginas y más páginas en busca de una lógica, de un porqué. Solo creo que me es lícito, por consiguiente, adelantar que este asunto angustioso, desasosegante en esta novela -y me imagino que en el resto de la tetralogía Laberinto– se aborda esquivando la pretendida espectacularidad de lo morboso, de lo truculento.        

Otro de los recursos que contribuyen a que la lectura de Laberinto. Lunes resulte tan atractiva, incluso adictiva, es el hecho de que se trate de un relato coral adolescente. Parece algo natural, y quizá hasta buscado, que se produzca una identificación inmediata del público lector al que supuestamente está dirigida la novela con los personajes que aparecen en ella, pero no perdamos de vista el interés que para cualquier adulto puede suscitar un grupo de adolescentes y sus dinámicas en unas circunstancias tan incómodas como las que se plantean aquí. Y es que, más allá del marchamo de literatura juvenil, Laberinto. Lunes es también apta, y yo diría que necesaria, para todos los públicos, especialmente para el público adulto por varias razones: por interés antropológico, sociológico y sicológico, por la mirada caleidoscópica y sincrónica que procura su coralidad adolescente, y porque se trata principalmente de una buena novela, bien escrita, bien tratada, bien desarrollada, bien documentada,…

Sin salir aún del universo de los personajes que habitan Laberinto. Lunes, habría que destacar que los nombres de muchos de ellos encabezan los siete capítulos de los que consta la novela, pero que los que soportan los papeles protagónicos serán Nayara y Ferran, hermanos de la misma madre, aunque de diferente padre -este asunto parecería baladí, pero…-. Ellos sostendrán más de dos tercios de la narración en tan solo dos capítulos, los que llevan sus nombres. Pero aquí no se trata de una cuestión de cantidad, sino de la construcción, a pesar de su crudeza, de una trama verosímil a través de la elaboración de unos personajes creíbles, que salten por encima de los estereotipos, de los lugares comunes asociados a la adolescencia. Y eso Care Santos lo sabe hacer muy bien, especialmente con Nayara y Ferran.

A diferencia de muchas novelas dirigidas a adolescentes, quienes aparecen en Laberinto. Lunes poseen un perfil propio, profundidad, relieves, contradicciones,… y de manera muy especial, como era de esperar, los hermanos protagonistas. Para que el lector los conozca en toda su complejidad, la autora catalana hace algo a lo que los adultos no estamos muy acostumbrados: le da la palabra a cada uno de los jóvenes que encabezan los capítulos. Será a través de la voz de cada uno de ellos en primera persona como iremos conociendo a los actores de esta novela, y de forma muy especial a Nayara y a Ferran.

Care Santos, para ello, transita por diferentes modalidades textuales que van de las más tradicionales -una suerte de diario mental de los personajes principales- a la más pegada a los usos y costumbres sociales digitales más extendidos -y no solo entre los adolescentes-. Me refiero al whatsapp, ya sea en su versión ¿audio? -capítulos ‘III HÉCTOR’ y ‘IV ABDEL’- o escrita: extensa -capítulo ‘V JULIA’- o breve con el formato visual de la aplicación -capítulos ‘VI THIAGO’ y ‘VII ENZO’-. Resulta curioso, en este sentido, que el peso narrativo mayor lo soporte, de acuerdo también con la importancia de los personajes, el formato textual más clásico. No obstante, en este contexto discursivo hay que apuntar un recurso que se sale un poco de lo esperado y que es un verdadero acierto de Care Santos para que el lector se componga una imagen ajustada de la compleja intimidad de Nayara. Me refiero a la voz interior de este personaje, que como una suerte de desdoblamiento de su personalidad aparece aquí y allá al hilo de la narración que ella misma hace; una voz profunda que interrumpe su relato pero que tiene sentido a propósito de este, una voz entre comillas que incide en la culpa, en la vergüenza, en la infravaloración, en la flagelación,… 

Todos estos elementos textuales, por otra parte, le proporcionan a la novela una estructura ágil, dinámica que, en paralelo a los asuntos centrales de la narración, contagian al acto de lectura. También el tiempo interno del relato, el hecho de que todo se desarrolle en un día y que las secuencias se estructuren en horas y minutos, produce una sensación de dinamismo que se activa especialmente en la velocidad de los acontecimientos narrados. No hay sosiego, no hay tregua. El tiempo y los hechos se suceden manteniendo alerta el interés del lector a lo largo de toda la obra y cumpliendo así otro de los principios narrativos de Care Santos, ese que dice que hay que intentar no aburrir.

Llegamos a esta velocidad al final de Laberinto. Lunes con la impresión de que la narración está cerrada. Sin embargo, se han creado en el lector -al menos en este lector- muchas expectativas. Aún quedan preguntas en el aire que lo dejan con ganas de más.

¿Qué pasó exactamente antes de este lunes en el Parque del Laberinto? A esto le dará respuesta Care Santos en las otras tres novelas que quedan por publicar. Tarea específica del lector será imaginar qué pasará en la vida de Nayara y Ferran tras el día frenético y fronterizo que se narra en Laberinto. Lunes.

Laberinto. Lunes (Edebé, 2026) | Care Santos | 248 páginas | 17 euros

admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *