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Amor, culpa y las grietas del relato

REYES GARCÍA-DONCEL | La última novela publicada por Gregorio Verdugo indaga en los territorios del amor, la culpa y la necesidad de perdón. A través de la trayectoria de una pareja —desde los ilusionantes años del comienzo hasta el desgaste progresivo que conduce a la ruptura—, el autor articula una narración que trasciende lo individual para convertirse en un retrato sociológico y generacional. La España —en concreto la Sevilla, escenario que el autor suele habitar en sus novelas, con localizaciones perfectamente reconocibles— de los años ochenta, atravesada por la transición, el ascenso del socialismo, la incorporación a Europa y las tensiones sindicales asociadas, actúa como un telón de fondo tan esperanzador como contradictorio.

Este marco histórico es algo a lo que Gregorio Verdugo nos tiene acostumbrados pues todas sus obras —quizás por su profesión periodística— tienen vocación de documento. Recordemos ¿Quién mató a Facundo Varela?, centrada en el mundo anarquista de la Sevilla de los años 30; o La casa de los gatos, donde se retratan cuatro generaciones, oriundas de Castilla, pero asentadas también en Sevilla, desde la Restauración hasta la democracia.

La novela adopta la forma de confesión dirigida a la esposa fallecida. Desde su ausencia el protagonista reconstruye la vida compartida: los primeros encuentros, el primer piso alquilado, el primero en propiedad, el matrimonio, la llegada de los hijos… La narración se transforma así de un monólogo a un diálogo entre presente y pasado, entre la voz del superviviente y el mundo espectral de ella donde también irrumpen padres, amigos y otros ausentes. Pero este ejercicio de memoria no es lineal, y sobre todo la lectora lo va percibiendo como no fiable, pues está atravesado por vacíos, dudas y zonas de sombra. Una memoria frágil, movediza, capaz de reinventar lo vivido se erige en uno de los pilares del relato.

El personaje protagonista, construido con un carácter inestable y proclive a los excesos, encarna perfectamente las fisuras de su tiempo. Oscila entre la euforia y la apatía, entre el compromiso ideológico y la huida hacia adelante en forma de adicciones y derivas personales. Su confianza en el ascenso social mediante la educación —que persigue con esfuerzo formándose en Periodismo mientras trabaja— acaba transformándose en desencanto al percibir ese modelo como una extensión más de las mismas estructuras capitalistas que pretendía cuestionar. Frente a él, la figura femenina, a la que conocemos siempre filtrada por su mirada, se erige como eje moral y emocional de la historia.

Desde el punto de vista formal, Verdugo apuesta por una prosa sobria, elegante, de gran potencia visual, que por momentos se tiñe de lirismo siendo capaz de convertir lo cotidiano en materia literaria. En su cuidado minucioso del lenguaje, nos ofrece una narración donde no faltan las reflexiones y descripciones capaces de construir un universo propio en el que sumergirse. La primera persona fluye con naturalidad, arrastrando sin esfuerzos a la lectora al interior de la mente del protagonista.

Sin embargo, el mayor hallazgo se reserva para el desenlace y entonces lo que parecía una confesión sincera, se transforma en un ajuste de cuentas que desplaza el sentido de todo lo leído y abre una grieta inquietante sobre la verdad del relato, de cualquier relato, cuando es contado desde un único punto de vista. En ese juego de perspectivas, Redención plantea una pregunta esencial: ¿cuántas historias aceptadas como válidas están construidas desde una sola mirada? Parece que el autor nos da una pista mediante la cita inicial de Gonzalo Hidalgo Bayal: «…no en vano el relato endereza los hechos, los enmienda y los sostiene». 

Sin ofrecer respuestas concluyentes —no es el objetivo—, Verdugo nos propone una exploración honesta de las relaciones humanas, de sus desgastes y de sus zonas de sombra. Es una novela de lectura ágil, pero de resonancias humanas profundas que invita a implicarse en las vivencias de sus personajes y a reflexionar sobre la construcción que haceos del pasado en nuestra memoria, en la que la culpa se adhiere como un sedimento tenaz, y el perdón se revela como la única forma de supervivencia.

Al mismo tiempo, Redención canta una elegía a esa generación bisagra entre dos tiempos, la que quiso cambiar el mundo y terminó enfrentada a sus contradicciones, tanto propias como de la situación política que le tocó vivir.

Redención (Extravertida Editorial, 2025) | Gregorio Verdugo | 188 páginas |19,00 euros

admin

2 comentarios

  1. Muchas gracias por tan hermosas palabras. Has hecho una lectura de la novela propia de una gran escritora como tú. Un abrazo.

    • A tí por escribir esta novela. Nos veremos para comentarla. Un abrazo

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