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Antecedentes de la Operación Gladio (y fin de una trilogía)

LUIS ANTONIO SIERRA | Tras la Segunda Guerra Mundial y la guerra civil en Grecia, lo inimaginable se tornó realidad, es decir, los derrotados en la Guerra Mundial – los nazifascistas – se proclamaron vencedores tras la guerra civil con el apoyo, paradójicamente, de muchos de los países que los hicieron caer en la conflagración mundial. Así pues, aquellos partisanos griegos – mayoritariamente comunistas – que colaboraron con los aliados para expulsar a los nazis del país heleno, de la noche a la mañana se convirtieron en el enemigo a batir ya que sus ideas terminaron por representar, para las llamadas democracias occidentales capitalistas, una gran amenaza, esto es, la posibilidad de que los regímenes comunistas se extendieran por Europa. Y es que, ya se sabe, la política hace extraños compañeros de cama.

Años más tarde, la CIA, el MI6 y la OTAN aunaron esfuerzos en la creación de una red terrorista que se extendió por todo el continente europeo con el fin de frenar el avance de distintos movimientos y partidos de izquierdas que apuntaban a ganar las elecciones democráticas en distintos países. Esta conspiración secreta, conocida como Operación Gladio, también promovió golpes de estado como, por ejemplo, el que se dio en abril de 1967 en Grecia – otra vez el país heleno – un mes antes de las elecciones generales y para las que todas las encuestas pronosticaban una victoria aplastante de la coalición progresista, Izquierda Democrática Unida.

El libro que cierra la trilogía que Theodor Kallifatides dedica a su infancia y juventud, Una paz cruel, tiene mucho que ver con lo que acabamos de mencionar, con esa posguerra en la que los vencedores, los fascistas, imponen el terror sobre los vencidos, hayan estado directamente implicados en la lucha o no. Esta situación es un calco – quizás algo menos trágico – de la España de posguerra en la que los franquistas, con la connivencia de las potencias liberales europeas y los Estados Unidos, dedicaron todos sus esfuerzos a borrar cualquier rastro de oposición republicana de izquierdas. Solo basta recordar que entre 1939 y 1949 Franco fusiló a unas 40.000 personas, según las investigaciones del historiador José Álvarez Junco. Probablemente, los militares griegos tendrían como modelo ejemplar al dictador Francisco Franco.

No solamente sufrieron represalias los partisanos que lucharon por la libertad y el progreso en Grecia, también quienes, como el maestro en Una paz cruel, comulgaron con esas ideas de izquierdas. Estos individuos fueron condenados al ostracismo, lo cual implicaba falta de trabajo, penurias económicas, infravivienda y, en ocasiones y cuando la situación llegaba a ser insostenible, renuncia a los principios por un pedazo de pan. La Atenas a la que los personajes de la novela llegan desde Yalos, su patria chica, forzados por la destrucción y la pobreza en su localidad de origen, es una ciudad repleta de desharrapados, de desheredados, de exiliados forzosos en busca de un futuro. Y lo que encontrarán allí será más represión, condiciones de vida insoportables, más infraviviendas y muy pocas posibilidades reales de vivir dignamente. Solo quienes comulgaban y colaboraban con el régimen – y no todos – tenían ciertas posibilidades de progresar.

La pérdida está muy presente en el ambiente en el que se mueven los personajes; no solo la relacionada con la ausencia forzada de amigos y familiares antes, durante y después de los conflictos armados por los que transcurre la novela, sino también la que tiene que ver con el desarraigo, con la desconexión respecto a las raíces más profundas. Ambos aspectos de esta idea de la pérdida permanecerán de modo indeleble en la conciencia de los personajes de Kallifatides y marcarán sus vidas de manera trágica.

Sin duda, la fuerza de la narración del autor sueco-griego reside en el potencial narrativo de las historias que nos pone delante, el día a día de sus personajes lleno de esperanzas, pero sobre todo de frustraciones materiales. Las inmensas dificultades de los jóvenes para continuar sus estudios, para encontrar un trabajo digno, la censura y el control con tintes mafiosos ejercido por el ejército y la policía sobre la población, la revueltas obreras que reflejan la frustración de la clase trabajadora, todo ello imprime esa fuerza narrativa que Kallifatides diseña, primero, y describe, después, haciendo grande el género literario y, al mismo tiempo, provocando que lo individual trascienda hacia lo universal y así seamos capaces de empatizar con los personajes que atraviesan la novela y, al mismo tiempo, podamos aprender una lección de esas que son convenientes no olvidar para no repetir.

Una paz cruel. (Galaxia Gutenberg, 2024) | Theodor Kallifatides |Traducción de Carmen Montes Cano y Eva Gamundi Alcaide | 224 páginas | 19 euros.

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