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Aquí se habla de todo

LUIS ANTONIO SIERRA | La sabiduría popular es, en ocasiones, muy acertada con sus sentencias. Y hay una que dice que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. A veces, en la literatura se cumple esta máxima, aunque no siempre sea así. Cuando se da, se suele apreciar la capacidad de síntesis del autor o autora no solo en la extensión de la historia, sino también en la virtud de elegir un lenguaje que condense las ideas, un léxico que vaya al grano y no se utilice para divagar y divagar y llegar al mismo sitio después de una gran cantidad de páginas.

Es así como el serbobosnio Mesa Selimovic trabajó con las palabras en La isla, y que su traductor, Miguel Roán, ha tenido la capacidad de trasladar al español sin perder, aparentemente, ni un ápice de calidad si nos atenemos a lo que quienes saben de esto del arte de la traducción han dicho. La historia que nos cuenta es, en principio, bien sencilla: tenemos a un matrimonio que decide irse a vivir a una isla apartada del mundanal ruido. Dicho así, no parece muy atractiva la idea de ponerse a leer esta novela. Pero si les dijera que en poco más de doscientas páginas Selimovic es capaz de ponernos frente al espejo de muchos de esos asuntos por los que la filosofía se ha preguntado a lo largo de la historia de la humanidad, quizás la cosa cambie y nos entre el gusanillo de la lectura, de querer saber qué nos quiere contar el autor. Eso sí, si nos embarcamos en la lectura de este libro, tenemos que hacerlo con los cinco sentidos. Hay que paladear cada frase, exprimir cada palabra, leer sin prisa porque en muy poco se dice mucho. La isla no es de esas novelas que, si desconectas, puedes volver a coger el hilo sin dificultad. Al contrario, es una novela exigente, aunque agradecida en última instancia.

Si entramos en el contenido de La isla, encontraremos historias que pudieran parecer inconexas, pero que poco a poco dejan de aparentarlo. Hay, incluso, cierto toque onírico que va y viene en ocasiones y que sorprendentemente es necesario en algún momento para dar sentido a las tribulaciones del matrimonio protagonista. Asimismo, gracias a dichas historias vamos descubriendo su pasado, las razones que los han llevado a tomar la decisión de mudarse a vivir a la isla – decisión, todo sea dicho de paso, motivada fundamentalmente por él –; razones muchas de ellas directamente relacionadas con el devenir histórico y político de la región balcánica en la que, sobre todo él – de nuevo –, se vieron envueltos.

Por otro lado, y entroncando con lo que mencionábamos unas líneas más arriba sobre las grandes cuestiones de la filosofía, Selimovic utiliza a sus personajes para reflexionar sobre asuntos como la muerte, la familia, las relaciones sociales tanto incluyentes como excluyentes, el amor en su dimensión filial y de pareja, la soledad o la vejez. Y lo hace de manera magistral, dando donde más duele, provocando desasosiego en el lector y llevándolo a reflexionar más allá de las páginas de la novela.

Es un acierto que celebramos que Automática Editorial haya decidido recuperar esta obra y ponerla a disposición del lector hispanohablante. La labor que realizan estas editoriales independientes en el ecosistema del pensamiento es impagable ya que se dedican a descubrirnos textos que los grandes conglomerados editoriales no publican por su falta de rentabilidad o por estar destinados a sectores minoritarios que a estas corporaciones no les interesa dar pábulo por cuestiones ideológicas y no solo pecuniarias. Gracias a la valentía de las editoriales independientes (publicar este tipo de libros es casi un acto heroico) podemos seguir alimentando nuestro alma – si es que eso existe –, aprendiendo y aprehendiendo conocimiento, perspectivas y visiones del mundo que la censura de las grandes editoriales nos hurtaría.

La isla. (Automática Editorial, 2025) | Mesa Selimovic | Traducción de Miguel Roán | 214 páginas | 20 euros.

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