
ALEJANDRO LUQUE | ¡Ave, público lector! Mercedes Escolano es una autora que hemos reseñado con frecuencia en Estado Crítico. Por ser geográficamente cercana, por el hecho de que varios estadistas nos sentimos vinculados afectivamente a ella, pero sobre todo por ser una poeta interesante, que siempre tiene algo que decir, aunque –como es natural en una producción extensa– no todos sus libros están a la misma altura.
En lo que a mí respecta, me interesan en especial de ella varios aspectos, desde su conexión con tradiciones diversas (Las bacantes, Felina calma y oleaje) a su elegante coquetería (el inolvidable Malos tiempos), pero sobre todo su uso de la ironía e incluso el humor sin pasar por chistosa, que es lo mejor que se puede hacer cuando se manejan materiales tan inflamables. Es por eso que me hice cuanto antes con un ejemplar de esta nueva obra, Cincuenta epigramas, que nos propone el doble atractivo de una Escolano en plena madurez (parece mentira, pero está recién jubilada… ¡todo llega!) con la elección de la sátira como herramienta retórica.
Que la autora elija las formas y modos clásicos para vestirse de romana no es nada nuevo. En la poesía gaditana otros antes que ella, como Fernando Quiñones o Pilar Paz Pasamar, jugaron con estos disfraces que en la ciudad trimilenaria son de lo más naturales, pues vivimos convencidos de ser orgullosamente medio parientes de Columela y de Balbo el Menor. Pero hay algo más: en este poemario, Mercedes Escolano dirige sus dardos al mundillo literario, esto es, a reírse de él.
Para mí, es un ejercicio del máximo interés, en parte por el efecto desinfectante que tiene el humor sobre cualquier superficie intelectual sobre la que caiga y se frote, pero también porque, precisamente porque la conozco desde hace años, me consta que Mercedes Escolano se ha tomado la literatura, y más en concreto la poesía, muy en serio, de modo que disparar contra la tribu de los letraheridos (aunque ella se haya mantenido higiénicamente a distancia de los focos de poder) supone, en cierto modo, disparar contra sí misma, estar dispuesta a reírse de la propia solemnidad, de la propia vanidad o de la propia ambición.
Me resisto a copiar aquí algunos textos, porque no quiero estropear al lector las desopilantes sorpresas que reserva este librito, y también porque le he prometido a Juan Carlos Sierra, editor de Estado Crítico, que le enviaría esta reseña lo antes posible, y no tengo tiempo que perder. Me limitaré a decir que me lo he pasado muy bien saltando de un epigrama en otro, que me ha gustado reconocer la voz de Mercedes en cada uno de los versos (y lo digo de forma literal: en mi cerebro, cuando la leo, es ella la que habla) y en definitiva me ha gustado revolcarme un poco, solo un poco, en el barro mezclado con tripas de pescado de la poetambre latinizante que se nos retrata, y decir sí, así hemos sido, así seguimos siendo quizá, pero al menos nos reímos, y cada risa nos salva de volvernos completamente imbéciles.
Me gustaría acabar de un modo redondo esta reseña, con una expresión latina, por ejemplo, pero aprobé la asignatura de 2º de BUP copiando y dice Juan Carlos que se me acaba el tiempo, así que ¡vale!
Cincuenta epigramas (Ediciones del Genal, 2025) | Mercedes Escolano | 64 páginas | 12 euros