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Brindis con agua

ALEJANDRO LUQUE | El 3 de enero de 2026, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro Moro, fue secuestrado (en Wikipedia dicen “extraído”) junto a su esposa, Cilia Flores, por un comando de élite bajo las órdenes del mandatario estadounidense Donald Trump. En apenas 40 minutos, toda su guardia pretoriana fue abatida antes de ser trasladado, en medio de un dispositivo de alta seguridad, hasta Nueva York, donde será juzgado por vínculos con el narcotráfico. Maniatado y con los ojos vendados, la imagen del heredero del chavismo resultaba impactante. Un tipo histriónico y grandilocuente, aficionado al béisbol y al rock –había tenido su propia banda, Enigma–, que pasó de ser conductor de Metrobus a guardaespaldas, hasta escalar la cima del poder de su país… Sí, ahí había sin duda una novela. Pero no la que ha querido escribir Jaime Bayly.  

El escritor limeño ha revelado en los últimos tiempos un creciente interés por la novela inspirada en hechos reales. Si en su anterior entrega, Los genios, recreaba la amistad entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, rota para siempre por un asunto de faldas, en Los golpistas su campo de trabajo es el régimen bolivariano de Hugo Chávez, y en concreto un hecho trascendental: el golpe de Estado que un grupo de militares dio en Caracas en 2002, en el tercer año de presidencia de Chávez. ¿Qué ocurrió en aquellos dramáticos tres días? ¿Qué mecanismos y tensiones se pusieron en marcha? ¿Quiénes fueron los actores principales y secundarios de aquella trama?

Diré, de entrada, que el planteamiento se me hacía temerario, y no solo por la dificultad que entraña siempre novelar hechos históricos de manera verosímil. Aunque confío en el oficio de Baily, su distancia ideológica con el chavismo y el castrismo, por no hablar de franca aversión hacia las izquierdas latinoamericanas en general, me planteaba dudas sobre el resultado de esta aventura narrativa. Y, en efecto, el comienzo de la obra presenta a unos personajes más bien caricaturescos que se debaten entre ejecutar a un no menos caricaturesco Hugo Chávez, o deportarlo a La Habana para que su mentor Fidel Castro lo acoja entre sus brazos.

Sí, cuesta un poco entrar en el juego que nos propone el peruano. Pero si uno avanza en la historia, y vence ese escepticismo inicial, el juego empieza a ser divertido. Jaime Bayly maneja la suficiente información para armar un escenario convincente, que se mueve entre las intrigas del golpe y los flashbacks ilustrativos del pasado de Chávez. Cuando queremos darnos cuenta, estamos atrapados en una situación que antes he llamado dramática, pero que por obra y gracia del talento literario se convierte en un desopilante sainete.

Eso aunque Bayly se permita notables licencias, como poner en boca de Fidel Castro la frase “la democracia es una mariconada que inventaron los yanquis, Hugo. Yo no creo en esa vaina”, o esta otra: “Yo llevo treinta y cinco años singándome al pueblo hembra cubano, y pegándole cuando no se deja singar. ¿Y quieres que te diga una cosa? ¡Les encanta que me los singue y que después les pegue, coño!” Tampoco escatima pullas contra Chávez, a quien ridiculiza una y otra vez subrayando el hecho de que no supiera nadar, e incluso lo pinta orinándose encima de miedo. El retrato de Maduro, por cierto, es aún más humillante.

Hasta nos hace sonreír el novelista con la aparición en escena del “periodista Jaime Baylys” (no, no hay disfraz que tape menos que esa ‘s’ minúscula) en una entrevista con el mismísimo Chávez, vía satélite, en la que ambos se tutean alegremente y brindan con agua. Esto último no aparece en la novela, pero puede verse en la grabación colgada en Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=xGzRRZmxjvI) y completa muy bien el extracto volcado en el texto. Las caras irónicas de Bayly ante algunas respuestas, todo un poema, son las que imaginamos habrá puesto, un cuarto de siglo después, escribiendo Los golpistas.

Lo bueno o lo malo de las novelas basadas en hechos reales, es que no hay sorpresas en el desenlace. Por increíble que parezca, los milicos alzados se hicieron tanto la picha un lío entre sus propias ambiciones y el temor a dar algún mal paso irrevocable, que no pudieron sino asumir la vuelta a la presidencia de Hugo Chávez, al que solo un cáncer pudo despojar del poder. Bayly, listo como él solo, logra que releamos todo aquello en esa zona en que la ficción y la realidad se abrazan. ¿Quién destrabará ambas en el caso de Maduro? ¿A qué género pertenecerá la novela de Delcy Rodríguez?            

Los golpistas (Galaxia Gutenberg, 2026) | Jaime Bayly | 240 páginas | 19,50 euros

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