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Cajón (flamenco) de sastre

EDUARDO CRUZ ACILLONA | Más allá de su oficio, conocido y reconocido, de novelista, Montero Glez se despacha semanalmente con la publicación de piezas varias (artículos de opinión) en medios como El País o La Sexta. En ellos aborda temas de índole estrictamente cultural, aunque mezclados, según el caso, y con más que hábil maestría, con asuntos relacionados con la ciencia o la actualidad.

En el caso que nos ocupa, Papelillo Editorial ha tenido el acierto y buen ojo de seleccionar algo más de medio centenar de dichos artículos, que giran fundamentalmente en torno a la cultura (música, libros, revistas, cómics, conciertos, autores, etc.) y a las experiencias vitales del propio autor.

Todo lo impregna con pedazos de su memoria, de sus recuerdos, a su preciso y subjetivo punto de vista porque “ya sabemos”, dice, “que se puede mentir de muchas formas, y que la más repugnantemente de todas es contar la verdad”. O, como dice, de manera igual de explícita, Clarice Linspector, “Voy a crear lo que me ha sucedido”.

Sus textos transitan entre los Jereles (Jerez) y los interneles (internet), entre el Candela (Madrid) y la Venta de Vargas (San Fernando, Cádiz), entre los achares (celos) y las duquelas (preocupaciones), entre Paco de Lucía y Mario Muchnik, pateando en su juventud las aceras de Cuatro Caminos que nunca llegaban a Roma pero sí a Malasaña.

En estos artículos, y me apropio de una frase suya y se la aplico, Montero Glez “se pelea con el duende, a la manera lorquiana, es decir, al borde de un pozo ciego”. Y trata con el mismo tino y precisión el relato vivencial del cantaor el Torta (“La resurrección de Juan Moneo, el Torta») como hace referencia a un recital de poemas de Patti Smith (“Andrew Wylie, el agente punk”), de quien dice que era una mezcla de Rimbaud y Keith Richards

Una expresión que utiliza con asidua frecuencia el autor, tanto en estos como en otros escritos,  es la de “hundir tecla”, refiriéndose a la acción de trabajar con máquina de escribir u ordenador. Sin embargo, yo cada vez estoy más convencido, y estos artículos vienen a afianzarme en mi sospecha, de que Montero Glez, para escribir sus textos, ya sean novelas o artículos, utiliza el cajón flamenco. Sus textos tienen un ritmo, un compás que sustenta las palabras y las enriquece con una cadencia que ser cuela en el cerebro como un cante por Camarón o un solo de saxo de Charlie Parker. No hay más que coger algunos textos al azar de este libro y leerlos en voz alta. Ahí hay literatura y música. Y una experiencia más que recomendable para el lector.

Por último, no quiero dejar de mencionar la acertada labor de los editores de Papelillo, quienes, más allá de las típicas funciones a las que les obliga el cargo, se han trabajado un par de índices temáticos, uno onomástico y otro de referencias culturales, que ayudarán al lector a tener rápidamente localizados esos libros que, después de la lectura de este, querrá leer, esas canciones que querrá escuchar y que forman parte indisoluble de No soy Enrique Vila-Matas ni, añado yo, falta que le hace.

No soy Enrique Vila-Matas (Papelillo editorial, 2025) | Montero Glez | 288 páginas | 20 euros

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