0

Cien años de compañía

EDUARDO CRUZ ACILLONA | Confieso que uno de mis pequeños placeres cotidianos es recibir cada noche en mi buzón de correo electrónico el boletín diario de la revista The New Yorker. Es una manera muy agradable de acabar el día acompañado de ese aristócrata de chistera y monóculo y esa mariposa que siempre le ronda, convertidos ya en auténticos iconos de la cultura norteamericana.

The New Yorker cumple este 2025 cien años y la editorial Libros Walden ha tenido el acierto de rescatar un texto publicado originalmente en 1959 y firmado por James Thurber, uno de los más estrechos colaboradores de Harold W. Ross, fundador de la revista, y editor de la misma durante varios años.

Mis años con Ross abarca un periodo temporal de treinta años, desde la fundación de la revista hasta el fallecimiento de su creador. Con la intención de dejar constancia escrita de su relación con Ross, el autor convierte este libro en una especie de triple biografía: la de su jefe y amigo durante los mencionados treinta años, la suya propia y la de una revista que nació con la intención de ser diferente y que, con el tiempo, se ha convertido en una referencia prestigiosa e imprescindible en eso que se ha dado en llamar cultura occidental.

Lejos, así, del estricto género biográfico, Thurber renuncia a la mera secuencia cronológica de la historia. Su criterio a la hora de escribir inclina la balanza por el peso de los recuerdos y la asociación de ideas, agrupándose naturalmente por temáticas. Esta estructura le confiere a la obra un carácter más íntimo, más cercano, como una charla informal en la que unas anécdotas van dando paso a otras, y estas a reflexiones generales sobre el mundo de la edición, del arte, de la literatura, de la vida neoyorkina, etc., más allá de la fecha exacta en la que acontecieron.

Son cuatrocientas páginas que, a priori, podrían parecer excesivas pero que, a medida que se avanza en su lectura, crece la certeza de que van a saber a poco, y que cuatrocientas más podría ser algo muy razonable para la talla del personaje principal de este libro. En ese sentido, abro paréntesis, la propia revista The New Yorker acaba de publicar, en su número del pasado 12 de mayo, un extenso artículo firmado por el periodista Anthony Lane (“The battling memoris of The New Yorker” / “Las batalladoras memorias de The New Yorker”) en el que da cumplida y completa cuenta de todos los libros publicados hasta el momento sobre la historia de la revista.

Harold W. Ross fue todo un personaje. Culto, obsesivo, caótico, radical, tierno a su pesar, generoso, exigente, derrochador de talento, estrambótico (“Maldita sea, Thurber, Inglaterra y tú me tenéis preocupadísimo”)… En definitiva, un personaje al que cualquiera podría odiar con un amor incondicional. Un ser adorado y un auténtico genio (con el inevitable peso ciclotímico que eso conlleva), un editor con el que, cualquiera que nos dedicamos al noble oficio de juntar letras, nos hubiera encantado trabajar. Para nosotros, y para todo aquel que sienta cierta simpatía por nuestros asuntos, por el periodismo y por el mundo editorial, este libro se hace más que recomendable. 

Mis años con Ross (Libros Walden, 2025) | Traducción a cargo de Manuel Moreno | James Thurber | 380 págs. | 18€

admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *