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Crónica moral de una ciudad en transformación

REYES GARCÍA-DONCEL | En Con la noche a cuestas Manuel Ferrand compone un penetrante retrato psicológico y sociológico de la Sevilla de los años sesenta, una ciudad en plena expansión urbanística. La novela sitúa en el centro de la narración a personajes humildes, de vidas aparentemente irrelevantes: un guarda de obra, un sereno, un portero… para convertirlos en actores, y a la vez observadores privilegiados, de esta sociedad en transición. Todos ellos tienen en común el que se debatan entre un pasado que se desvanece y un futuro todavía incierto. Ferrand construye un lúcido retrato de la soledad, el desarraigo, las ilusiones truncadas… y también de las posibilidades de enriquecimiento para los listos, los que saben aprovechar el cambio, como Fede el portero, o Florencio el paisano del pueblo. Tirso, guarda nocturno en una obra, encarna con especial intensidad el drama del desarraigo. Como tantos españoles de esa época, ha abandonado el campo empujado por la modernización agrícola y el paro rural, y llega a la ciudad cargado de nostalgia, torpeza social y una sensación de extrañeza que nunca logra disipar: «En el cuarto no se notaba cuándo estaba lloviendo ni cuándo hacia viento. Qué distinto del campo…». Huraño, desconfiado y resignado, contempla la realidad con una mezcla de dureza y abatimiento. Frente a él aparece Castro, el sereno, más empático y emotivo, incluso un poco poeta, y amante de la noche: «La noche al aire libre era su mundo, un mundo gatuno de allí voy y aquí me quedo», que actúa como contrapunto humano y ético de Tirso. La relación entre ambos personajes opuestos sostiene gran parte de la riqueza psicológica de la novela.

El detonante argumental es sencillo y a la vez muy eficaz: Tirso encuentra una cartera con doce mil pesetas. A partir de ese hallazgo, Ferrand despliega un conflicto moral que trasciende el dinero. Entregarla a la policía supondría exponerse a una autoridad que teme; quedarse con ella le permitiría satisfacer pequeños deseos, como comprar una radio que alivie sus interminables noches de trabajo: «…estaba solo y despierto, y con la soledad los pensamientos se agrandan y se apoderan de uno como una pesadilla». Esa disyuntiva sirve al autor para explorar la conciencia de un hombre vulnerable y para reflexionar sobre la ética cotidiana en una sociedad marcada por las desigualdades y la precariedad.

Desde una prosa claramente realista, Ferrand nos ofrece un minucioso retrato sociológico de la Sevilla del desarrollismo. Para ello se sirve de los recorridos por el barrio que Castro realiza durante la noche, o bien por los pisos cuando casi mendiga el cobro de su sueldo de vigilante, desplegando así un auténtico catálogo de la vida urbana de entonces: las nuevas viviendas, las modas, los oficios emergentes y las aspiraciones de una clase media en ascenso, donde prosperan quienes saben detectar y aprovechar las oportunidades que ofrece el nuevo orden económico.

Sin embargo, Ferrand no idealiza esa modernidad. Bajo la apariencia de progreso afloran sus grietas, entre ellas la corrupción simbolizada por las construcciones que amenazan ruina debido a la mala calidad de los materiales; así como el contraste hiriente entre la pobreza y enfermedad de Tirso y el ocio despreocupado de los nuevos ricos. La modernización aparece, pues, levantada sobre unos cimientos moralmente precarios. Y no se priva de realizar una crítica a su ciudad, Sevilla, en boca de uno de los personajes que alberga el barrio: «Ésta es la capital de la tauromaquia, la metrópoli de los grandes cortijos, la tierra del olé con olé. ¿Se da usted cuenta? Ya puede venir lo que venga, que esto seguirá igual»,como una ciudad anclada en el pasado, con fuertes reminiscencias del antiguo régimen y escasas esperanzas de cambio.

El autor escribe con un estilo sobrio y preciso, de gran eficacia narrativa, y capaz también de alcanzar momentos de notable lirismo, especialmente en las descripciones de la noche y las madrugadas sevillanas, convertidas en grandes protagonistas del relato: «Hora de destemplanzas, en que las estrellas se van borrando poco a poco, (…) Hora de escalofríos definitivos, de huesos traspasados, de lividez, de estómago vacío».

Recuperada ahora por El Paseo Editorial con motivo del centenario de Manuel Ferrand, Con la noche a cuestas —galardonada con el Premio Planeta 1968 cuando el certamen conservaba todavía cierto prestigio literario— demuestra la vigencia de una obra arraigada en su tiempo, pero capaz de interpelar a una lectora contemporánea. Más que un simple retrato de época, la novela se revela como una reflexión sobre los costes humanos del cambio social y sobre la fragilidad de quienes quedan atrapados en sus márgenes. Una obra que, más de medio siglo después, continúa interpelando a las consciencias.

Con la noche a cuestas (El Paseo Editorial, 2025) | Manuel Ferrand | Prólogo de Fran G. Matute | 19,19 € | 192 páginas

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