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Cuidado con el viento

EDUARDO CRUZ ACILLONA | De un tiempo a esta parte, las mesas de novedades de las librerías se han visto inundadas por el género de la autoficción, la narrativa del yo, el yoísmo, el yomimeconmigo, llámenlo como quieran. O háganlo, de manera muy precisa, como Juan Bonilla: el síndrome del yo-yo.

Todo son experiencias personales, vivencias más o menos traumáticas, recuerdos edulcorados y anécdotas convertidas en categoría de hechos universales. Y está bien que así sea. De hecho, el género nos ha brindado grandes títulos y mejores lecturas en los últimos años. Pero ante tanto mirarse en el espejo, se agradece que surjan voces diferentes que recuperan la sana costumbre de perder la mirada en el horizonte. Y en el caso que nos ocupa, el de la autora argentina afincada en Cataluña Silvana Vogt, un horizonte como el de su pampa natal, tan cercano y tan infinito como el del océano, tan folio en blanco lleno de posibilidades de ser aderezado de calificativos, tan invitación a la elucubración, a la ensoñación, a la fantasía.

Morteros es un municipio de la provincia argentina de Córdoba. Allí nació la autora. Y, con el transcurrir del tiempo, Morteros se ha convertido en protagonista indiscutible de El fino arte de crear monstruos, su segunda novela. A partir de una sucesión de escenas cortas, Morteros se nos dibuja a través de la mirada de una niña llamada Vidria (el lector de la novela ya descubrirá el porqué de semejante nombre) quien, en contraposición al Licenciado Vidriera de Cervantes, atesora y contagia un ansia desmedida por vivir, por conocer. Es a través de ella, de su forma de narrar con inocencia y humor a partes iguales, que vamos conociendo la ciudad. Y desde el primer capítulo nos damos cuenta de que nos encontramos ante algo fuera de lo normal, extraordinario. Lo que para el común de los mortales serían hechos paranormales, en Morteros todo se vive con cotidianeidad y normalidad. Así, se produce una gran inundación, los féretros salen del cementerio y los niños los utilizan como barcos para sus carreras y sus batallas navales. Y eso es sólo el principio.

La autora da vía libre a la imaginación y nos regala una novela donde el realismo mágico, el humor y la inocencia se dan la mano. Como si García Márquez y José Luis Cuerda se hubieran puesto de acuerdo en escribir a cuatro manos la infancia de una niña que contagia su alegría, su optimismo, sus miedos y sus anhelos.

El fino arte de crear monstruos es un tesoro literario, una joya de la ficción, una lectura obligada para aquellos lectores que siguen deseando habitar otros mundos, aunque estén en este. Mundos donde todo es posible y donde cualquier alteración de lo estrictamente convenido es parte de su día a día. “Cuidado con el viento”, me advirtió la autora antes de comenzar la lectura de la novela. Y con el agua y con el fuego, añadiría yo. Bienvenidos a Morteros. Pasen y lean.

El fino arte de crear monstruos (H&O Editorial, 2025) | Silvana Vogt | 138 págs. | 18€

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