
ALEJANDRO LUQUE | Si fuera una película, sería una producción europea. Eso seguro. Uno de esos filmes que no parecen tener prisa por contarnos una historia, que incluso juegan con nuestra paciencia, acostumbrados como estamos a los ritmos hollywoodienses: una escena, un avance en la trama. Esto es otra cosa. Absténganse espectadores sobreestimulados o perezosos.
A Laurent Mauvignier le han dado este año el premio Goncourt, pero mientras llega su novela ganadora he querido ocuparme de su último libro publicado en España. ¿Cómo, no saben quién es Mauvignier? A mí me lo descubrió Rafael Chirbes, que tenía muy buen olfato para estas cosas. El francés había escrito una novela sobre la guerra de Argelia, Hombres, que no se parecía a nada de lo que habíamos leído antes del tema. Era buena, muy buena. A esta le siguieron Aprender a terminar, En la turba, Alrededor del mundo… Y en todas, el tipo demostraba saber de qué va esto de escribir. Sin repetirse en los temas, abordando cada obra como una verdadera aventura, para él mismo y para el lector.
Eso vuelve a ocurrir con estas Historias de la noche. Los personajes van presentándose con morosidad: la pareja formada por Patrice, hombre de campo, y Marion, que trabaja en una empresa de la ciudad; su hija, la pequeña Ida; Christine, una pintora jubilada que vive con su perro, y que es como de la familia. Todos viven en La Bassée, en el norte de Francia rural, apartados del tráfago urbano. Un lugar pacífico, casi mortecino, ideal para escuchar los ruidos interiores: los que se abren camino en el matrimonio en crisis, o los que provocan unas misteriosas notas anónimas.
No resulta fácil contar mucho sin arruinar las sorpresas de la lectura. Mejor será limitarse a señalar lo que adelanta la contraportada: ese 40 cumpleaños de Marion que todos pretenden celebrar en amor y compaña, pero se van a encontrar con unos invitados inesperados, por no decir indeseables. Durante toda una noche, vecinos e intrusos van a convivir en ese clima de aislamiento y tensión.
Una decena de buenas novelas, además de algunos dramas teatrales y guiones de televisión, han dado a Laurent Mauvignier una madurez de escritor que le permite sostener ese andamiaje a lo largo de casi 500 páginas. Es una gozada recorrer esos largos fraseos, o esos diálogos llenos de chicha, o comprobar cómo se van perfilando personajes y relaciones complejas mientras avanza la trama. El recurso folletinesco de barajar escenas, dejando al lector en vilo mientras la acción se remansa en un escenario paralelo, no es precisamente un invento nuevo, pero el francés lo maneja con una gran habilidad. Así, cuando queremos darnos cuenta, lo que parecía una historia lenta, casi ensimismada, se ha convertido en un thriller que no podemos parar de leer a pesar de la alarmante presencia de erratas, inexplicable en una editorial seria como Anagrama.
Las circunstancias, fácilmente trasladables a otros países, de “la Francia vacía”, las fricciones de la vida en comunidad y la dificultad de escapar de nuestro pasado son algunas de las ideas en torno a las cuales Mauvignier va armando su formidable ficción, aunque lo que subyace en todo caso es el goce de escribir, de crear un mundo y unas vidas a través de la escritura. Porque tenemos la sensación de que el autor quería contarnos el drama de Marion y los suyos, pero por encima de eso quería escribir, escribir hasta meternos en esa casa con todas sus criaturas. Una película europea, ya les dije. Pero de las buenas-buenas. Un peliculón.
Historias de la noche (Anagrama, 2024) | Laurent Mauvignier | Traducción de Javier Albiñana Serraín | 464 páginas | 23,90 euros