
ALEJANDRO LUQUE | Acéptenme un consejo: desconfíen de quienes quieren decirles qué es, o debe ser, la poesía. Porque la poesía es cualquier cosa menos deber. De hecho, se trata de uno de los pocos reductos de libertad absoluta que quedan en un mundo cada vez más normativo, represivo y arancelario. Un espacio en el que todo es posible, la anarquía del lenguaje hecha creación, el juego total de la palabra.
Argentina atesora una fecunda tradición de poetas libérrimos, de los que abren puertas a las generaciones siguientes. Pienso al voleo en Oliverio Girondo, Juan Gelman, Alejandra Pizarnik, Roberto Juarroz, por citar algunos canónicos. Y no dudaría en incluir en esa línea a Susana Szwarc, escritora de larga trayectoria que vuelve a sorprender con un nuevo poemario, El Libro (no) de los Salmos, que ve la luz de la mano del siempre fiable sello Hiperión.
Un ramillete de poemas de extensión media y verso corto, propicio para el ritmo, que giran en torno a temas como la escritura, la lengua, la experiencia o la memoria, aunque el contenido viene casi siempre subordinado a la forma y moldeado por ella. Así, no es extraño que aparezcan usos inesperados de ciertos vocablos, como “la lengua gansando, puje tu habla”, o esa letra que
se movía
se abría a la una de la una
y el líquido
-viscoso-
abejaba (miel).
También se da el caso de la descomposición de la palabra que genera ideas nuevas:
Pero se mueve
adentro- afuera –adentro- afuera
de nuestras sílabas. A-
som-bra.
Y otras veces, llega incluso a la invención de palabras, como en el final del poema La sombra que viaja:
¿y?
Za
shtil, resopla.
y
baja
un tono.
No obstante, uno de mis poemas favoritos es De notación, en el que la función del lenguaje no es registrar el insecto, ni el zumbido, ni el vuelo en sí, sino que se le pide
Que la letra atesore
su pasar de largo.
Dicen que cada vez hay un público lector que necesita asirse a mensajes concretos y unívocos, aterrorizado con la posibilidad de no comprender todo. De ser así, el futuro de la poesía será todavía más oscuro de lo que parece, aunque nos consuela saber que siempre habrá gente que se acerque al misterio irreverente de los versos. Estos salmos profanos de Susana Szwarc se antojan una estupenda forma de dejarse llevar por una inventiva y una música que merecen un rotundo (sí).
El Libro (no) de los Salmos (Hiperión, 2025) | Susana Szwarc | 66 páginas | 12,45 euros