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Del desinterés a la admiración

JOAQUÍN BLANES | Reconozco que hay temas que están en boga que me interesan tanto como la malacología o como saber si el gato de Schrödinguer sigue vivito y coleando, o igual no. Temas que se ponen de moda por motivos sociales comprensibles pero que, honestamente, no me interesan en absoluto; tal vez porque soy un viejo agrio con tendencia a la misantropía, tal vez porque los temas de actualidad no están en mi órbita de movimiento. Temas como el nutricionismo aleccionador, la dictadura proteica o la paternidad y maternidad obsesivas. Loable lo de ser padre o madre, sin duda, pero lo de anteponer ser madre o padre a todo lo demás, me parece excesivo. En cualquier caso, por no marear la perdiz, digamos que el tema que, a priori, trata la última obra de Keum Suk Gendry-Kim, titulada Mañana será otro día, tenía una temática que no me atraía en absoluto, es más, ya me producía cierta urticaria el cine que hablaba de esta temática, y eso que reconozco que Cinco lobitos es una buena película, pero todo en demasía es veneno, que decía Quevedo. El escritor, no el cantante.

Me resistía a comprar el último libro de Gendry-Kim y, al mismo tiempo, me atraía la idea de hincarle el diente, porque todo lo anterior que había publicado la autora surcoreana me había parecido soberbio. Hierba es una joya del cómic, como lo son Maus de Artie Spiegelman o Persépolis de Marjane Satrapi. Abordar temas que tratan situaciones políticas, sociales e históricas de una época y un país, del modo en que lo han hecho estas tres obras, las convierte en magnas e indispensables. Hierba es dura, muy dura, pero al mismo tiempo es de una sensibilidad abrumadora. No es condescendiente y, sin embargo, tiene una sensibilidad extraordinaria al tratar un tema tan abrumador como el que trata esta obra. Su dibujo minimalista logra captar con precisión la melancolía inherente de su narrativa, no sin desprenderse de cierta ironía en algunos momentos. Esta extraordinaria obra posee, justamente, la dualidad de la hierba, que puede ser mullida y confortable pero también puede ser molesta e incluso filosa y cortante. Si todavía no se han acercado a ella, háganlo, y si no les gusta, invito a una ronda. No deseo desvelar mucho de la historia porque me gusta llegar a las novelas, películas y cómics sin saber realmente el tema que tratan; de este modo me siento como un niño frente a una gran piñata. Aunque a veces lo que cae es un palote tieso y cuatro caramelos rancios; otras veces la lluvia de dulces es tal que todo es gozo y alegría. Hierba se convirtió en una obra de gran relevancia que mostraba la oscura realidad de las «mujeres de solaz» surcoreanas durante la Segunda Guerra Mundial. No olvidemos que Corea fue colonia japonesa durante más de tres décadas y que la Segunda Guerra Mundial supuso la división de las dos Coreas en el paralelo 38. Por su parte, La espera, vuelve a tocar un tema desgarrador en la historia de Corea del Sur. La separación de familias, en especial de niños y niñas, que quedan diseminados al otro lado del paralelo 38. Esta otra obra de Gendry-Kim no desmerece un ápice. No es una continuación de Hierba, pero sí una nueva mirada a la Historia de Corea del Sur, trayendo al presente momentos oscuros, perfectamente transferibles a otros países, otras épocas y otros acontecimientos históricos, que siguen vivos en nuestros días.

La espera no se debe comparar con Hierba, pero es un obra muy digna, con el mismo tono, la misma dulzura, la misma crudeza, la misma singularidad que despliega Gendry-Kim en sus historias, en su manera de dibujar, en su manera de combinar presente y pasado, tradiciones anticuadas y anhelos presentes. Perros, por su parte, es un hermoso alegato sobre esa relación desinteresada que tiene un animal con su dueño. Aunque es una obra mucho más sencilla, menos profunda que las dos obras anteriores, merece también la pena, porque siempre tiene una subtrama que aborda los traumas de la infancia.

Algo así sucede con Mañana será otro día, que refleja la imperiosa necesidad que imprime la sociedad para que los jóvenes sean padres. No olvidemos nuestros dichos atroces, en especial dirigidos a las mujeres: “pasarse el arroz” o “quedarse para vestir santos». Bajo esa premisa, la historia de los dos protagonistas se desarrolla entre la esperanza y el desánimo, en el conflicto permanente entre tradición y modernidad. Gendry-Kim vuelve a evidenciar su talento para construir relatos profundamente humanos, con un punto de giro dramático que puede dejar al lector emocionado en el optimismo o en el pesimismo, según qué historia cuenta, pero nunca indiferente. En esta nueva obra, la autora se aleja del profundo estudio de la memoria histórica de su país para adentrarse en una narrativa más íntima y reflexiva. Con su característico estilo gráfico, una mezcla de trazos que oscilan entre lo basto, pero no por grosero o tosco, sino por ser trazos sin pulir, como delicados y simbólicos; la autora nos hace  contemplar la vida de una pareja de jóvenes que buscan ser padres y la desazón que produce no conseguirlo, sumado a la presión de la tradición familiar que toda sociedad deposita sobre los hombros de personas en edad de procrear. Mañana será otro día transita con melancolía la vida de esta pareja y, a pesar de todo lo malo, concluye con una hermosa sensación de esperanza en los seres que nos rodean y con los que compartimos existencia, sin darnos cuenta, hasta que la vida nos pone por delante a esa persona, en la situación precisa, en el momento exacto, en el que todo parece oscurecerse, para comprender que, entre las tinieblas, siempre hay una cuña de luz que va creciendo en nuestro interior, con el mismo tesón que una llama flacucha finalmente prende en la hojarasca y que mañana, por descontado, será otro día.

Mañana será otro día (Reservoir Books, 2024) |  Keum Suk Gendry-Kim | Traducción de Joo Hasun | 232 págs. | 21,75€ / 10,44€

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