
JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ VÁZQUEZ | José Luis García Jambrina, profesor en la misma universidad a la que don Miguel de Unamuno dedicó tanto empeño, vuelve a novelar a su eminente compañero del claustro salmantino y a convertirlo en personaje novelesco y la ciudad del Tormes en espacio criminal en su última novela El último caso de Unamuno. Cualquier lector medianamente culto sabe que la novedad constructiva es escasa, por no decir casi nula al convertir al polémico Unamuno en personaje literario. Ya se encargó el propio don Miguel de “autoficcionarse” y utilizamos términos de la crítica literaria más reciente o de la novelística contemporánea. Así en su novela, no diríamos jamás que más conocida, Niebla el autor bilbaíno aparece como personaje, contrafigura y amo del personaje Augusto Pérez de resultado incierto. Y nos resultaría incomodo y difícil saber quién tiene más cariño al personaje novelesco de Unamuno, si el propio escritor Miguel de Unamuno o García Jambrina.
José Luis García Jambrina intentó con cierto éxito literario convertir en 2024 al insigne y magnifico rector salmantino en una especie de detective aficionado dentro de la saga y corriente de investigadores lógicos y razonadores, alejados de la violencia y esfuerzos varios propios de las sagas más violentas y en especial de las series televisivas. Puede ser creíble un investigador unamuniano, pero es más difícil pensar en un Unamuno corriendo con su vestimenta negro.
La primera novela de García Jambrina sobre el detective Unamuno, El primer caso de Unamuno parecía inaugurar una saga de recorrido complejo. Si García Jambrina no dudó en llevar al terreno policiaco a Fernando de Rojas no tenía que ponerle límites el apellido del rector vasco. Sin embargo, hay que reconocer que la iniciativa no carecía de valor y novedad literaria al convertir a un referente de la intelectualidad española por excelencia en detective aficionado. El lector de género, en este caso policial, no suele ser al tiempo lector de Unamuno y el lector de Unamuno, y es una afirmación completamente aventurada, no suele ser lector de novelas policiacas que resultan en muchos casos banales. Pero García Jambrina no se sentiría solo en este aventura criminal, pues en el área de Literatura española de la Universidad de Salamanca se viene estudiando desde hace años con criterios académicos, y por tanto debemos considerar como serios y rigurosos, la literatura negra o policiaca en España y en otras lenguas. Y sabe García Jambrina cómo dotar a sus novelas del ritmo literario adecuado además de la intriga oportuna.
En la primera novela de la serie Unamuno con la ayuda de dos colaboradores Manuel García y la anarquista Teresa Maragall debe resolver el asesinato de un cacique de pueblo que administra su poder de manera injusta en su localidad. Por supuesto, el pueblo y sus habitantes son acusados de tal asesinato y Unamuno se ve obligado a resolver el entuerto y redimir a los pobres campesinos. En la segunda novela sobre Unamuno de García Jambrina se cierra de momento un ciclo de corto recorrido, El último caso de Unamuno. No da lugar a una saga amplia su autor. Quiere centrar su acción en Salamanca y su personaje en Unamuno. Breve y certero.
En esta segunda novela que recuerda muchísimo al documental que dirigiera Manuel Menchón Palabras para un fin del mundo (2020) y donde se analiza los últimos días del rector salmantino. En sus últimos días Unamuno estuvo en un arresto docimiciliario no decretado por ningún juez competente, sino impuesto por una autoridad militar injusta e incívica. Aquí no estamos ante un análisis, ni ante un estudio biográfico sobre los días finales de Miguel de Unamuno. García Jambrina novela este final y como tal ficcionalización se basa en hechos históricos y también posibles. Es una invención y una creación, recreación de la muerte del escritor el último día de 1936.
La trama por tanto gira en primer lugar en la hipótesis y la construcción narrativa que realiza García Jambrina ante un hecho real y conocido como será la muerte de Miguel de Unamuno el día 31 de diciembre de 1936 en su hogar salmantino donde lo visita el falangista Bartolomé Aragón jefe de propaganda en Huelva y también compañero del claustro salmantino. Pero junto a esta muerte que se van a encargar de indagar Manuel García y Teresa Maragall también Unamuno, en sus últimos días, se dedica a investigar el suicidio, inducido, del catedrático de derecho Daniel Carbajo. Así pues, el lector tiene ante sus ojos un doble crimen por resolver la muerte del profesor de derecho y el asesinato del escritor vasco.
La novela transcurre con cierta pausa narrativa en las pesquisas de la muerte del profesor Carbajo, sin embargo se muestra vibrante ante la resolución del caso de la muerte de Unamuno. Los dos ayudantes unamunianos se van a enfrentar a los retos de descubrir a los autores materiales e intelectuales de la muerte de Unamuno.
La historiografía al uso nos conduce a una muerte natural, a una hemorragia bulbar como se recoge en la autopsia del insigne catedrático. Sin embargo, varias hipótesis apuntan a un asesinato de Unamuno sin señalar exactamente como ocurrió. Y aquí entra el novelista en acción. Dentro de la ficción no duda en señalar quiénes fueron los autores intelectuales de la muerte de Miguel de Unamuno y apunta en una clara dirección: el dictador Francisco Franco que durante un tiempo protegió al rector emérito. De hecho, las crónicas señalan como después del famoso mitin donde se produjo el enfrentamiento dialéctico, que la novela no recoge, con Millán-Astray, Miguel de Unamuno tuvo que salir de la sala del brazo de Carmen Polo como improvisada guardaespaldas. Del mismo modo, la novela inventa un final claramente
literario para los últimos instantes de Miguel de Unamuno. No desvelamos el hecho de la muerte ya conocida, pero sin lugar a duda García Jambrina atrapa al lector en esas páginas finales que no por esperadas resultan menos atrayentes. La humanización suprema de Miguel de Unamuno es evidente en sus momentos últimos. Al tiempo se hace patente la cobardía de los asesinos ante la fuerza moral que se imprime al escritor vasco, con sus luces y con sus sombras, y a quien se dota de una suerte de dignidad
ética y espiritual que no desentona con la obra y la personalidad de Miguel de Unamuno.
El último caso de Unamuno (Alfaguara, 2026) | Luis García Jambrina | 376 páginas | 20,90 euros