
JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ VÁZQUEZ | Pedro Mairal es sin duda el escritor argentino contemporáneo más reconocido en España en la actualidad. Nace en Buenos Aires en 1970 y su producción literaria es extensa, pero nos gustaría destacar Una noche con Sabrina Love (1998), su primera obra que ganó el premio Clarín de novela, y El año del desierto (2005) que narra en clave de distopía la crisis eterna de Argentina, pero que también se puede leer en una clave más amplia como la crisis de principio de siglo. Es una novela esencial en la literatura argentina moderna, aclamada por lectores y público en su país de origen.
Porque Pedro Mairal no oculta el hecho de ser argentino y no renuncia a esa condición tan especial de habitante del cono sur de América. Leer a Mairal es comprender que el español no es patrimonio de este trocito de tierra al sur de Europa llamado España, sino que su empleo, variedades si gustan de terminología lingüística habitual, es más extenso y rico; aunque nos haga falta recurrir a un diccionario que a veces se queda corto. Con Mairal nos bañamos en un español nuevo y en una literatura sorprendente que no se escuda en tapujos de forma y fondo. Como dice con certeza el autor a través de uno de los personajes: «buscando un lugar de encuentro, un castellano neutro que no existe y no se habla en ningún lado del mundo».
Tras el éxito de La uruguaya (2016), vuelve con Los nuevos (2025) a la novela. Es una narración, en cierto modo coral, que describe el doloroso paso de la adolescencia a la adultez. Pero durante este paréntesis novelístico retoma la escritura de relatos cortos, como buen escritor argentino, y publica la colección de cuentos Breves amores eternos (2019) donde el título antinómico anuncia y enuncia historias que no dejan indiferentes.
La historia de Los nuevos transcribe la dureza del tránsito a la edad adulta de sus tres protagonistas: Thiago, Pilar y Bruno. Se plasma un recorrido vital teñido de oscuridad y dolor. Se va a reflejar el mundo de las drogas que consumen y a veces los tres protagonistas también trafican como precario modo de subsistencia. Del mismo modo, la sexualidad abierta, sin tapujos como modo de reafirmación personal será también una constante en el libro. La historia transcurre en un Buenos Aires que se presenta hostil para sus tres jóvenes protagonistas que deben labrarse un futuro incierto con poco soporte familiar. La historia personal y conjunta de estos tres amigos protagonistas recorre las páginas del libro. En realidad, deberíamos entender que son amigovios, pues sin establecer compromisos amorosos de formalidad mantienen entre ellos intercambios sexuales y de convivencia. El único compromiso que mantiene el trío es el de su amistad a lo largo del tiempo que se convierte en una familia sustituta.
La historia de los tres jóvenes viene marcada por el desamparo y la soledad. Thiago, quien pierde a su madre siendo un niño, es ingresado en un centro de salud mental por haber incendiado la colonia de verano donde veraneaba con sus padres y que también frecuentaba Pilar. Su padre, mientras, ha formado otra familia que rechaza la presencia de Thiago a quien consideran intruso. Bruno, cuyo deseo es ser músico, es enviado por sus padres a estudiar a los Estados Unidos una carrera de negocios. El motivo principal es que su madre quiere alejarlo de su vista materialmente, pues no soporta ver a su hijo con su sobrepeso evidente. Allí obtiene malos resultados como estudiante y para sacar algo de dinero trabaja limpiando los aseos de la universidad con el consiguiente rechazo por ser latino. Por último, Pilar, Pil, ejerce de personaje protector de ambos jóvenes. Es estudiante de cine en la universidad, carrera cuya madre no está dispuesta a costearle desde su residencia en España tras haberse marchado con su nueva pareja en busca de un mundo mejor a Barcelona.
La novela plantea también un problema interesante con el trasfondo de la maternidad. Los tres protagonistas son huérfanos de madre. Thiago es realmente huérfano y sus dos amigos por diferentes motivos son rechazados por sus madres que no los socorren, ni apoyan en ningún momento. La ausencia de la madre se convierte en un motivo esencial de la historia y, por ejemplo, el personaje de Pili intenta remplazarla con la abuela o incluso con Rosa, la mujer que ayuda a su abuela en las tareas domésticas. También ella se convierte un poco en madre de los dos muchachos. La falta de esa madre y por tanto su falta de respaldo sentimental está en el fracaso vital de los tres jóvenes o al menos acrecienta las trabas impuestas por la sociedad para llegar a ser adultos. Pero esta ausencia materna, salvo en el mencionado caso de Thiago, no se percibe como una carencia fundamental, en el conjunto de la novela. Es un aspecto de la trama más sutil. Esta privación del afecto materno la trasmiten los personajes que reclaman y añoran una atención materna nunca lograda. Por otro lado, la privación del cariño maternal tiene un claro valor simbólico: solo se llega a ser un ser adulto cuando se abandona el claustro materno. En cualquier caso, el mundo de los adultos nunca será un mundo protector, sino que estará dominado por la brutalidad y el rechazo a su condición de jóvenes; será lo que los protagonistas perciban incluso cuando salgan adelante.
El título también está provisto de cierto hermetismo. ¿Quiénes son los nuevos? ¿Dónde son nuevos? No podemos olvidar que en nuestro diccionario nuevo también significa joven. Los nuevos son Thiago, Bruno y Pili; son los jóvenes. Y esa juventud es puesta de manifiesto en el encuentro con la policía donde un viejo le dice al agente: «¡Son nuevitos…!» y consigue librarles del quilombo. Y ¿dónde son nuevos? En la vida. Han dado ya el paso decisivo para abandonar la juventud, la alegría a pesar del dolor, la propia amistad. Como dice Pili ante el cuadro de Adán y Eva en el Museo del Prado: «Nos vi reflejados a vos y a mí en ellos, y me dieron tantas ganas de protegerlos de la crueldad. Los recién llegados, los nuevos».
Los nuevos (Ediciones Destino, 2025) | Pedro Mairal | 440 páginas | 21,90 euros.
José María Fernández Vázquez, profesor de Literatura Española en la UPO, es la firma invitada hoy en Estado Crítico.