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Eduardo Cruz Arcillona

TOMÁS HERNÁNDEZ | Escribo con tristeza estas palabras, porque es la primera vez que publico en Estado Crítico sin nuestro querido Eduardo. Él trajo aquí algunas de mis opiniones sobre algunos libros y en su recuerdo y gratitud retomo la tarea.

            Es una situación triste y alegre. Triste porque escribo sobre Eduardo y es imposible no pensar en la pérdida; alegre, porque celebramos un libro suyo, el último que escribió, La salud de los seres inmortales y que la Editorial El Envés, su casa, se apresuró a editar para que él lo viera.

            Aunque el libro se presenta sin división en partes, como una sola unidad discursiva, el profesor Álvaro Salvador, en un preciso y exacto prólogo, se adentra en los motivos y asuntos poéticos que a manera de bucles o “matrioskas”, dice, dotan de sentido el discurso poético con el desarrollo de algunos temas esenciales del libro. El primer leitmotiv sería la vivencia interior expresada a través de lo cotidiano. Un vivir diario con la enfermedad sería otro de esos bucles que van configurando la estructura invisible del libro de la que habla con acierto Álvaro Salvador. Lo que queda de nosotros en las cosas es la manera distanciada, lejos del sentimentalismo, como manifestación de ese apego que a veces sentimos por objetos inanimados, las cosas que nos rodean y de alguna manera forman parte de nuestras vidas. Ahí acabaría el viaje, el bucle último del libro. Y sin embargo aún se abre en un final que es un canto a la esperanza. “La esperanza a través del amor”, como escribe Álvaro Salvador en su prólogo.

            Hay, además de lo dicho, un “hablar de cercanía”, un decir directo e inmediato en los versos,  aunque el yo que nos habla sea “un tren de madrugada”, “un perro andaluz en Manhatan”, “un libro abierto”. “Un enfermo en su sano juicio” se define a sí mismo, con ese tono siempre de  humor entrañable que no se puede separar de su obra en prosa y en verso. Un ejemplo de ese hablar directo sería el que encontramos en uno de los poemas que más me gustan del libro, “Bitácora de un viaje interior” donde se desgrana un año mes a mes, de octubre a septiembre, y donde lo anecdótico “encuentro una agenda / de 2004” se convierte en “la noche estrellada de Van Gogh”.

            El humor, nunca sarcástico ni desesperado, es la actitud desde la que Eduardo nos cuenta la proximidad del fin, que nunca llama muerte, sino “un tren de madrugada / con destino a un París / que ya no existe”. En las manos se lleva lo mejor de su vida. El homenaje a quienes escribieron los libros que fueron importantes para él. La Generación española del 50, Hemingway, Joyce, Shakespeare, Sylvia Beach y la Notre Dame de Víctor Hugo. Se lleva la lluvia detrás de las ventanas de los bares de cerveza y tertulia. Lleva en las manos “un instante del mundo frente a su mirada”, paseará entre un “inventario de estatuas” de quienes fueron sus amigos. Se llevará el corazón lleno de amor.

                                                           ECOCARDIO          

                                   Los médicos detectan

                                   una válvula del corazón

                                   que no cierra del todo.

                                   Le ponen nombre técnico

                                   pero yo sé que eres tú

                                   que lo has llenado

                                   con las válvulas abiertas

                                   de par en par.

            Esta mañana, de regreso a casa, paso frente a la Plaza de las Galeras, cerca de donde Eduardo y su familia pasaban el mes de agosto con nosotros, sus amigas y amigos de La Herradura. No hay nadie en el rincón apartado que es la plaza. Me siento en uno de los bancos vacíos, enciendo un cigarrillo y hablo un rato a solas con Eduardo de esas cosas sencillas que hablan los amigos.

La salud de los seres inmortales (El Envés Editoras, 2026) | Eduardo Cruz Acillona | 72 páginas | 14 euros

admin

Un comentario

  1. Hermoso recuerdo de nuestro Edu. Vamos a echarlo mucho de menos.

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