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El banquete

ALEJANDRO LUQUE | Cuando, hace unos años, me propuse escribir la biografía de un escritor cubano, me sorprendió la escasísima tradición de este género en la isla. ¿Cómo era posible que no existiera una buena biografía de Lezama Lima, de Virgilio Piñera o incluso de autores del exilio, como Reinaldo Arenas o Guillermo Cabrera Infante? Empecé a pensar que pudiera suceder allí, bajo seis décadas de castrismo, lo mismo que en España con nuestros 40 años de franquismo: que el temor a descubrir aspectos delicados de la vida de los biografiados pudiera poner en apuros a ellos mismos o a personas cercanas, lo que sumado a la dificultad para acceder a determinados documentos acabara decretando una suerte de omertá casi impenetrable, que se prolonga incluso en el seno de la diáspora.

En nuestro país, hemos necesitado años de distancia para tener una generación de biógrafos fiables, para no dejarle todo el trabajo a Ian Gibson. ¿Es la hora, ya, de los biógrafos cubanos? Ernesto Hernández Busto, un escritor al que descubrí gracias a un curioso ensayo titulado Perfiles derechos y al que luego he frecuentado como poeta, ha levantado la mano y se ha atrevido nada menos que con el gran tótem de las letras antillanas: José Lezama Lima, autor de esa cumbre titulada Paradiso y también de algunos de los poemarios más impresionantes de nuestra lengua.

Con Años de formación (1910-1939), la primera de las tres entregas proyectadas sobre la vida de Lezama, Hernández Busto se lanza a una aventura sin precedentes –que yo sepa- para descifrar la personalidad de esta figura fundamental. Debo reconocer que, en las páginas preliminares, empecé a temer que se tratara de una obra para iniciados o muy cafeteros, pues el autor arranca con el listón alto en lo que a referencias se refiere. Hará bien el lector en no dejarse amilanar por esa impresión inicial y entrar sin mayores credenciales en una historia que no es solo la del escritor o su familia, sino de todo un país que apenas se acababa de emancipar del desfalleciente imperio español y encaraba el nuevo siglo con más quimeras que horizonte.

Con un considerable aparato de documentación, que se traduce en varias páginas de notas al final de cada capítulo, Hernández Busto arma desde la devoción (una tarea como esta no se hace con otros materiales), pero sin perder la perspectiva ni la objetividad, los primeros 30 años de Lezama, desde la minuciosa memoria familiar a los avatares de su infancia y primera juventud, marcados por elementos tan diversos como el asma, que padeció siempre, o la crisis de 1920-21, que marcó el declive económico de la familia del escritor y la abocó a una incurable nostalgia del brillo perdido.

Una conocida anécdota refiere el día en que Lezama Lima rechaza la llamada de los chicos del barrio para jugar afuera, porque entre la pelota y Platón eligió a Platón. El biógrafo la confirma –era El banquete, por más señas– para explicar cómo la literatura va a ir ocupando un espacio cada vez mayor en la cotidianidad del muchacho, hasta el punto de que años después su propia vida, la real y la soñada, cobrará forma de novela. De hecho, Hernández Busto echa frecuentemente mano de Paradiso para ilustrar pasajes de este periodo (y presumo que seguirá haciéndolo en las próximas entregas) como una fuente fidedigna, prestándonos de paso valiosas claves para releer esta obra.  

Todo ello corre paralelo a las turbulencias de la Historia de Cuba, y más concretamente de una ciudad, La Habana, donde va a ir cuajando la incipiente idea de “lo cubano” entre revueltas, altercados y golpes de Estado. Y entre unos y otros, la fundación de revistas como Verbum o Espuela de Plata –son los años previos a la más trascendente de todas, Orígenes– o la visita de plumas que van a dejar una huella indeleble en la memoria cultural de la isla, como Federico García Lorca, María Zambrano o Juan Ramón Jiménez, verdaderos influencers de su tiempo.

Sabiendo que todavía están por venir los años más intensos en la vida de Lezama, los del esplendor origenista, los de escritura de sus obras mayores y del terremoto que iba a suponer la entrada victoriosa en la capital de los barbudos de Sierra Maestra, no puedo esperar para leer las dos partes en marcha, ya culminadas y en preparación. Pero dejando claro que esta primera no es un simple aperitivo, sino un verdadero banquete. Un banquete lezamiano, claro.    

José Lezama Lima: Una biografía. Años de formación (1910-1939) (Pre-Textos, 2025) | Ernesto Hernández Busto | 384 páginas | 35 euros

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