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El río trenzado de Archie Ferguson

REYES GARCÍA-DONCEL | De verdad, no puedo más. Vivir cuatro vidas no debería estar permitido. Ya se lo dije al míster, pero no me hizo ni caso. Claro, ¿cómo iba el gran Paul Auster, escritor prestigioso, premiado y admirado en medio mundo, a escuchar mis quejas? Aunque, siendo justos, tampoco yo soy un personaje cualquiera. Permítanme que me presente: Archie Ferguson, protagonista de la exitosa novela 4 3 2 1. Mejor dicho: soy cuatro Archie Ferguson, iguales y diferentes, cual gato de Schrödinger que puede estar vivo y muerto a la vez, porque de eso trata la novela: de las diferentes vidas en universos paralelos que pueden existir.

Nací el 3 de marzo de 1947 en Nueva Jersey. Ese es el único hecho que permanece inalterable. Todo lo demás cambia. Mis padres siguen siendo los mismos, pero unas veces se divorcian, otras prosperan económicamente, otras se arruinan… En una vida conservo familiares que en otra desaparecen. A partir de casualidades y decisiones, a veces aparentemente insignificantes, mi destino se bifurca en cuatro caminos diferentes. Y ahí empieza mi problema. Durante más de novecientas páginas, Paul Auster se dedica a jugar con mi existencia como si fuera un experimento literario. Me hace vivir cuatro infancias, cuatro adolescencias, cuatro juventudes… Me enamoro, sufro, escribo, me equivoco, descubro el sexo, el amor, la literatura… Y luego, en alguna de esas vidas, utiliza una circunstancia fortuita (el azar al que tan aficionado es) para eliminar una versión adolescente de mí. Sin contemplaciones. La verdad es que ahí descansé, también lo hace el lector, y creo que también lo hizo él.

No diré que no haya disfrutado en esas vidas. Al contrario. En todas descubro muy pronto mi pasión por los libros y acabo soñando con convertirme en escritor. Muchos lectores dirán que me parezco sospechosamente a mi creador. No seré yo quien lo niegue: compartimos el mismo año de nacimiento, los mismos orígenes judíos, la misma ciudad y sobre todo la misma pasión por la literatura y el cine (con la correspondiente predilección por Oliver y Hardy). Lo curioso es que, pese a todas las diferencias, a las circunstancias que cambian, los cuatro Archie terminamos pareciéndonos bastante, porque lo esencial permanece. En alguna vida me acerco más al periodismo; en otras, a la crítica o a la ficción; cambian algunos de mis deseos y mis inclinaciones sexuales… El azar modifica los caminos, pero no logra borrar del todo la persona que soy.

Mientras tanto, el míster decide que crezca en medio de algunos de los acontecimientos más importantes de la historia estadounidense. Me toca vivir la Guerra de Vietnam, los asesinatos de Kennedy y Martin Luther King, las revueltas raciales, las protestas estudiantiles, el gran apagón de Nueva York… Todo eso influye en mi vida, por supuesto. Pero debo decir que, en ocasiones, se entusiasma tanto contándolo que parece olvidar que la novela trata sobre mí. Se lo dije: quien quiera estudiar la historia de Estados Unidos dispone de excelentes libros especializados. No hace falta que me utilice usted como excusa durante decenas de páginas… No lo convencí. Yo las habría reducido considerablemente pues una crítica, que parece ser no le hago solo yo, es la longitud del libro. Cuando comprendí que mi existencia iba a ocupar más de novecientas páginas empecé a sospechar que aquello se le estaba yendo de las manos. Como he dicho, algunos temas podrían haberse recortado sin el menor problema —tanta descripción del béisbol, que a mí me gusta, pero no a todos los lectores— o incluso ciertas historias insertadas —como mis primeros experimentos literarios— que no aportan nada relevante.

Otra cosa que le discutí fue la estructura. Todo comienza con un capítulo común, el 1.0, donde se cuenta la historia de mi familia antes de mi nacimiento. Después llegan los capítulos 1.1, 1.2, 1.3 y 1.4… correspondientes a cada una de mis vidas. El problema es que el míster decidió organizarlas en paralelo, esto es: primero las cuatro infancias, luego las cuatro adolescencias, después las cuatro juventudes… Yo le sugerí una alternativa más sencilla: ¿Por qué no cuenta usted una vida entera y luego la siguiente? Pero tampoco me escuchó. Así que los lectores van saltando de una a otra vida con idéntica edad. A veces hasta yo mismo he tenido dificultades para recordar en cuál de mis vidas me encontraba. Además, es muy aburrido permanecer más de doscientas páginas teniendo los mismos años.

Pero aunque proteste, aunque me queje de esas páginas de más que quizá podrían haberse aligerado, lo cierto es que el míster sabe contar historias. Y lo hace extraordinariamente bien. Las desgracias duelen, los amores importan, los momentos felices se celebran. Las personas que entran y salen de mis distintas vidas terminan adquiriendo una consistencia tan real que el lector desea seguir acompañándolas, saber qué será de ellas. En suma, se sufre con las adversidades de mi saga vital y familiar. Además, posee la capacidad de observar el mundo con mirada realista y, al mismo tiempo, transformar esa realidad en una ráfaga de belleza: «El sonido de las máquinas de escribir a veces era como la música, sobre todo cuando se oía el timbre al final de la línea, pero también le hacía pensar en un chaparrón cayendo sobre el tejado de la casa de Montclair y en el ruido de piedrecitas lanzadas contra el cristal de la ventana». Del mismo modo, consigue que el lector disfrute acompañándome en el despertar de mi sexualidad: «…las mujeres eran ahora un tema de gran interés para él, porque si bien era solo un prepubescente de doce años, en su interior se agitaba algo que anunciaba a Ferguson que los días de su infancia estaban contados».

No sé si esta es la gran novela americana que algunos proclaman. Eso se lo dejo a los críticos, yo solo soy un personaje. Lo que sí sé es que ha explorado con amplitud y profundidad una pregunta, ese condicional que todos nos hemos formulado alguna vez: ¿qué habría sido de mí si…?, demostrando que para él lo real no es únicamente lo que ocurrió sino también lo que podría haber ocurrido. En 4 3 2 1 el míster se pone reflexivo, indaga en su memoria y, sobre todo, se contempla en su espejo vital para preguntarse por los caminos recorridos y los abandonados. No parece exagerado que confesara: «Siento que he estado preparándome toda la vida para escribir este libro». Pues quizá esa sea, en el fondo, la verdadera historia. No mis (sus) cuatro vidas, sino las cuatrocientas que nunca llegué (llegó) a vivir. Las que quedaron atrás cuando no tomé aquel tren, no crucé aquella puerta o no respondí a aquella mirada… Como los cauces de ese río trenzado que se separan, se reencuentran y vuelven a alejarse, todas esas vidas posibles continúan existiendo en algún lugar de la imaginación.

Pero el caso es que a mí me tiene agotado como ya les he dicho antes, no solo por vivir cuatro vidas, ¡hay más!, agárrense: al final me encarga escribir la monumental novela 4 3 2 1. «Ferguson volvería del revés la proposición, y en vez de seguir la idea de una persona con tres nombres, inventaría otras tres versiones de sí mismo, narraría las tres historias en paralelo a la suya propia (más o menos su propia historia, porque él también se convertiría en una versión novelada de sí mismo), y escribiría un libro sobre cuatro personas idénticas pero diferentes que tuvieran el mismo nombre: Ferguson».

Así que, si me disculpan, voy a presentar una reclamación formal por explotación laboral en el Sindicato de Personajes. Aunque… no sé si llegaré a hacerlo. Tal vez algo ocurra en la próxima esquina que me haga cambiar de idea…. Después de todo, cualquier decisión insignificante puede alterar el resto de una vida. O de cuatro.

4 3 2 1  (Seix Barral, 2017) | Paul Auster | 960 páginas | 22,70 €

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