
LUIS ANTONIO SIERRA | Ayer leía un artículo de prensa que hablaba sobre la emigración española en Europa. En este había un dato muy interesante y que habría que restregarle por la cara a todos esos facinerosos que rechazan la inmigración y que quieren expulsar de este país a ocho millones de personas – muchas de ellas españolas, todo sea dicho de paso. Decía el artículo que el 65% de los emigrantes españoles que vivían en la ciudad de Ginebra durante la década de los años 60 del siglo pasado se alojaban en chabolas en las afueras de la ciudad y que muchos suizos desconfiaban de los españoles – también de los italianos – por considerarlos pertenecientes a una cultura inferior, por ser ruidosos y violentos. Para encontrar estas bolsas de pobreza y este desdén hacia las personas tampoco hace falta recordar la experiencia de la emigración española en Europa. Solo tenemos que hablar con nuestras familias, con aquellos que se vieron obligados a hacer las maletas y marcharse de sus pueblos extremeños, manchegos o andaluces hacia los polos de atracción de mano de obra de la España del desarrollismo, fundamentalmente Madrid, Cataluña o Euskadi. A poco que rasquemos en los recuerdos de nuestra gente veremos como en los años 60 y 70 los que llegaban en busca de una vida mejor levantaban por las noches sus chabolas a prisa y corriendo para que cuando amaneciera ese habitáculo tuviera un techo y así no pudiera derribarlo la Guardia Civil franquista. Esas eran las leyes de la dictadura.
La experiencia migratoria, tanto interior como exterior, es un fenómeno mundial con características muy parecidas. Por eso, Historias del extrarradio, del chino Xu Zechen, nos apela tanto y nos toca tan de cerca. En el libro de Zechen nos encontramos con el éxodo rural hacia las grandes ciudades del gigante asiático, en concreto, hacia Pekín. El libro está conformado por pequeñas historias independientes, pero con un nexo, esos jóvenes que se suben a la terraza de un pequeño edificio en el extrarradio de Pekín para jugar a las cartas, fumar, beber cerveza y comer bocadillos de carne de burro. Estos cuatro chavales viven hacinados en una habitación con dos literas y con trabajos tremendamente precarios y dependientes de mafias locales dedicadas a la falsificación ilegal de documentos oficiales, si bien ellos solo difunden por la ciudad el contacto de los falsificadores. Como decíamos más arriba sobre la universalidad de la emigración, la situación de estos jóvenes no dista mucho, por ejemplo, de los manteros que vemos en nuestras ciudades, personas migrantes víctimas de la pobreza, del hambre y, por consiguiente, de las mafias.
Desde luego, ese sexto anillo donde viven estos humildes y entrañables personajes está muy lejos del lujo y la opulencia – las luces como alguien menciona – que van in crescendo conforme vamos restando anillos a la ciudad, o sea, conforme nos acercamos al centro. Para estos jóvenes, como para la mayoría de los habitantes de su barriada, ese mundo es inalcanzable. Tienen sueños y desean mejorar sus vidas, pero al menos estos chicos son conscientes de que hay metas imposibles.
La violencia también está muy presente en el libro y en todas sus manifestaciones. No solo la sentimos con la paliza que Baolai recibe por parte de los miembros de una banda rival en la historia que abre el libro y que lo deja prácticamente en estado vegetal, sino que también se experimenta en sus manifestaciones física y psicológica cuando se ejerce contra menores de edad como Xiao Hua. La pobreza, la explotación, el capitalismo salvaje insertado en un régimen autoritario disfrazado de comunismo, todos son factores que influyen, y de qué manera, en los habitantes de ese extrarradio pekinés cuyas expectativas vitales están tan limitadas que incluso algunos llegan a la conclusión de que no les merece la pena haber emigrado a la gran ciudad, que más les hubiera valido haberse quedado en sus pueblos, en esas zonas rurales de China de las que salieron obligados por el hambre y la ausencia de futuro.
Esta narración de Xu Zechen, joven representante de la llamada nueva literatura china, alude a cuestiones universales que vivimos en cualquier latitud del planeta y que sufren, y mucho, quienes se ven obligados a dejar en algún momento de sus vidas su raíces y sus orígenes. La empatía, la solidaridad que rezuman las páginas de este libro bien pueden servir como ejemplo y aprendizaje para todo aquel que se acerque a él, sobre todo para aquellos que pretenden arrogarse el derecho a decidir dónde viven unos y dónde viven otros.
Historias del extrarradio. (Automática Editorial, 2026) | Xu Zechen | Traducción de Belén Cuadra Mora | 232 páginas | 21 euros.