
LUIS ANTONIO SIERRA | De un tiempo a esta parte – y cada vez con más frecuencia – se va haciendo un hueco en el inconsciente ideológico patrio esa idea reaccionaria de que la violencia contra las mujeres no es tal, que en todo caso habría que luchar contra lo que una panda de trogloditas califica como violencia “intrafamiliar”. El auge de la ultraderecha – o del fascismo si queremos nombrar las cosas con propiedad – está haciendo que el sentido común, la lógica y la ciencia dejen de ser tenidos en cuenta y paulatinamente vayan ganando terreno, entre una opinión pública paradójicamente desinformada, ideas tan absurdas y paranoicas como el terraplanismo, la inutilidad de las vacunas o la negación del cambio climático y sus consecuencias, por poner algunos ejemplos. Siguiendo esta misma ola argumentativa, la reacción ultraconservadora contra el feminismo y todo lo que signifique pelear por la igualdad entre hombres y mujeres tiene matices que van más allá de argumentos “cuñados”. Estaríamos hablando, por ejemplo, de las relaciones de poder entre hombres y mujeres, de la subordinación de ellas ante ellos, o del uso de la violencia en todas sus posibles manifestaciones para consolidar un sistema social en el que el patriarcado sigue siendo hegemónico.
Por todas estas razones es tan necesario leer Comerás flores, la ópera prima de Lucía Solla Sobral. Escrita con un estilo sencillo, sutil y nada histriónico, esta novela es un claro ejemplo de que la literatura no es solo entretenimiento, sino que tiene una función social, una utilidad pragmática, una finalidad política. Y esa es una muy buena noticia. Este libro habría que dárselo a leer a todos esos cavernícolas de los que hablábamos antes (claro, si estuvieran dispuestos a abrir un libro y mirar más allá de sus narices). Pero también debería ser de obligada lectura en los centros educativos de este país para sacar a nuestras más jóvenes generaciones – sobre todo ellos – de esa ola reaccionaria en la que están envueltos, para que entiendan cómo funcionan las cosas en la vida más allá de las pantallas, para que vean que la violencia contra la mujer no se ejerce solo físicamente, sino que los métodos de maltrato pueden ser mucho más sutiles, más discretos, y que las consecuencias para esas mujeres maltratadas son igualmente gravísimas. Todo esto está en Comerás flores. Y más cosas.
Marina, la menor de la casa y con el recuerdo muy presente de la muerte de su padre, conoce a Jaime, un hombre veinte años mayor que ella – en cierta manera una proyección del padre ausente –, de quien se enamora perdidamente. La narración nos lleva progresivamente hacia el desastre, aunque sin estridencias, sin movimientos bruscos. El maltrato que presenciamos es de manual: la víctima es aislada poco a poco de su entorno más cercano, tanto del familiar como del de sus amistades más íntimas como Diana; ese entorno queda prendado del novio de la niña quien ante ellos se muestra como la pareja perfecta, lo que hace que no den crédito a la propia víctima cuando llega por primera vez a sus oídos la situación en la que ella se encuentra. Ese novio es una especie de Jekyll y Hyde que paulatinamente va mostrando sus dos caras: por un lado, la del hombre atento, que te cuida y está pendiente de ti en cada momento y, por otro, la de ese monstruo que controla a Marina, la intimida y la somete a su voluntad. Esa dualidad es, precisamente, la herramienta que él utiliza para confundir a su víctima, para que ella no sea capaz de discernir con claridad. La manipulación sobre Marina es tal que ella acaba asumiendo que los malos momentos, la violencia que ejerce sobre ella están provocados por ella. Él es capaz de crearle un sentimiento de culpa del que es muy difícil salir y que, además, tiene sobre ella consecuencias tanto físicas (bulimia o aislamiento) como psicológicas (la culpa o el silencio). De hecho, es muy significativo, y consecuencia de todo esto, lo que le sucede a Marina continuamente, esto es, saber qué tiene que decir en circunstancias concretas, pero no hacerlo por miedo a desatar la ira de su maltratador.
Por suerte, hay salida y Marina la toma. Es tremendamente difícil romper con esa manipulación, con ese sometimiento, y también es casi imposible hacerlo por una misma. Los individuos que actúan individualmente son capaces de conseguir prácticamente ninguna cosa y este es otro ejemplo de la necesidad de actuar conjuntamente, con la ayuda de una red social compuesta de familiares, de amigos, de instituciones. Sin esta red, la salida es casi imposible. Afortunadamente, Marina la tiene.
Y eso la salva.
Comerás flores. (Libros del Asteroide, 2025) | Lucía Solla Sobral | 248 páginas | 19,95 euros