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Inteligencia Natural

EDUARDO CRUZ ACILLONA | Confieso que no soy de esas personas que muestra su predisposición a comprar según qué libros en función de lo que las editoriales deciden colocar en sus contraportadas o, en un mayor alarde de significación mercantil, en esa cosa tan antigua, molesta y prescindible llamada “faja” y que a lo máximo que aspira es a convertirse en circunstancial marcapáginas a falta de uno en condiciones a mano. Y Rutina estrella, de José Sanz, no es la excepción.

Para llamar la atención de este libro, se recurre a apellidos ilustres (“Buñuel estaría orgulloso. Y Azcona también”, en la contraportada, o “Entre Luis García Berlanga y David Cronenberg”, en la faja, extraídos del prólogo). Y si bien es cierto que son referencias más que suficientes como para llamar la atención del futuro lector, no es menos cierto que las comparaciones se quedan cortas cuando uno conoce la trayectoria literaria del autor y sabe que tan orgulloso podría estar Buñuel como Dalí, o Azcona como Olivares. Ítem más (suponiendo que sé lo que eso significa), si entre dos grandes figuras hubiera que ubicar a Sanz, en mi modesto y limitado parecer, estas no serían Berlanga ni Cronenberg, sino José Luis Cuerda y los Monty Python. Y no lo ubicaría tan cerca de Eduardo Mendoza como también se hace, sino que lo colocaría en la misma tribuna del Humor Inteligente que ya ocupan Miguel Noguera, Nacho Vigalondo y José Antonio Pérez Ledo entre otros, autores y creadores que no se limitan a diseccionar el mundo que les rodea sino que van un paso más allá y crean sus propios universos, a cual más surrealista, más cáustico, más disparatado y más atractivo.

Así, Rutina estrella es todo un alarde de imaginación puesta al servicio de la construcción de un mundo distópico cuya labor le corresponde al lector a partir de los testimonios de diferentes personajes que conforman con sus declaraciones la estructura de la novela. Un mundo en el que sus habitantes han abandonado internet, reniegan de la inteligencia artificial, conocen de antemano la fecha exacta de su defunción y se adaptan como buenamente pueden a las nuevas circunstancias. Todo lo que sucedió tras el Gran Caos es motivo de exposición y reflexión por parte de profesionales que tuvieron que adaptar sus trabajos, y donde hay sectas que combinan canibalismo con antiedadismo y colectivos que reniegan de todo tipo de método de desplazamiento que dependa de las ruedas. A saber qué hubiera pensado Aldous Huxley de este libro y del mundo (¿feliz?) que presenta y a saber si, después de leerlo, él hubiera escrito el suyo…

José Sanz vuelve a demostrar que su inteligencia natural sigue en plena forma, que domina como nadie el humor y la buena literatura, que es capaz de sorprender en cada página incluso con las mayores atrocidades imaginables sin que el lector muestre la más mínima queja o contradicción al respecto. Así, no sorprende que unos menores adictos al tabaco de una manera que supera incluso lo compulsivo sean un eje estructural fundamental para el sostenimiento de esa sociedad ubicada en el futuro que nos plantea el autor.

Realizar una inmersión a pleno pulmón en la obra de José Sanz (e incluyo también sus anteriores títulos: Sábados piloto, Duelos patológicos o Dios bendiga al inventor del tobogán), es una de las experiencias más enriquecedoras que uno puede realizar una tarde lluviosa de sábado. Cuestión aparte es cómo salir vivo y sin secuelas de ahí sin el recurso fácil de la faja protectora…

Rutina estrella (Libros Walden, 2025) | José Sanz | 208 páginas | 15€ euros

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