
ROCÍO ROJAS-MARCOS | El principio de incertidumbre de Heisenberg viene a decir que es imposible conocer a un mismo tiempo con total precisión ciertos pares de propiedades de una partícula, pues cuanto mayor sea esa precisión para determinar una de esas propiedades, mayor será la incertidumbre sobre otra. Entonces, si aplicamos esta teoría a nuestra propia vida, como ha hecho Tirso Vallecillos en este poemario, por mucho que nos empeñemos en conocer y tener el control de aquello que nos rodea siempre habrá ángulos ciegos, lugares ensombrecidos por la duda de los que no sepamos casi nada, de los que vacilemos y nos hagan sentir inseguros: pensábamos que todo estaba calculado/ que todo tenía su sitio y su sentido, dice Vallecillos en el largo poema que presta el título al poemario completo.
El libro se compone de la recopilación de poemas que habían ido apareciendo en diversas revistas (Calle del Aire, Estación Poesía, Revista A D y C) junto a otros poemas que Vallecillos compuso para el Seminario Permanente Claudio Rodríguez en los que a partir de versos de Rodríguez nos adentramos en el mundo poético en constante cuestionamiento de sí mismo que nos ofrece Tirso Vallecillos. Un mundo poético que reconocemos quienes hemos leído otros libros suyos. Un canto efusivo a la vida, a veces nostálgico, otras explosivo, pero siempre cargado de la luminosidad contagiosa de quien mira a su alrededor intentado iluminar con las palabras aquellos ángulos que según el principio de incertidumbre de Heisemberg no llegamos a conocer plenamente en compensación de los que sí parece que conocemos. Nos dicen algunos de sus versos: Es la iluminación de la alegría/ con el silencio que no tiene tiempo,/ donde la piedra danza con su sombra/ la liturgia abisal del cuerpo en la hora/ de la supremacía de un destello. A pesar de que estos poemas no tuvieron una génesis común, al leer nosotros este poemario tal como nos llega, no dudamos de su naturaleza única. Sabemos que sus páginas se han ido escribiendo en diferentes momentos, porque así nos lo dice el prólogo de Pablo Malmierca, pero si hacéis como yo y lo leéis después de adentraros en los versos de Vallecillos, sentiréis la unidad interna que da forma a este libro.
Me volví civilizado a base de preguntas afirma el autor en un verso que bien podría servir como resumen de toda la obra. Una afirmación que como declaración nos ayuda a entender todas esas dudas, todos esos desvelos y esas renuncias a las que cada uno de nosotros tiene que enfrentarse en la vida. Dudas que al formularse como preguntas para tener que encontrar una respuesta nos ayudan a encontrar nuestro lugar en el mundo, intentar comprenderlo y a partir de ahí vivir con algo parecido a la tranquilidad de la certidumbre, aunque como bien sabemos y nos dice también Vallecillos en su obra, esa seguridad puede durar segundos cuando todo se tambalea constantemente a nuestro alrededor, Y no hay manera de salvar la vida/ y el placer, la lujuria, el ruin amparo/ de la desilusión/ y la velocidad de la inocencia/el resplandor de lo que fue prodigio. Así nos lo transmiten estos versos, haciendo que nos detengamos en el resplandor de la belleza de la vida, en el resplandor de lo que fue prodigo. Se trata pues de una obra luminosa, cargada de las incertidumbres y las sombras que sirven para que aquellas partes expuestas a la luz sean aún más brillantes. Ahí está la fuerza de estos versos.
Principio de incertidumbre de Heisenberg (Aira Espazioa, 2025) | Tirso Priscilo Vallecillos | 116 pág | 13€
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