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La literatura nos salva

JUAN CARLOS SIERRA | A quienes nos han educado en los ritos católicos, instintivamente nos tienta cerrar el título del último libro de Héctor Abad Faciolince (Medellín, Colombia, 1958)  Ahora y en la hora con su correspondiente ‘de nuestra muerte. Amén’, es decir, con el final del ‘Ave María’, esa oración que bendice el fruto del vientre de María y “ruega por nosotros, pecadores,/ ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”. Parecería, pues, que el libro que nos convoca hoy se encuentra en el horizonte católico de la prédica y la idolatría cruzadas por la presencia irremediable de la muerte. Y sí, la muerte es uno de los temas centrales de la obra de Faciolince –quizá no solo de esta-, pero ni es el único ni está abordado desde perspectiva religiosa alguna.

Así que, antes de nada, deberíamos abordar este asunto, saber qué nos traemos entre manos, qué es este libro con un título a priori tan evidente, pero realmente tan engañoso. A este respecto, creo que tenemos en nuestras manos muchos libros en uno que aborda(n) fundamentalmente la necesidad del autor colombiano de exorcizar, de comprender, de explicarse a sí mismo y explicarle al lector un suceso terrible, una muerte violenta. En este caso el punto de partida y de llegada, esa muerte, constituye la columna vertebral del libro. Empecemos por aquí.

A pesar de las reticencias de la familia más cercana de Faciolince, estese desplaza en los últimos días de junio de 2023 a Kiev, capital de Ucrania, país este que, como todo el mundo sabe, se defiende como puede de la invasión de la Rusia de Vladímir Putin. Allí el escritor colombiano tiene programado asistir a una serie de actos literarios, esencialmente a la promoción de la traducción al ucraniano de su libro más popular El olvido que seremos, y apoyar de paso, aprovechando que el Dnieper pasa por Kiev, la iniciativa  “¡Aguanta, Ucrania!”, liderada por el excomisionado para la Paz en Colombia Sergio Jaramillo. Pero la cosa se va a complicar un poco, porque en el grupo del que forma parte Faciolince surge la idea de acercarse a la zona de conflicto, al Donbás, en concreto a Kramatorsk. A pesar otra vez de las reticencias de la familia y de lo que el mismo autor ya bien avanzado el libro analizará crudamente como su cobardía -yo creo, no obstante, que de forma injusta-, Faciolince se apuntará a la expedición junto al ya mencionado Jaramillo, a la periodista de guerra colombiana Catalina Gómez, a la escritora ucraniana Victoria Amélina y al fixer Dima Kovalchuk -entiéndase fixer como persona que para los periodistas en zonas de conflicto trabaja como guía, traductor y enlace local-. La mala o buena suerte, el azar, la casualidad -la providencia o el destino para quienes creen en potencias suprahumanas redactoras de las vidas humanas- intervendrán decisivamente para que este libro se pueda escribir porque es el resultado de que su autor saliera ileso -o casi- de un ataque terrorista ruso contra el restaurante ‘Rita Pizza’ de Kramatorsk, donde la tarde del 27 de junio de 2023 un misil Iskander ruso de alta precisión estalló matando a 13 personas, entre ellas a Victoria Amélina, a la que instantes antes de la explosión Héctor Abad Faciolince había cedido su asiento por sus problemas auditivos; una muerte, por tanto, que andaba entre escritores y que en principio, si creyéramos en dioses y destinos, le debería de haber correspondido al colombiano.

[Nota aclaratoria: califico como terrorista este ataque ruso porque en él, como está ocurriendo ahora mismo en Gaza, se utilizan tácticas de esta naturaleza: tras el primer misil, que sirve como cebo para que acudan al lugar periodistas, sanitarios, bomberos, policía,… se lanza un segundo proyectil para que la devastación y la muerte resulten aún más crueles, para sembrar el terror y -¡ojo!- para que los periodistas se anden con mucho cuidado y se lo piensen dos veces a la hora de ir a los lugares de conflicto a hacer su trabajo. Por fortuna para Ahora y en la hora, en Kramatorsk el cálculo ruso erró y el segundo impacto se produjo a varios kilómetros de distancia. Fin de la nota aclaratoria]

Que la muerte te ronde de esa manera, que te haya enseñado el filo de su guadaña tan de cerca, que te haya salvado de su tajo tu sordera o la decisión absolutamente azarosa de ir unos minutos antes de la explosión al servicio, al lado de las cocinas, exactamente donde cayó el grueso de los seiscientos kilos de explosivos del misil Iskander,… todo esto podría haber sido material más que suficiente para montar un libro solvente, una narración más que potente. Pero, como ya he anticipado, Ahora y en la hora va más allá de lo estrictamente relatado, es más que un solo libro.

De hecho, se trata de un texto  transgénero, porque es novela al tiempo que ensayo histórico y geopolítico, tiene su inevitable carga de autobiografía, se podría acercar también a la autoficción, se le notan trazas de ensayo metaliterario y, aunque sea de forma más o menos testimonial, marginal, aparece la poesía con una fuerza y una determinación apabullantes, pues entiende Faciolince que es este el género más adecuado para explicar lo importante, lo más determinante y profundo del ser humano; y probablemente no existen vivencias más profundas que las excesivas, las que te ponen en un brete existencial como, por ejemplo, que seas testigo directo del horror que es capaz de provocar un misil Iskander en una pizzería de Kramatorsk y, sobre todo, que te salves de una muerte que tenía tu nombre. Esa preeminencia de la poesía sobre todos los demás géneros aparece de cuando en cuando en boca del autor en este artefacto literario híbrido que es Ahora y en la hora y hecha versos en la escritura de la propia Victoria Amélina (páginas 90 y 91) y en el conmovedor poema Ria Pizza, Kramatorsk, 19;32 (páginas 160-164) de Anastasia Taylor-Lind, dedicado precisamente a la muerte de Victoria Amélina. Quizá en unos cuantos versos esta poeta y fotoperiodista anglo-sueca ha sido capaz de condensar emocionalmente lo que el escritor colombiano ha intentado explicar a lo largo de las 224 páginas de Ahora y en la hora.

En cualquier caso, aunque Héctor Abad Faciolince aborde este libro desde perspectivas constructivas tan diversas, lo importante es el fin, el propósito, que se convierte a su vez en principio y  origen. El colombiano le da más de una vuelta al porqué de este libro, a la motivación para ponerse a escribirlo, incluso lo hace con el texto en marcha, interrumpiendo la ficción cronológica o argumental del mismo. En la página 178 dice algo así como que es una manera de comprender lo que ha pasado, principalmente lo vivido después del ataque terrorista ruso, ese estrés postraumático que se queda alojado en las entrañas de quien ha sobrevivido a una muerte que debería haberse apropiado él -”No entiendo, pero quiero entender. Tal vez si lo escribo, lo pueda entender”-.

En otro momento del libro leemos lo siguiente: “La vida una y otra vez me ha zarandeado, me ha azotado, salvado, atropellado, derribado y destruido. ¿Qué hacer con una vida cuando esta es excesiva, cuando le sobran muerte y tristeza, aunque también (y en dosis parecidas) vida y alegría? Si pudiera al menos concentrarme en lo bueno, en la alegría, pero no me siento capaz” (página 187). Lo que sabe hacer Faciolince, lo único que parece salvarlo del horror, de esa vida suya tan excesiva, es escribir, como, por cierto ya hizo con su superávit de muerte y tristeza en su libro más conocido, el que lo llevó a Kiev, El olvido que seremos. De hecho las referencias metaliterarias a este libro son llamativas en Ahora y en la hora. A lo mejor Faciolince no ha hecho más que escribir otra vez el mismo libro, ese que intenta narrar y comprender a través de la literatura los rincones oscuros, incomprensibles, inasibles de la realidad.

A pesar de este protagonismo del yo que escribe,  como ya sabemos que en este libro, desde el mismo título, las cosas no son siempre lo que parecen, Faciolince desvía la mirada hacia quien él considera realmente importante en el relato, Victoria Amélina, la escritora ucraniana muerta: “…aunque esto me sane de mi miedo y mi trauma, no es eso lo que importa ni esa es mi intención con este escrito. (…) Es un homenaje a Victoria y a todos aquellos que han perdido la vida defendiendo su derecho a ser libres y a ser ellos mismos”  (página 207). Esa es, en palabras del colombiano, la motivación esencial de Ahora y en la hora, aunque pudiera parecer lo contrario.

Así pues, asistimos al espectáculo de la literatura que salva del olvido a los muertos, del abismo a quien la escribe y, trascendiendo lo anecdótico personal, también al lector. Me explico. La experiencia lectora de un libro como Ahora y en la hora coloca a quien le preste atención ante una verdad que se suele soslayar por intereses superiores. Me refiero a la verdad de la guerra, al terror, a los miembros amputados esparcidos por el suelo, a la metralla incrustada en el cerebro, a la viscosidad de la sangre entre los escombros o sobre la ropa hecha jirones, al silencio aterrador tras el estruendo de la explosión,… en definitiva, a la verdad del mal y del horror en estado puro. Esto no se cuenta más que en algunas narraciones honestas, a corazón abierto, como Ahora y en la hora, un libro necesario para combatir la narratividad falsa, hipócrita, pretendidamente heróica de la guerra, la que por falta de lecturas quizá, de este tipo de lecturas, hace que muchos se engolosinen con la vida militar y sean capaces de decir y hacer auténticas barbaridades. La maldad existe y en el caso que nos ocupa en este libro se llama Vladimir Putin. como en otras ocasiones no hace mucho en la misma Europa donde se desarrollan los hechos se llamó Hitler, Stalin, Mussolini o Franco.

Ahora y en la hora (Alfaguara, 2025) | Héctor Abad Faciolince | 224 páginas | 19.90 euros

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