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La necesidad de ser tomado en serio

JOSÉ PÉREZ OLIVARES | Febrero y marzo han sido meses importantes para la literatura cubana: en febrero apareció una edición comentada de la novela Memorias del subdesarrollo, de Edmundo Desnoes (Cátedra, Letras Hispánicas, 2025). En marzo, una compilación de los comentarios sobre artes plásticas del mismo autor titulada Mirando y dejando. Escritos sobre pintura en Cuba (1960-2010),(Renacimiento, Los Cuatro Vientos, 2025). La edición de ambos libros pertenece al escritor y periodista cultural gaditano Alejandro Luque (Cádiz, 1974), quien por espacio de tres años ha venido trabajando en un proyecto que incluye -además de las publicaciones citadas- una futura biografía del narrador cubano fallecido en 2023.  

El volumen de la editorial Renacimiento recoge una abundante y notable variedad de sus textos críticos en un arco que se extiende a cinco décadas. Hallamos artículos, ensayos y reportajes que conforman una mirada totalizadora en un período histórico donde tienen lugar acontecimientos de gran trascendencia para Cuba y el mundo. Nos referimos a 23 textos aparecidos principalmente en publicaciones de Casa de las Américas, Ediciones Revolución, Lunes de Revolución, La Gaceta de Cuba, Revista Cuba, Revista Bohemia y La Jiribilla.

La característica fundamental de estos trabajos radica en la precisión mostrada por Desnoes para abordar con profundidad los temas tratados y la manera en que se vale del instrumental teórico en la defensa de principios que jamás pierden su validez, tanto en lo que concierne a la libertad de creación artística como su reflejo en los temas de la vida nacional. Nos referimos a una época de fuertes contrastes en las controversias que tenían lugar. «Uno de los espacios de debate en los que Desnoes va a verse involucrado -escribe Luque- es el de la oposición entre expresionismo abstracto y realismo socialista. Una polémica que ya venía arrastrándose desde los tiempos de Batista, y que estallaría finalmente en el Salón Anual de Pintura, Escultura y Grabado de La Habana de 1959, año I de la Revolución. Junto a otros críticos, Desnoes defendió la existencia de un contenido social de la abstracción, aunque no fuera la vía artística idónea para comunicar al nuevo orden con el pueblo mayoritariamente inculto. Sin embargo, la pintura no figurativa tenía sus días contados. La exposición Expresionismo abstracto, celebrada en la Galería Habana en 1963, levantará el acta de defunción de esta corriente durante décadas. El encargado de escribir el texto del catálogo es Desnoes, quien en vano trata de defenderla como invitación a descubrir la realidad y vehículo para comprender el arte en su conjunto».

Para valorar el trabajo realizado por Edmundo Desnoes como crítico de artes plásticas, hay que buscar primero el eje sobre el cual giró. Y es fácil percibirlo ya en su primer comentario, donde se refiere a la «mirada bifocal» de la pintura cubana. «Sus imágenes -dice- deben satisfacer una doble necesidad: humanizar nuestra realidad y al mismo tiempo hablar un idioma plástico contemporáneo, imponer nuestro punto de vista en el mundo visual de hoy». Son palabras escritas en 1961, un año particularmente complejo para los cubanos de la Isla.

¿Qué quiere decir Desnoes, y qué le pide a las artes plásticas nacionales? Mirada bifocal, mirada doble: por un lado, la humanización de la realidad, es decir, la mirada puesta en los problemas del ser humano. Pero concebida con un lenguaje contemporáneo. De modo que parte de un principio seguido por los mejores representantes de la pintura cubana hasta ese momento. Él ya había hallado esa doble mirada en la obra de Wifredo Lam. Y La Jungla, representaba la armonía perfecta de esa doble necesidad. «En La Jungla -escribe Desnoes- Lam sintetiza su regreso a Cuba. Es un cuadro tenso como toda visión que nos deslumbra: allí se funden todos los elementos de nuestra vida». Según Desnoes, este regreso de Lam a Cuba significaba que el pintor había descubierto su propia naturaleza imponiendo «su mundo antillano a la sensibilidad de París, Londres o Nueva York».

Al ejercer de crítico, Desnoes no se enquista en un solo tipo de modelo y busca el reflejo de esas mismas esencias en otros, como Mariano, Portocarrero, Raúl Milián, y demás artistas que habían alcanzado una forma personal de expresión, algunos bastante jóvenes por entonces, como Raúl Martínez (1927-1995) y Antonia Eiriz (1929-1995). De todos los valiosos comentarios que puedo citar, prefiero detenerme en dos sobre la inolvidable pintora cubana, ambos de enorme valor historiográfico por todo lo que en ellos dice de la obra de la artista: «Antonia mató a Leonardo» y «La desobediencia de Antonia».

«Cuando nace un volcán -apunta Desnoes-, todo el paisaje cambia. Y eso es la exposición de Antonia Eiriz en la Galería de La Habana. Ya el primer cuadro estalla como una bomba sobre La Anunciación de Leonardo da Vinci. Todo ha cambiado. En La Anunciación de Eiriz la virgen -una gorda de cincuenta años- no borda sino cose a máquina. La sorpresa, lejos de producirle un arrobamiento místico, le provoca un grito de horror. El ángel de alas luminosas se ha convertido en una calavera». Según aprecia Desnoes, «Antonia ha derrumbado en sus óleos la fachada de nuestras casas, penetrando en nuestras habitaciones para sorprendernos allí de la máscara que utilizamos para engañar a los demás, (Y lo más terrible: ¡a nosotros mismos!) La hipocresía, la sonrisa fingida, el cráneo que todos llevamos bajo la piel nos salen al paso en Las pirañas, Ante la mesa, Ni muertos y Los visitantes». Y continúa la reflexión: «En Mis compañeras, Antonia nos demuestra que puede burlarse de la apariencia grotescade unas amigas y al mismo tiempo amarlas profundamente».

Observemos la manera en que el crítico matiza el vínculo entre el contenido de la pieza y su tratamiento: no hace una lectura directa sino oblicua, demostrando que muchos pueden ser los posibles significados de una obra de arte. Al referirse al carácter que asume la proyección artística de la pintora, va directamente al grano: «Es creadora la rebeldía, el descontento y el amor a la vida de Antonia Eiriz». Justamente «Por amor a la vida se revela contra la hipocresía y los sentimientos nobles que fingimos a veces para engañar al prójimo». En medio de aquellas viejas y aburridas polémicas que tanto entretuvieron a la crítica con el sonsonete del arte para y el arte por; y con las de si era el pueblo quien debía subir al arte o el arte bajar al pueblo, Desnoes opta por defender la actitud de una artista cuya mirada sobre la realidad estaba muy lejos de resultar complaciente.

Su segundo comentario sobre la pintora va aún más lejos: «La nueva erupción del volcán -dice refiriéndose a su nueva exposición- ha sido más violenta: palos, palanganas, sillas desfondadas, telas chamuscadas, exvotos, escobas, micrófonos, hornos, latones de basura… Todos estos desechos se organizan y nos lanzan a la cara las contradicciones y miserias del atraso en que hemos vivido durante años». Destaca el modo inteligente de seguir las intenciones de la artista que lo lleva a la siguiente conclusión: «Esta exposición desnuda los aspectos negativos de nuestra realidad. Si no estamos dispuestos a vernos desenmascarados, los ensamblajes de Antonia nos llenarán de perplejidad e indignación». Es una advertencia clara: o asumimos de forma madura y reflexiva nuestros defectos e imperfecciones reflejados aquí, o nos enquistamos en ellos prohibiendo, además, la exhibición de la obra. ¿No es esto último lo que saben hacer los funcionarios cuando un cuadro los aterroriza?

En el último comentario crítico publicado en Miami en 2005,«Las dos caras de la luna», dedicado al análisis de la obra de la artista Tania Brugueras, hay un párrafo que me interesa citar por su extrema agudeza: «Algo puede decirse del arte en una sociedad socialista. El gobierno lo toma en serio; la dirigencia recibe a las metáforas de la pintura y la literatura como un desafío y una amenaza. Es todo lo contrario a lo que sucede en una sociedad abierta, donde los artistas son bufones de la corte que entretienen a los ciudadanos con comentarios burlones generalmente ignorados. Uno protesta, se desahoga, pero aún así todo continúa igual. En el socialismo, uno siempre corre peligro de ser reprimido, denunciado. Y uno se siente importante porque el régimen lo toma en serio. La libertad constituye el aire que respira el artista, pero también es importante ser tomado en serio».

Concluyo mi comentario agradeciendo al amigo Alejandro Luque la edición de estos libros que no vacilo en calificar de necesarios porque, al permitirnos reconstruir el rostro de una época, nos estimulan en la búsqueda de ese bien común que es gozar de libertad creadora y ser, a la vez, tomado en serio.

José Pérez Olivares, poeta y pintor cubano, es hoy la firma invitada en Estado Crítico.

Mirando y dejando (Renacimiento, 2025) | Edmundo Desnoes | 280 páginas | 19,90 euros

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