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La poeta en Nueva York

JUAN CARLOS SIERRA | Cuando en un libro aparece la palabra Nueva York o algo relacionado con la capital oficiosa de los Estados Unidos, suelo acordarme inmediatamente de Federico García Lorca y de José Hierro, es decir, de Poeta en Nueva York y de Cuaderno de Nueva York. También me vienen a la memoria, pero algo más tarde, Carmen Martín Gaite con su Caperucita en Manhattan y otros autores de raigambre ibérica como Eduardo Lago, Luis García Montero, Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo,…; por supuesto, Paul Auster figuraría en un lugar preferente en esta lista literaria neoyorquina mía tan particular. Pero aquí vamos a hablar de poesía sensu stricto y de cierta tradición literaria en español, porque el libro que nos ocupa es un poemario cuyo título, Hambre en Manhattan, me ha llevado a todos estos autores por su evidente vinculación con Nueva York a través de su barrio más icónico y porque la autora, Alba Frías Luna, a pesar de su apellido artístico, Moon, es cordobesa y escribe en español, aunque este su primer poemario esté salpicado de anglicismos, unas veces necesarios y otras no tanto.

            De entre todas las referencias que he señalado, quizá la más potente, aunque no sé si las más consciente para la autora, sea la lorquiana. No creo que obedezca a la casualidad, en este sentido, que Alba Moon para titular una sección de su libro utilice ‘tuneado’ -‘asesinada por el cielo’- un verso esencial del poema ‘Vuelta de paseo’ de Poeta en Nueva York. Tampoco creo que sea una mera coincidencia azarosa que la poeta cordobesa actualice en sus versos del siglo XXI la alienación que Lorca sintió y explicó en su poemario allá por los años del ‘Crac del 29’ del siglo pasado. Ha transcurrido casi un siglo entre los versos lorquianos y los ‘mooneanos’, pero la insoportable sensación de enajenación a la que somete el capitalismo imperialista a sus ‘súbditos’ no varía demasiado entre el granadino y la cordobesa; probablemente solo cambie en el caso de Alba Moon en el hecho de que parece que la explotación tiene ahora más que ver con un consumismo salvaje aliado de y fomentado por el neoliberalismo económico e ideológico que contribuye al desnorte del desclasamiento: “…nunca se sabe si alguien con buen ojo/ es capaz de notar que el chanel bajo tu brazo/ es solo una réplica” (página 24), por ejemplo.

            Siguiendo esta pista, es decir, la del capital -la del dinero, como diría Pepe Carvalho-,  podemos señalar que otra de las claves de Hambre en Manhattan, ligada a esta enajenación alienada provocada por el capitalismo salvaje neoyorquino -pero mundial-, sería la precarización, que se alía necesariamente con el desclasamiento antes mencionado. Se trata de un ingrediente que podríamos considerar transgeneracional, pero que afecta de forma muy evidente y dolorosa a la generación a la que pertenece la autora cordobesa, la de los nacidos en la década de los noventa del siglo pasado. No sé si atribuirlo a influencias mutuas o simplemente a algo que se encuentra en el ambiente, pero resulta interesante comprobar las coincidencias en este aspecto entre Alba Moon y muchos de sus compañeros de versos como Rosa Berbel, Carlos Catena Cózar, Begoña M. Rueda,… Y qué curioso, todos los mencionados aquí son de origen andaluz -y algunos de los incluidos en los puntos suspensivos también-.

            Entre estos últimos se halla otro posible referente para Alba Moon y su primer poemario, el también cordobés Félix Moyano; más concretamente, su poema ‘Fasten seat belt’, de su libro de 2019 Los amores autómatas. En él, desde un lugar inferior en el ámbito de los prestigios sociales, en concreto desde los asientos de un autobús algo destartalado que recorre carreteras secundarias, se cuenta una historia de amor en paralelo y quizá en contraste con la narración también amorosa pero de altos vuelos que narra Luis García Montero en el poema ‘Life vest under your seat’, de Habitaciones separadas (1994), un poema al que no le falta su aeropuerto, su avión, su azafata dando instrucciones y, por supuesto, su muchacha triste que observa las delicadas torres de Manhattan “y Nueva York al fondo todavía…” -más o menos-. Ese tratamiento de la realidad desde abajo, desde lo socialmente no tan reputado, desde la humildad y la marginalidad de la precarización, se convierte en una estrategia compositiva muy rica, muy productiva y muy interesante que Alba Moon sabe explotar a lo largo de su libro de debut.

            Todo es falso, todo es apariencia, todo es ficción, casi ciencia ficción alrededor de La Gran Manzana, de la ciudad que nunca duerme, alrededor de todos esos lugares comunes que a lo largo del tiempo han ayudado a la mitificación de Nueva York. A su manera, el libro que nos ocupa trata de desmontarlos. Porque todo es en realidad muy duro y muy jodido en una ciudad como Nueva York, una metrópolis esencialmente hostil para la gente normal y corriente. La poeta no posa de poeta, de espíritu elegido por los dioses, de profeta, de ser privilegiado, sino que va de lo que vamos todos, de lo que somos todos o, al menos, la inmensa mayoría de los ocho millones que jamás entrarán dentro de los seiscientos elegidos que “…pueden subir las escaleras del met/ cada primer lunes de mayo…” (página 20); ni siquiera será mencionada en las reseñas literarias del New York Times que “…prometen el futuro a los jóvenes bestsellers de buena familia./ en ellas hablan de su compromiso social y protesta/ proclamándolos la próxima voz de su generación,/ sabiendo que la mayor parte de su generación/ jamás podrá pagar una habitación/ en la zona donde viven.” (página 21). Y volvemos así al inicio de la precarización, es decir, al principio de realidad que recorre el conjunto de Hambre en Manhattan.

            Y es que “…dólar y dolor se parecen tanto al decirlas” (página 62).

Hambre en Manhattan (Hiperión, 2025) | Alba Moon | XXV Premio “Valencia Nova” de Poesía en Castellano | 76 páginas | 12,95 euros

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