
EDUARDO CRUZ ACILLONA | Si usted, amable lector/a, tiene previsto visitar a corto o medio plazo la ciudad de Sevilla, le recomiendo que antes aplique la teoría del círculo (válida también para cualquier otra ciudad turística de nuestro país). Dicha teoría consiste en colocar en un mapa la punta de un compás en el centro geográfico de la ciudad y trazar un círculo de, a escala, dos kilómetros de radio. Todo lo que quede dentro de esa área, descártelo directamente de su plan de viaje. Disfrútelo en las guías turisticas o en videos de YouTube. Porque allí sólo se encontrará con muestras del catálogo completo de maletas Samsonite, una amplia variedad de despedidas de soltero/a, hordas de gentes hablando cualquier idioma diferente al castellano, gitanas vendiendo ramajos arrancados de arbustos que ellas dan por llamar romero, guiris (británicos, mayormente), orinando en las esquinas de los edificios históricos más emblemáticos, establecimientos que puede encontrar en cualquier otra ciudad (y que son franquicias de todos conocidas), etc… Si realmente quiere conocer Sevilla y sus gentes, salga de ese prostituido círculo y visite el extrarradio, donde reside la esencia de la ciudad, visite sus barrios. Desde El Cerro hasta Los Carteros… Desde Ciudad Jardín hasta San Jerónimo… Y el barrio por excelencia: Pino Montano, donde se mantiene impoluto el respeto por lo tradicional, donde al vecino se le llama por su nombre, donde un chat es sacar las sillas a la calle cuando empieza a refrescar y ponerse a charlar de lo divino y de lo humano con los compadres, donde faltas un día al bar de costumbre y al siguiente te preguntan si estabas malo…
Pino Montano ha dado un catálogo de magníficos escritores como Pepe Lobo (Yonkis y gitanos, Libros del KO, 2014), Zatu Rey, de SFDK (9 semanas en el paraíso, editorial Samarcanda, 2022), Carlos Vaquerizo (Fiera venganza del tiempo, premio Adonais, 2006), Juan Antonio Molina (con varias obras publicadas en Ediciones en Huida) y quien hoy nos ocupa, Martín Luna, también conocido como Martín Lucía, editor, poeta y novelista.
La puerta de al lado, su segunda novela, es, ante todo, un homenaje a su barrio, a su infancia, a su adolescencia, a su juventud. Un homenaje que se sustenta en un protagonista, narrador de la historia, que quiere rememorar sus caminatas hasta Sevilla (nótese la diferenciación entre el barrio y esa “Sevilla” que constituye el interior del círculo del que les he advertido) con el objetivo de reencontrarse con quien fue el amor de su vida.
El recorrido que realiza a lo largo de la novela es real. Las calles, los edificios, los establecimientos, siguen existiendo. Los vecinos con los que se cruza el protagonista son de carne y hueso y usted mismo se los puede encontrar si decide realizar la ruta propuesta o visitar algunos de los lugares que se mencionan.
Y es una ruta que va, como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta la edad del joven protagonista, de bar en bar. Bares reales con sus parroquianos de toda la vida, con sus especialidades en barra y con su idiosincrasia tan particular como auténtica.
Se trata de una novela donde la verdad asoma y brilla, donde la búsqueda de la amada se convierte en un contagioso camino de introspección personal sincero y arrollador, un catálogo de recuerdos que van desde lo emotivo hasta lo hilarante, desde lo más íntimo hasta lo colectivo. Y todo ello revestido con un lenguaje cercano, coloquial, subrayando y homenajeando de alguna manera el habla del barrio, el de la barra de bar, el de andar por casa y por la calle. A lo que hay que añadir una particularidad que enriquece el texto y le dota de un toque de humor añadido: las frases tachadas. Un recurso literario que hace como si el escritor le afeara al narrador algunas ideas que suenan muy bien en la cabeza, que son los pensamientos reales, pero que, puestos negro sobre blanco, pueden rozar lo ofensivo, lo políticamente incorrecto y que, para el lector, son pura delicia.
Así mismo, no podemos dejar de señalar un lenguaje que, en ocasiones, hace asomar al poeta que, al fin y al cabo, es Martín Luna. Fragmentos de una sensibilidad a prueba de corazones hablando del barrio, del amor, de las amistades que se forjan en la infancia y se llevan consigo toda la vida. No falta, en este apartado, ni un sentido elogio a la cerveza. Unos párrafos que o bien le sirvieron al autor de inspiración o directamente fueron extraídos del Pregón y Exaltación a la Cerveza (sí, esto existe en Sevilla gracias a Gambrinus, Dios de la Cebada) que el año pasado leyó, con gran éxito de crítica y público, asomado al balcón del primer piso de la taberna EME.
La puerta de al lado es una invitación a recuperar la vida auténtica, la amistad verdadera, las raíces y el día a día basado en el tú a tú. Toda una filosofía que yo resumiría con la leyenda que leí en el cartel de un bar ubicado justo enfrente de la estación de Santa Justa, según sales, a la derecha: “Bar Hermanos Gómez. Especialidad en simpatía”.
Y, ahora sí, hagan las maletas. Los barrios les esperan con sus calles abiertas de par en par.
La puerta de al lado (Ediciones en Huida, 2025) | Martín Luna | 164 págs. | 20€