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Las bicicletas son para el carril bici

EDUARDO CRUZ ACILLONA | Desde la publicación de su primera novela, Nosocomio (2013), Tania Padilla ya apuntaba maneras más que suficientes (y lo hemos contado en esta revista en reseñas anteriores) para convertirse en una miembro más de ese selecto grupo de autores y autoras a tener muy en cuenta en cualquier lista que se precie más allá de los conductos oficiales, autores y autoras que no comparten mesa y mantel con juandelvales (que ya les vale) y que son dados a conocer por editoriales valientes e independientes (valga la redundancia y la rima interna) como Sr. Scott, que es la que nos ocupa hoy.

La posibilidad de un verano tiene como protagonista a Bárbara, una niña de trece años que decide pasar el verano con su abuelo, quien disfruta sus temporadas estivales en una residencia de mayores regentada por monjas. Este insólito escenario para una menor le permite a la autora situar a su protagonista frente a una serie de experiencias que van a mostrar su tránsito de niña a mujer con una madurez, quizás, impropia aún para su temprana edad. Sin embargo, la forma de narrar, la manera en la que se van sucediendo las diferentes escenas que pueden concurrir en un espacio tan peculiar como concreto, hacen que veamos la evolución de la niña con absoluta normalidad, con cariño y con una buena cantidad de empatía hacia ella. Es uno de los mayores logros de la autora en esta novela.

Tania Padilla ha creado un personaje potente, original, con voz propia y personalidad definida. Alternando la voz de la narradora con la de la protagonista a través de sus diarios, vemos crecer a Bárbara, enfrentándose a un mundo que no tiene nada que ver con la playa y los helados de toda la vida. Es posar para su abuelo, escultor, mientras éste comprueba que la niña que quiere retratar se difumina para dar paso a una mujer. Es entrar por primera vez a un hospital y sentir de cerca el dolor ajeno, la angustia de los familiares desconocidos, la cara B de la vida que los adultos ocultan a sus menores para evitarles un gratuito sufrimiento. Es rechazar placeres infantiles y sustituirlos por otros con la complicidad y connivencia de su abuelo, que en vez de darle caramelos le regala libertad para vivir nuevas experiencias.

La Bárbara del arranque de la novela poco tiene que ver con la de las últimas páginas. Es otra persona, hecha a sí misma por voluntad propia y por los diferentes avatares a los que, involuntariamente, tiene que ir haciendo frente. Qué será de esta niña dentro de treinta años, nadie lo sabemos. Quizás, tampoco la autora. Pero no estaría de más que se pusiera con ello. Bárbara ha venido para quedarse en nuestros corazones y queremos acompañarla, aunque sea como meros espectadores, en el transcurso de su vida.

Si usted es de los que piensan que las bicicletas son la compañía perfecta para pintar de azul el verano, quizás esta novela no sea prioritaria en su lista de lecturas pendientes. En cambio, si opina que con una buena historia se viaja más cómodo y más lejos que a lomos de una bicicleta, da igual en qué estación del año nos encontremos, La posibilidad de un verano le hará disfrutar durante mucho tiempo. Que el carril bici lo haya diseñado Tania Padilla ya es toda una garantía.

La posibilidad de un verano (Sr. Scott, 2025) | Tania Padilla | 184 páginas | 17,90 euros

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